Polideportivo

El inolvidable Londres-México

Está en la historia del automovilismo: William Bendeck, Dieter Hubner y Jorge Burgoa fueron los primeros pilotos bolivianos en correr un rally mundial, aquél de Londres (Inglaterra) a Ciudad de México, entre el 19 de abril y el 27 de mayo de 1970, casi 42 años atrás.

Históricos.  De izq. a der. Jorge Burgoa, Willy Bendek, Graham Hill (excampeón Mundial de F-1) y Dieter Huber, durante el acto final en México.

Históricos. De izq. a der. Jorge Burgoa, Willy Bendek, Graham Hill (excampeón Mundial de F-1) y Dieter Huber, durante el acto final en México. Foto: Jorge Burgoa

La Razón / Eugenio Aduviri / La Paz

01:33 / 02 de enero de 2012

El rally de moda, el Dakar, que por cuarta vez se desarrolla en Sudamérica, despierta el recuerdo de uno de los tres pilotos nacionales que hicieron aquella travesía, don Jorge Burgoa.

Recuerda que fue un rally de largo aliento, nada que ver con el Dakar, y que duró 32 días con un recorrido de 26 mil kilómetros. Partieron de Londres 116 máquinas.

Los tres bolivianos se turnaban para manejar un BMW. “Llegamos a la meta de México en el puesto 13 de los 23 autos que arribaron, el último fue el campeón argentino Gastón Perkins. Muchos latinos abandonaron”.

Fue un rally “muy duro, más que el Dakar, sin menospreciar, pero el nuestro fue diferente. Tuvimos que comprar el vehículo y demás cosas. Hubo poca ayuda del Gobierno y de la empresa privada, el resto del dinero, que era mucho, lo pusimos nosotros. Tuvimos mil lugares de alegría y mil lugares de penas y tristezas”.

Burgoa rememora que en el sur de Argentina, cerca a la Patagonia, se arruinó el embrague de la máquina, “gracias a Dios, Bendek, que fue un experto para la mecánica, se metió debajo del carro y lo reparó a medianoche. Daba pánico a esa hora y en ese desierto”.

Según Burgoa, los tres dejaron “muy bien sentado el nombre de Bolivia, con mucho sacrificio y abnegación. También hubo promesas incumplidas, porque cuando pasamos por la fábrica en Alemania de la BMW nos dijeron que si llegábamos a México cada uno tendría como obsequio un auto. Pero se olvidaron de la promesa”.

Los bolivianos arribaron a México un 27 de mayo, el Día de la Madre en el país. “Cuando nos preguntaron el deseo a cada uno de nosotros yo respondí: ‘Quisiera estar dando un beso a mi madre’”.

 Uno de los organizadores, el periódico Daily Mirror, famoso en Inglaterra, fue el que extendió la invitación en toda Sudamérica. El Automóvil Club Boliviano (ACB) hizo un llamado general a quienes querían ir. “Apenas nos animamos cuatro, Willy, Hubner, Burgoa y Óscar Crespo, pero a última hora Óscar dijo no porque se perdería un mes y medio corriendo”.

“Los tres rotábamos en las funciones que había que cumplir. ¿Te imaginas corriendo 40 días y sus noches? ¡Qué organismo puede aguantar eso!, pero se pudo”.

Burgoa cuenta que “nunca nos llevaron por caminos asfaltados, era todo de tierra y por lugares abandonados. La vez que nos largaron en Yugoslavia fue a medianoche,  era una pampa igual que el altiplano, no sabíamos dónde era el camino, a la derecha o a la izquierda. Ayudados por una brújula fuimos a caer a un buen lugar”.

Sólo en un lugar el equipo boliviano se perdió. “Entre Francia e Italia, se llamaba el prime de los cuatro caminos. Agarramos la ruta que no era y perdimos bastante tiempo, si no hubiera sido esa pérdida hubiéramos llegado más arriba en la clasificación”.

$us 150 mil   les costó la travesía

Inscripción

Solamente la inscripción de  participación tenía un costo de $us 20 mil. El presupuesto total alcanzó a $us 150. “El Gobierno nacional del gral. Ovando, la empresa privada, la Cámara de Industria y Comercio y algunos amigos nos ayudaron”. Cada piloto puso $us 30 mil de su bolsillo.

Se perdieron

Sólo una vez el equipo boliviano se perdió del camino. “Willy se volvió loco, pero recuperamos, aunque renegando. En algunos lugares corrimos entre 140 y 160 kilómetros por hora; la máxima velocidad fue de 170. Aspirábamos a llegar entre los cinco primeros, pero no se pudo”.

Una pelea

Bendek fue el piloto en la partida, Dieter Hubner el copiloto y Jorge Burgoa el navegante. Luego desde Alemania hicieron la rotación hasta llegar a la meta final en México. “Al comienzo peleábamos por manejar el coche, al último ya nadie quería. Era estar en el volante 12 horas”.

Una meta

La satisfacción grande fue llegar a la meta. Había cualquier cantidad de compatriotas bolivianos, porque ese año se realizaba el Mundial de México 1970. En el estadio Azteca un señor Meleán, vestido de diablo, repartió billetes al público, era una alegoría reclamando el derecho de una salida al mar”. 

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