Marcas

Cuando el vestuario se rebela

En general son los entrenadores las principales víctimas, pero optan por callar. Los jugadores lo niegan siempre. ‘Jugar para perder’ es algo que existe

Encubierto. Hay jugadores que son los cabecillas y planifican todo. A la vez tratan de no ser identificados, pero logran apoyo de la mayoría.

Encubierto. Hay jugadores que son los cabecillas y planifican todo. A la vez tratan de no ser identificados, pero logran apoyo de la mayoría. EFE.

La Razón (Edición Impresa) / Rafael Sempértegui / La Paz

00:44 / 21 de marzo de 2014

Son varios los técnicos víctimas de las camarillas, pero ellos prefieren callar. Éstas se arman en los vestuarios del fútbol en muchas partes del mundo, y Bolivia no es la excepción. Por lo general es para desestabilizar a un entrenador, con el lógico perjuicio para el club. Y a veces para arruinar a los dirigentes.

Si por algún motivo un DT no le cae bien al plantel o a una parte de él, el grupo se rebela y se propone sacarlo a como dé lugar, así que los cabecillas empiezan a tramar cómo hacerlo. El plan conlleva la baja producción adrede y como consecuencia de ello aparecen ‘misteriosamente’ las derrotas consecutivas. Tarde o temprano, por el descontento que se genera, los directivos terminan cediendo y le cortan la cabeza al entrenador (“es mejor echar a uno que a veinte”), si es que éste no ha renunciado antes.

Mientras los actuales actores directos del fútbol nacional niegan esos grupos por su connotación negativa, exfutbolistas que hoy son en algunos casos entrenadores y algunos dirigentes dicen que la camarilla existe. ¿Cómo detectar a esos grupos, combatirlos y luego extirparlos de los clubes?

Según el experimentado periodista deportivo Tito de la Viña, la camarilla no es más que el accionar negativo de un grupo —mayormente reducido de futbolistas, pero que son líderes y arrastran—  que por algún interés se rebela contra el entrenador, o algunos de sus propios compañeros de plantel y hasta de la directiva.

“Un equipo de fútbol profesional siempre tiene el riesgo de contar con camarillas porque son 25 o 30 jugadores todo el tiempo juntos, con diversos orígenes, costumbres y es natural que se formen grupos afines, que de acuerdo con las circunstancias, si hay problemas se convierten en camarillas en rechazo de algo”.

Esta semana, Nacional Potosí separó del plantel a nueve futbolistas tras detectar una marcada división interna, la misma que coincidió con una seguidilla de malos resultados. Inexplicable porque el grupo es el mismo que el año pasado logró la clasificación a la Copa Sudamericana.

El técnico, Marcos Ferrufino, se encontró en Nacional con el zaguero Luis Palacios, con quien tuvo marcadas diferencias cuando ambos estaban en San José. De hecho, hizo que el santo desafectara al jugador.

Según trascendidos, Palacios armó su grupo en Potosí y “juró” hacerle la vida imposible a Ferrufino desde que éste llegó al club. Por supuesto ambos desmienten ese extremo. El zaguero es uno de los nueve separados. Wilfredo Condori, presidente de Nacional, prefiere no llamarle “camarilla”, sino “grupo o grupos divisionistas”.

Para Juan Carlos Paz García, joven entrenador y hasta hace unos años jugador, no es un secreto que algunos jugadores determinan la continuidad o no de un técnico, hubo casos evidentes en el fútbol boliviano: “Los técnicos nunca ganaban porque estaban uno o dos jugadores con quienes antes habían tenido diferencias, y éstos propiciaron la camarilla”.

“No podemos acusar a todos ni mucho menos generalizar, pero la verdad es que no es fácil relacionarse con 20 o 30 personas sin que surja alguna dificultad. También veo que la gran mayoría de los futbolistas actuales son muy inteligentes, cuidan su nombre, su futuro y trabajan sin cosas raras. Pienso que ese tema de las camarillas se presenta cada vez menos porque no conviene a nadie”.

Ricardo Fontana, “hombre fuerte” en el Tigre durante muchos años, cuenta que “antes nos decíamos las cosas de frente entre los jugadores y el técnico, no había necesidad de camarillas. Yo hablo de cuando fui jugador de The Strongest. Ahora, es cierto que surgen el rato menos esperado estas cosas, pero a mí me parece una locura que se dé, porque con la plata que se paga hoy, la proyección que se tiene, yo me entrenaría tres turnos y sería feliz”.

No conoce de una situación así en algún club en la actualidad, pero admite que ni bien se dan resultados negativos “raros” empieza a hablarse del tema. El recordado Juan Gitano Farías, jugador y después entrenador, es de la idea de que el DT tiene que ganarse la confianza del futbolista y hablar con él de la manera más clara.

“Para estos tiempos yo creo que lo de la camarilla es una acción estúpida porque no puedes ir en contra de tu equipo por querer afectar a alguien. La ecuación es sencilla, si no ganas en la cancha, tu chance de cobrar se reduce porque luego la crisis aparecerá y la situación se complicará para todos y ahí creo que nadie gana”.

Es un secreto a voces

‘Vi, pero nunca participé’: Juan Farías, director técnico

“En mi época de jugador supe de algunas (camarillas) que se formaron en contra de un técnico, lo vi, pero nunca participé, pues jamás me pareció la forma de encarar un problema”.

‘Siempre hubo, es parte de’: Tito de la Viña, periodista

“En un equipo es normal que se formen los grupos. Ahora, cuando se va en contra de un técnico son camarillas y eso siempre hubo, es parte de. En el fútbol existen”.

‘Lo sufrí al inicio como técnico’: Ricardo Fontana, entrenador

“En mis primeros años de entrenador lo sufrí en el Tigre. Había un grupo de jugadores negativos que paraban donde el presidente (Jorge) Sfeir hasta que me hicieron sacar”.

Los clubes investigan a sus jugadores

Una de las formas de evitar contratar a jugadores propensos a las camarillas es que los clubes, mediante sus dirigentes investigan a los jugadores que quieren contratar, y se fijan no solo en sus antecedentes deportivos, sino también humanos.

Hay futbolistas que no logran ser fichados por determinados clubes debido a los antecedentes que tienen porque en otros clubes provocaron líos, y no son bien vistos. “Hoy se cuenta con todos los medios posibles para averiguar de quién se trata, y ante esa situación nosotros preferimos un buen jugador, pero una mejor persona”, asegura Wilfredo Condori, presidente de Nacional Potosí.

El dirigente añade que en los últimos años, Nacional Potosí sufrió el cambio de siete entrenadores porque los resultados no le acompañaron. En Oriente Petrolero, el gerente general, Dorian Montero,  recuerda que el año pasado el equipo terminó jugando con juveniles porque separó a diez futbolistas, entonces los fichajes pasan por varios filtros.

“A tiempo de contratar jugadores se tiene que investigar mucho. Qué clase de persona es, cuáles son sus antecedentes. Nos dicen que es un jugadorazo, pero algo conflictivo, entonces no gracias”. Montero indica que desde hace rato se trabaja bien en averiguar sobre los jugadores.

Títulos y recursos perdidos

Consecuencias

Entre las mayores consecuencias que sufren los clubes por un camarilla está el de perder partidos, algo que los grupos provocan para perjudicar a alguien. A veces dejan escapar títulos y paralelamente recursos económicos; o también dejan a un club con el riesgo de descender.

El Tigre 2005

En Achumani aún se recuerda cómo en el segundo torneo de 2005 el equipo cumplió una gran eliminatoria en la fase de grupos y se clasificó al hexagonal. Sin embargo, el entrenador de entonces igual denunció indisciplina y borracheras, se hizo “enemigos” y el aurinegro terminó quinto.

Entre ellos

Eduardo Salamanca cuenta que hace unos años vio en Potosí cómo un jugador de fútbol no le cedió el balón a su compañero en todo el cotejo, debido a que tenían diferencias, y hacía todo para evitar que el otro se destaque.

Huelga

Dorian Montero explicó que el año pasado al club Oriente Petrolero le tocó sufrir una especie de boicot, cuando los jugadores se negaron a viajar a un partido y se tuvo que apelar de emergencia al equipo juvenil de la asociación.

Nexos

Los dirigentes sostienen también que algunos jugadores camarilleros tienen la habilidad de lograr apoyo de algún directivo y también ganan el respaldo de las barras.

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