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El fútbol, el sueño de niños en un juego de mayores

En España, chicos de 8 años que quieren ser fut-bolistas ya tienen quién los repre-sente para futuros traspa-sos grandes. Es un negocio más.

Pequeños. A los ocho años, los niños que eligieron el Real Madrid para proyectarse trabajan a diario en las canchas del famoso club español.

Pequeños. A los ocho años, los niños que eligieron el Real Madrid para proyectarse trabajan a diario en las canchas del famoso club español.

La Razón (Edición Impresa) / José Precedo - El País

00:21 / 17 de julio de 2015

Según la web del Real Madrid, que lo fichó en 2013, P. “es un portento físico que desborda por la banda gracias a su velocidad y su visión de juego, y que en el uno contra uno siempre gana”. P. tiene 12 años y juega en los infantiles. En los torneos de niños televisados se le ha visto celebrar golazos impropios de su edad y atendiendo a la prensa con el discurso aprendido, al acabar sus partidos. En la residencia de Valdebebas, donde convive con 70 y tantas promesas del fútbol y baloncesto, P. presumía el pasado mayo, ante el pasmo de sus compañeros, de “tener la vida resuelta”. “De que solo con hacer así (un chasquido con los dedos) caerán los billetes”.

P. no necesita preparar su bolsa para ir a entrenar. Se la deja lista un utilero. Su equipo y todos los de las categorías inferiores del Madrid, cuentan con vestuario propio en la Ciudad Deportiva, donde los distintos campos se distribuyen en escalera como metáfora del esfuerzo y el sacrificio. Arriba de todo está la meta, donde entrena el primer equipo.

Casi ninguno llega. Ni al Real Madrid, ni a la élite del fútbol. Eso lo explican con estadísticas en la mano los psicólogos y educadores del Real Madrid a sus canteranos: en España hay 700.000 fichas de futbolistas y solo unos 400 alcanzan la Primera o Segunda División. Uno de cada 5.000. Pero esas charlas formativas pueden sonar a ciencia ficción a adolescentes patrocinados por multinacionales de ropa deportiva con página oficial de Facebook convertidos en héroes de sus colegios.

El caso de P. es corriente en las canteras de los grandes equipos. Da igual que sea Valdebebas o La Masía del Barça, sancionado sin poder fichar durante dos períodos de traspasos por traer niños extranjeros incumpliendo la normativa de la FIFA. Los gigantes de la Liga los miman desde prebenjamines (ocho años) mientras ojean a la competencia para robarle a los mejores. A los 11 o 12 años algunos ya tienen intermediario. Fichan cada año chicos que descartan al siguiente para hacer hueco a nuevos valores. La prensa deportiva celebra el aterrizaje de preadolescentes, a los que llama “cracks” o “killers del área”. Casi todos se acaban perdiendo en el camino a la élite y abundan los juguetes rotos.

El Barcelona es uno de los clubes que más invierte en las divisiones inferiores: unos 16.000 millones de dólares por año. No en vano cuenta con La Masía, para algunos la mejor cantera del mundo.

Un modesto club gana millones

Los clubes modestos de cantera sueñan con ser el Antiguoko, un club de San Sebastián con diez equipos y 93 socios que en los últimos años ha ingresado cantidades millonarias. Formar como futbolista a Xabi Alonso, le ha reportado unos dos millones de dólares. Y el club sigue facturando muchos años después de que el mediocentro pisara allí el césped la última vez. El Bayern Munich le pagó este año 30.000 dólares por ganar la Bundesliga.

La clave del Antiguoko está en los contratos que el club firmó en su día con la Real Sociedad, donde además de los derechos de formación que le competen por las normativas internacionales (el 5% del montante de los traspasos entre Ligas) se garantizó otro 10% adicional (con un tope de 650.000 dólares) sobre futuros traspasos a otros clubes.  Alonso viajó de la Real Sociedad al Liverpool y de éste al Real Madrid, de donde partió al Bayern. De todos esos fichajes se llevó un pellizco el Antiguoko, que ahora espera a que el equipo de Guardiola gane la Champions. Sería otro ingreso extra para la entidad donostiarra, con un presupuesto anual de 160.000 dólares, que no se ha metido en locuras. El orgullo del club es un local de 400 metros cuadrados con oficinas,  futbolín y videojuegos para que sus chavales vayan a echar la tarde.

La directiva trabaja estos días para construir otro campo de hierba artificial y seguir alumbrando figuras. De sus instalaciones han salido futbolistas como Iraola, Aduriz o De Pedro. El primero con el que de verdad hizo caja fue Arteta, hoy centrocampista del Arsenal, cuando abandonó el Barça para incorporarse al Glasgow Rangers escocés. Entonces, la propina para el Antiguoko fue de 1.000.000 de dólares.

¿Un niño necesita tener agente?

“No solo les mima el club, también los periodistas cuando hablan de perlas, de estrellas, del nuevo Messi. Se van generando expectativas que no son reales. Y la mayoría no llega. No sucede de repente, empiezan las cesiones a otros clubes, los descartes...”. Lo cuenta Ginés Carvajal, que lleva 35 años en el negocio y ha dirigido la carrera de leyendas como Raúl, Casillas, Morientes o Víctor Valdés. “Los hay con representante pero a los 11 años uno no puede saber si un niño va a ser futbolista. Puede hacer cosas diferentes con el balón, pero nada más. El problema es que cada vez hay que acudir a jugadores más jóvenes para encontrar a uno sin agente. Para mí sería muchísimo mejor esperar a que cumplan 18, acertaríamos mucho más. Pero el sistema está así montado. Yo digo a los padres que a los 12 años no se necesita representante y les dejo mi tarjeta para cuando lo precisen. Suelo trabajar con niños de 14 y 15 porque a los 16 ya pueden firmar contratos profesionales”.

Carvajal defiende que las familias se asesoren para poder moverse en un mundo complejo y lleno de intereses, donde firmar una ficha a los 16 años ata a un adolescente a un club durante cinco temporadas sin contraprestaciones.

El gremio de agentes suele invocar la historia de Raúl Baena, hoy jugador del Rayo Vallecano. Los padres de Baena firmaron un precontrato con el Barça en 2002 cuando tenía 13 años —hasta los 16 ningún menor puede firmar un contrato profesional— por diez temporadas. Cuando decidió marcharse al Espanyol, el Barcelona le reclamó la indemnización pactada: cuatro millones de euros. El caso llegó al Tribunal Supremo, que declaró nulo el contrato y la indemnización fue de solo 31.000 dólares.

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