Marcas

Un tándem insuperable

Los Echavarría se caracterizaron siempre por honrar nuestro infinito idioma

La Razón / Julio Peñaloza Bretel / La Paz

01:15 / 21 de septiembre de 2012

Hay que recordar con agradecimiento y la mejor onda a Remberto Echavarría, que junto con su hermano Grover dieron lecciones permanentes sobre la indiscutible esencia del trabajo periodístico en equipo, con cada quien perfeccionando sus destrezas y su talento. RadioDeporte es una institución de la comunicación boliviana, fiel a un estilo, siempre preservando una calidad de trabajo con sello propio. Saber de fútbol y saber contar sus historias es lo que logró durante medio siglo esta dupla de gigantes del micrófono.

RadioDeporte fue durante toda mi infancia-juventud, él programa, es decir Él Programa. Quien osara en casa intentar sintonizar otra opción era rápidamente interceptado y corregido, pues para mí los hermanos Echavarría no tenían competencia. Mi padre decía, y no le faltaban razones, que Cucho Vargas había sido —continuaba siéndolo— un muy buen narrador de fútbol. No tengo dudas, lo conocí y fugazmente, y hasta llegué a trabajar con él en su programa televisivo Enfoques con breves notas críticas sobre cine hace más de 20 años, pero mi predilección no se negociaba. 

Si se trataba de transmisiones de fútbol dominguero, jamás dejé de escuchar a Remberto, quien lamentablemente acaba de dejarnos, y a Grover, que durante varios tramos del largo trayecto de su programa de incomparable vigencia  —¡cumplirá 50 años!— contaron en su equipo con Lorenzo Carri, un gran señor, cuidadoso en las formas y en los contenidos para comentar partidos, aparte de constituirse en la memoria más importante acerca de los datos estadísticos del fútbol boliviano hasta nuestros días.

Escribo esto porque un periodista que ama su oficio no puede dejar pasar oportunidades como la presente, cuando en la primera década del siglo XXI hay que arreglárselas para evadir el festival dominical del fútbol mal hablado, a partir de unas transmisiones en las que la prolijidad es lo de menos, al haberse impuesto el garabato verbal sobre el buen decir, y las malas copias de relatores rioplantenses de radio y televisión terminaron convirtiéndose en burdos testimonios de una pobreza conceptual que le ha hecho daño al periodismo de deportes , sobre todo el que se hace por radio los fines de semana, y en los espacios noticiosos de lunes a viernes: El griterío con tono discotequero le gana por goleada a la lectura del juego, y eso habla de una ignorancia irritante para quienes nos tomamos muy en serio el asunto del fútbol.

Remberto y Grover se caracterizaron siempre por honrar nuestro infinito idioma con su fluidez para dialogar y su talento para contarnos los partidos de fútbol desde épocas de la Asociación de Fútbol de La Paz (AFLP) y los torneos nacionales Simón Bolívar (años 60-70), como si se tratara de cuentos para niños o apasionantes aventuras con evoluciones cambiantes, pues ya se sabe que las incidencias de un partido de 90 minutos ofrecen inacabables variantes. 

Remberto se merece todos los homenajes de sus oyentes, ahora que lamentablemente ha partido de nuestro mundo, y con pertinencia a esta remembranza, debo afirmar que Grover es para mí el mejor relator de fútbol de la historia de la radiodifusión boliviana. Así como se lee, sin vueltas ni matices, el mejor y hasta ahora inalcanzable por dos razones fundamentales: su envolvente timbre de voz y su ductilidad para transmitir emociones con tonos e intensidades distintas, que nos ubicaban sin dificultades, por qué lugar de la cancha giraba la pelota y cómo el relato crecía en urgencia cuando se concretaba eso que el humor llama “peligro de gol”. Un buen narrador es aquél capaz de activar la imaginación y los delirios de la audiencia y eso los Echavarría consiguieron hacerlo con creces.

Grover Echavarría y otro narrador con estilo muy personal, también vigente, Juan Carlos Costas, competían en registros agudos cada vez que cantaban un gol, sólo que Juan Carlos agudiza tanto el timbre que la o la convierte en u, según la clasificación del canto lírico, con voz de tenorino. En cambio Grover inventó una o intermedia fronteriza con la u, o viceversa, y si no estábamos en el estadio y seguíamos el partido en un auto, en la calle, o en la casa, pues cuando comenzaron no había televisión, producía dos efectos radicalmente distintos: Si era gol de nuestro cuadro nos nublábamos de felicidad saltando para correr y chocar contra el primer mueble que se nos interpusiera, y si los que anotaban eran los contrarios o nos quedábamos helados en el sitio o queríamos romper el receptor.

Entraba Remberto, con voz más liviana, menos corpulenta, pero igual de cuidada, que la de su hermano, y con la misma calidad para manejar la palabra, pero en el terreno del análisis  exhibía un perfil más filoso. Digamos que la complementación no podía ser mejor, pues uno ponía el acento en la narración y el otro era algo así como un escenógrafo o director de escena que estaba en todos los detalles.

Remberto, Grover, Lorenzo, hacían una gran sociedad frente a los micrófonos y ahora que vengo en plan  rememorativo no puedo dejar de nombrar a otro potosino, Miguel Velarde Tapia, director por más de dos décadas del ya legendario suplemento Hoy Deportivo que salía los lunes, a quien conocí haciendo sus primeras armas como puesto dos de RadioDeporte, en el campo de juego, ese colorido trabajo que pasa por entrevistar antes-después de cada partido a los protagonistas de la jornada y transmitir el ruido ambiente de la emocionante ritualidad, previa al minuto cero.

El Tigre, Bolívar, la radio y los Echavarría. Esa era la sociedad implícitamente establecida entre oyentes y espectadores paceños, pues aunque a algunos les parezca un contrasentido, escuchar el relato en el estadio para que alguien nos cuente lo que estamos viendo, resulta ineludible si se trata de respetar códigos futboleros cuando la internet ni siquiera se perfilaba como una idea. Vigencia, control de calidad, pero sobre todo estilo (bi)personal e inimitable es lo que todavía nos sigue ofreciendo el programa radiofónico de fútbol más importante de nuestro país durante cinco décadas.

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