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La recta final de la Copa, abierta a todos

Libertadores. Ha sido, hasta ahora, una Copa interesante, acaso más de lo que podía esperarse dada la modestia económica de los clubes.

El argentino Ramón Ábila, de Huracán, disputa el balón con el colombiano Davinson Sánchez, de Atlético Nacional. Foto: AFP

El argentino Ramón Ábila, de Huracán, disputa el balón con el colombiano Davinson Sánchez, de Atlético Nacional. Foto: AFP

La Razón (Edición Impresa) / Jorge Barraza

03:00 / 25 de abril de 2016

La fase de grupos de la Libertadores 2016 cerró con una buena noticia: se marcó la mayor cantidad de goles de los últimos 10 años. Y cuando hay goles el hincha agradece. Fueron 300 gritos en 108 juegos (2,78). Otra buena: en líneas generales hubo paridad, lo cual es positivo. Desde luego siempre se da alguna goleada afrentosa, pero no marca tendencia. Deportivo Cali no está cuatro goles debajo de Boca ni tampoco para recibir media docena, simplemente este fue un mal Cali que coincidió con una noche inspirada de Boca (la única). Ambos están más cerca del 0 a 0 de la ida que del 6-2 de la vuelta. Eso sí, que el Cali se vaya como último en su grupo, sin triunfos y con 18 caídas de su valla es desdoroso. Salió por la puerta de atrás.

Se marcaron muchos tantos pese a que Atlético Nacional cerró la persiana: lleva su valla invicta. El de Reinaldo Rueda terminó siendo el equipo más sólido de los 38 que acataron la campana de largada. Y es muy favorito. Condición que no garantiza nada. Como dijo Claudia, una forista en Twitter: “No es que por eso vaya a ganar la Copa, pero favorito sí es. Que luego pueda perder es otra cosa, esto es fútbol”. Brillante síntesis. Barcelona también era favorito a la Champions y a la Liga, e inopinadamente lo atacó una gastroenteritis que lo dejó tambaleante. Casi se va por el inodoro. Y todavía no se sabe…

Ha sido, hasta ahora, una Copa interesante, acaso más de lo que podía esperarse dada la modestia económica de los clubes de la región. Fue casi atractiva. No es poco. Una pena que los clubes sigan jugando por monedas y que la dueña de los derechos comerciales sea la misma empresa que admitió pagar sobornos para obtener el contrato. Pero esas son nuestras cotidianas miserias sudamericanas. Tan habituados estamos que ya casi no importa, no deseamos denuncias, queremos partidos…

Huracán-Atlético Nacional, Racing-Atlético Mineiro, Gremio-Rosario Central, Cerro Porteño-Boca, San Pablo-Toluca, Nacional (Uruguay)-Corinthians, Táchira-Pumas, Independiente Del Valle-River. El cuadro muestra cruces parejos. La paridad proviene, ante todo, de la falta de verdaderos cracks en el continente, que iguala posibilidades, y de que muchos técnicos jóvenes (es la tendencia actual) han entendido que hay tres tópicos que no tienen que ver con el presupuesto: 1) la preparación / el cuidado; 2) la táctica y 3) la actitud. Sobre todo esto último. Pensemos qué sería del fútbol uruguayo sin actitud… A partir de ahí, todos pueden dar combate.

Nos gusta más este sistema donde todo se decide por calificación técnica y no por sorteo, como en la Champions, donde cada fase se sortea. Acá no puede haber bolillas frías ni calientes que beneficien a un club. Se sabe antes de comenzar el torneo que el equipo con más puntos es el clasificado 1 y el de menos es el 16, y ambos se enfrentan, siendo local primero el 16. Así se repite 2 con 15, 3 con 14, etcétera. Hay una leve ventaja para el primero y todo el mundo lo acepta porque prevalece el mérito. El mérito es como el orden alfabético. Nadie se molesta porque se nombre antes a Brasil que a Chile o Colombia. La be va primero que la ce. En un continente donde reina la suspicacia, es un sistema sano. No nos imaginamos cuatro sorteos impolutos a cargo de la Conmebol. Además de justo, este sistema evita, de pronto, que deban eliminarse ya en octavos dos ganadores de grupos, que casi siempre son los equipos más fuertes, lo que resta jerarquía al torneo.

Por segundo año consecutivo, Chile no mete ningún equipo en octavos de final. Algo está pasando allí. En el país con mayor estabilidad económica de la región, con clubes convertidos en sociedades anónimas, que muchos (incluido este cronista) creíamos la solución a los males del despilfarro, los equipos deberían mostrar fortaleza deportiva. No sucede. En cambio clasifica un conjunto venezolano, de cuya realidad nacional huelga discurrir. Es lo imponderable del fútbol…

De los 16 octavofinalistas, 9 son argentinos y brasileños. Una vez más, pese a todas sus dificultades, logran asomar la cabeza. Están quienes dicen que esto es porque tienen más cupos. Eso ayuda, desde luego, pero tienen más por estricta justicia deportiva: han ganado 41 de los 56 títulos disputados, y han cosechado 24 vicecampeonatos. Han aportado hinchadas multitudinarias y jugadores y entrenadores notables. Han dado lustre y grandeza a la Copa.

Fueron los elefantes que la sostuvieron desde el inicio. ¿Cuáles son aquellas dificultades…? La sangría permanente de jugadores y la obligación de mantener el liderazgo. Corinthians vio impávido cómo el fútbol chino le llevaba toda la columna vertebral de su equipo a días de comenzar la Libertadores. Aun así ganó su grupo.

Puede que Brasil y Argentina hayan bajado la calidad de su fútbol, pero los demás no logran destronarlos. Después de tantas décadas de disputa, es un mérito mayúsculo.

No obstante, sabe extraño ver a estos equipos brasileños sin ninguna figura, con un juego rústico, ordinario, impropio de su historia. Como hemos referido en otras ocasiones, no queda el menor vestigio del Jogo Bonito, el estilo más espectacular que el mundo haya visto. Si les cambiamos la camiseta al San Pablo o al Gremio de hoy y decimos que son búlgaros o griegos, pasaría inadvertido.  

Los cinco equipos argentinos enfrentaron una dura prueba: este fin de semana se jugó la jornada de clásicos en el fútbol doméstico. Todos: Boca-River, Racing-Independiente, San Lorenzo-Huracán, Newell’s-Central… El clásico es una cita de honor donde se deja la piel. Una batalla. Y tres días después deben afrontar sus partidos coperos. En el caso de Boca, River y Central, además, viajar. Esto puede costarles caro. Habrá que ver cómo lo sobrellevan. Porque el futbolista, con descanso, se repone físicamente en tres días, la mente no. Por caso, Independiente del Valle tiene una excelente posibilidad de lograr un resultado importante frente a River, que visitó ayer a Boca, viajará hoy a Ecuador y actuará en la altitud de Quito el jueves.

Bolívar y The Strongest están afuera habiendo tenido todas las oportunidades para pasar de ronda. Les faltó actitud. El Tigre contra San Pablo fue una copia fiel de Bolívar ante Racing: lánguido, sin actitud, livianito. El árbitro dio seis minutos de descuento y con un arquero improvisado enfrente ni pateó al arco. No merecieron clasificar.

Atlético Nacional de Medellín, decíamos, sigue con el traje de candidato puesto. Ningún equipo impresionó mejor, pero ahora empieza otra historia. Los 16 equipos que han llegado a esta instancia ven la meta más cercana y se agrandan. Nadie quiere perder. Está abierto a todos.

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