Marcas

Un título legendario

La Paz y Cochabamba fueron las encargadas de brindar todo el respaldo a la Verde

Espectacular. El arquero Silas, de Brasil, queda en el camino a pesar de su volada. Fue un golazo de García.

Espectacular. El arquero Silas, de Brasil, queda en el camino a pesar de su volada. Fue un golazo de García.

La Razón / Tito de la Viña - periodista

00:00 / 30 de marzo de 2013

Así se lo puede denominar al único título que el fútbol boliviano ha logrado hasta la fecha, en su controvertida trayectoria que arranca el 12 de septiembre de 1925, con la fundación de la Federación Boliviana de Fútbol. La gran conquista del Su-  damericano, que se materializó en 1963 en forma invicta, tuvo su base en la gran gestión desempeñada por la dirigencia de esa época, encabezada por Roberto Prada, y con dos equipos de dirigentes en La Paz y Cochabamba que supieron conjuncionar sus esfuerzos, con capacidad y sentido de organización, en un periodo en el que el fútbol no recibía los ingresos económicos que hoy percibe, salvando las enormes dificultades que debieron sortear para      lograr la participación de seis países.

La preparación del plantel y la conducción del técnico brasileño Danilo Alvim fue otro de los aspectos a destacar. La labor de los jugadores, que tuvieron que someterse a una intensa preparación y su posterior rendimiento, con un comienzo inseguro y un posterior afianzamiento, hasta llegar a un grado óptimo, dieron los resultados que la afición acompañó hasta el final del torneo. La Paz y Cochabamba, las dos ciudades sedes del evento, fueron las encargadas de brindar todo el respaldo que necesitaba el país.

El periodismo deportivo puso también su gran aporte, con su crítica constructiva y desinteresada. Los medios escritos, Presencia, El Diario, La Nación y Última Hora, las organizaciones radiales, La verdad desde la cancha, Fútbol en alas del cóndor, Corporación deportiva Borelli y otras, supieron hacer vibrar de emoción al país entero. Las ciudades y los pueblos de toda la nación vivieron al unísono todas las emociones del gran certamen y la victoria nacional.

El equipo, que había comenzado dubitativamente el torneo, frente a Ecuador, logrando un magro empate en cuatro goles, fue encontrando su ritmo poco a poco, hasta llegar al pico de rendimiento en los partidos decisivos. En ese orden de cosas, el encuentro que se le ganó a Perú por 3-2 significó el afianzamiento total con base en los cambios que el técnico ordenaba para conformar el equipo que iba a ser el titular.

Frente a Perú, no sólo se jugó con vigor y fuerza, sino que también se incorporó un fútbol de alta jerarquía y posteriormente con Argentina se logró reaccionar primero y superar después a un rival de categoría. Se puede afirmar que el caudillo del plantel, el referente total, fue Wilfredo Camacho, bien secundado en esa labor por Max Ramírez.

Ausberto García fue la pieza clave para que el equipo tuviera la dosis de buen fútbol que se requería para llegar hasta la cima. Para muchos, fue el mejor jugador del plantel, equiparando el aporte de Víctor Agustín Ugarte, El maestro, que tuvo algunos altibajos en su producción. La gran novedad fue Fortunato Castillo, el puntero izquierdo de Chaco, que además de ser el goleador del equipo junto a Máximo Alcócer y Wilfredo Camacho, fue el más regular en su producción. El aporte de Ramiro Blacutt, el entonces juvenil del plantel, fue notable, después de no haber jugado los primeros partidos. En general la producción fue de menos a más y eso contribuyó a la confianza y seguridad con el grupo que se desplazó en las fechas finales del campeonato.

Como fútbol bien jugado, el equipo verde tuvo su mejor desempeño frente a Perú, pero como demostración de poder de reacción y combatividad, su punto más alto lo alcanzó en la gran victoria conseguida frente a la Argentina. Después de 50 años, aquellos bravos integrantes del campeón invicto han visto con emoción cómo hasta ahora no han podido ser superados por las nuevas generaciones de futbolistas. Honor y mérito para ellos y para quienes organizaron el Sudamericano de 1963.

Después, los dirigentes del fútbol boliviano durmieron sobre los laureles y no supieron capitalizar la enorme conquista. Han pasado 50 años y el letargo continúa y no podemos encontrar el camino correcto hacia la superación. Es hora de despertar. 

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