Polideportivo

Víctor Tarquino, el copiloto que vive para contarlo

Tarquino corrió con varios pilotos del país. Los accidentes eran ‘moneda corriente’. Vivió en carne propia el riesgo de las carreteras.

Víctor tarquino, un copiloto de automovilismo, que cuenta sus viviencias. Foto: Alejandra Rocabado.

Víctor tarquino, un copiloto de automovilismo, que cuenta sus viviencias. Foto: Alejandra Rocabado.

La Razón Digital / Jaime Ayllón / La Paz

10:46 / 12 de julio de 2017

Víctor Tarquino era copiloto —hoy llamado navegante—. En el automovilismo, los pilotos suelen acaparar la popularidad y sus acompañantes pasan supuestamente a tener un papel secundario; sin embargo, la realidad es diferente.

El copiloto de antes, entre otras cosas, era también el mecánico. Si el coche fallaba, ahí entraban sus conocimientos. Pero más allá de eso, debía tener “nervios de acero” para, a gran velocidad, depender del manejo de otro.

Tarquino fue uno de los más requeridos por su sapiencia, entrega y trabajo. Por eso tuvo una trayectoria de 35 años en la que fue el segundo hombre de los habitáculos con varios pilotos destacados de nuestro medio.

Y sufrió mucho. Cuenta que volcó unas 20 veces y que el peor de todos sus accidentes fue en una Vuelta a La Paz, donde el coche conducido por Alí Eid Alí cayó unos 250 metros, aunque ambos salvaron milagrosamente la vida.

“Me inicié con Rolando Bass Werner, primero acompañando como auxilio hasta que un día me propuso ser su copiloto, me subí al auto, me apasioné sin calcular los riesgos, acepté correr en 1985 y hasta 2013 no descansé. El año que me inicié tuve la suerte de ser campeón, eso me motivó. Ahí aprendí con él mecánica y empecé a preparar motores, lo que me llevó a ser navegante y preparador... Hasta que mi familia me tuvo que parar y por última vez participé con Hernán Paredes”.

Tarquino junto al piloto Alí Eid Alí. Foto: Víctor tarquino

Vivió en carne propia el riesgo de las carreras. Aún así, no se cambiaba por nadie.“Cuando ingresas a un habitáculo te domina la adrenalina y no mides consecuencias. Durante todo el tiempo que corrí sufrí veinte vuelcos, pero el más grave fue en una Vuelta a La Paz, cuando salimos de Coroico hacia Caranavi punteros en nuestra categoría y en ese afán de mantener el liderazgo, con Alí Eid Alí le metimos con todo; apenas habíamos partido pinchamos una llanta, entonces le dije a Alí que fuéramos cuidando, porque solo quedaba una llanta de auxilio; pasando Choro se pinchó la otra”.

Ahí comenzó la experiencia más desagradable que tuvo:  “Después de cambiar la llanta partimos rápido, en eso me di cuenta de que el piloto estaba sin casco, Alí me pidió que se lo pasara y cuando se lo estaba colocando apretó el acelerador, nos vimos contra el cerro, trató de esquivar y salimos disparados hacia el vacío, rodamos unos 250 metros hasta que el coche fue a parar al río. Fue increíble”.

Tarquino todavía recuerda que él salió disparado del auto en plena caída y quedó atascado en un árbol, desde donde vio con desesperación que la máquina con Alí adentro daba vueltas. “Pensé lo peor, pero justo cayó en el lecho del río, Alí salió felizmente bien”.

A pesar de la gravedad del accidente, el copiloto “solo” se fracturó una costilla y el brazo derecho.

“También tuve vuelcos de campana en el circuito de Oruro con Miguel Cafferata, en Potosí, yendo a Copacabana, en una Integración del Oriente con Jorge Sánchez Peña.

“Creo que quería probar en mi vida que era muy macho, porque arriesgué bastante. Era un loco, no me gustaba estar sin correr, no tenía miedo. Es que solamente Dios sabe en qué momento partiremos”.

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