Marcas

El primer paso y una señal de lo que es capaz

La Razón (Edición Impresa) / Óscar Dorado

06:22 / 18 de febrero de 2015

Las victorias se construyen en función de atributos propios. Y también fluyen capitalizando flaquezas del rival.

Eso sucedió anoche porque The Strongest, a lo largo de un cuarto de hora inicial soñado, le puso el partido muy cuesta arriba a un Inter poco menos que inerte, desprovisto de respuestas, desorientado al extremo.

Chumacero y Ramallo aprovecharon la permeabilidad de una zaga brasileña cuya estatura futbolística no tenía nada que ver con la envergadura física de sus hombres. Y es que para que eso ocurriera el local copó sin temores el mediocampo y evitó que D’Alessandro y Aránguiz desplegaran volumen de juego. Factor determinante. Es cierto que el argentino asistió, antes de la desventaja, a Nilmar y Vaca ganó muy bien en el mano a mano, que vaya uno a saber si no cambió el destino del partido.

No cabe duda que la figura indiscutible jugó con bastante más soltura que ante Morelia. Es que ahora sí supo que a sus espaldas estaba Veizaga (inexplicablemente excluido de la fase inicial del torneo), que hizo simple y correcta la tarea de corte, acompañado de Castro y entonces Alejandro —dotado de movilidad y chispa que complicaron durante todo el trámite a los de Porto Alegre— le puso la cereza a la torta firmando el doblete y la anotación que a falta de cinco minutos garantizó el resultado favorable.

Fue un pleito de ráfagas y pausas. En ambas aristas el dueño de casa marcó superioridad porque si bien es cierto el cuadro rojo creció a partir del descuento de D’Alessandro, ni bien comenzado el segundo tiempo, luego de un discutible penal sancionado por el colombiano Vélez, no alcanzó a ser peligroso en continuidad, salvo cuando Vitinho movió el travesaño.

Ramallo, luego de una espléndida tijera, y Escobar, al que el larguero le impidió convertir, pudieron estirar aún más la diferencia. Es que Inter rondó el papelón, incluida la expulsión de Nilmar, tras un patada descalificadora a Wayar.

El Tigre tiene muy claro que la meta en casa es de nueve puntos. Ya acumula —no sin autoridad— los primeros tres. Es de ponderar su actitud a la hora de enfrentar a un adversario teóricamente superior, lo que la realidad del encuentro no puso precisamente al descubierto. Entre sus virtudes y los yerros del visitante sacó adelante el debut en el grupo y dejó muy claro que en Miraflores sus oponentes no la tendrán sencilla. Detrás de Chumacero hubo varias individualidades sobresalientes. Y el conjunto —seguramente lo más valioso— dispuso de múltiples argumentos para que el triunfo no amerite reparo alguno.

(*) Óscar Dorado es periodista.

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