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Abel Basti: ‘Hitler escapó de Berlín y llegó en submarino a Patagonia argentina’

Según los generales soviéticos que llegaron a Berlín en abril de 1945, Hitler escapó. Así lo expresaron y está publicado en medios de prensa de la época, afirmando que la huida fue con destino presunto a España o Argentina.

Investigador. El periodista argentino Abel Basti, en su biblioteca.

Investigador. El periodista argentino Abel Basti, en su biblioteca.

La Razón (Edición Impresa) / Miguel Gómez / La Paz

02:54 / 30 de abril de 2015

El periodista argentino investiga más de dos décadas las huellas dejadas por nazis prófugos tras la Segunda Guerra Mundial, entre los que sobresale Adolf Hitler, quien, según sus pruebas documentales y entrevistas plasmadas en libros, no murió en el búnker de Berlín, sino que viajó a la Patagonia argentina bajo el nombre de Adolf Schütelmayor, y falleció en Paraguay en 1971.

— ¿Cuál es la tesis de su investigación sobre la falsa muerte de Adolf Hitler tras la caída de su “imperio” en 1945?

— Según los generales soviéticos que llegaron a Berlín en abril de 1945, Hitler escapó. Así lo expresaron y está publicado en medios de prensa de la época, afirmando que la huida fue con destino presunto a España o Argentina. El Gobierno español comunicó que Hitler no estaba en territorio de esa nación. En la conferencia de Potsdam —que comenzó el 17 de julio de ese año— Iósif Stalin le dijo personalmente al presidente estadounidense Harry S. Truman que el jefe nazi había escapado, inclusive pidió que se lo juzgara en ausencia en los juicios que se harían en Nüremberg. De acuerdo con datos que dispongo, Hitler huyó vía aérea de Berlín el 22 de abril con destino a un aeropuerto de Austria, cercano a Linz, y luego, en una segunda etapa, en avión a Barcelona. Finalmente, siempre acompañado por su mujer Eva Braun, embarcó en ese país en un submarino con destino a la Patagonia argentina.       

— ¿Por qué simuló su muerte?

— El plan de escape de los nazis, que incluía la farsa del suicidio de Hitler y su reemplazo por un doble, estaba pensado mucho antes de que terminara la guerra.  La forma exacta de cómo escaparía el Führer era conocido solo por un círculo muy pequeño de hombres de su absoluta confianza, principalmente el jerarca Martin Bormann, quien coordinó las acciones de la fuga, que se pudo hacer luego de un acuerdo militar entre los nazis y los estadounidenses.

— ¿Cuáles son las pruebas que sustentan su tesis?

— Las pruebas presentadas en mis libros se basan en documentos, especialmente de los servicios de Inteligencia aliados, como el FBI, la CIA y la Inteligencia británica. A éstos se suman las declaraciones de Dimitri Boryslev, exagente de la KGB, el antiguo servicio secreto soviético, quien publicó un libro afirmando lo mismo: Hitler escapó. A ello hay que añadir el resultado del análisis de ADN realizado en 2009 por Nick Bellantoni, experto de la Universidad de Connecticut, quien determinó que el hueso de cráneo que se guarda en los Archivos Federales de Moscú como prueba de la muerte de Hitler no es del jefe nazi, sino de una mujer de entre 20 y 40 años. Entrevisté a testigos que tras la guerra estuvieron con Hitler en Argentina y en Paraguay. Y hay un dossier de la CIA que muestra una foto de él tras el conflicto bélico.

— ¿Cómo vivió Hitler en Argentina?

— En el exilio, junto a Eva Braun, como un “jubilado” anónimo (bajo el nombre de Adolf Schütelmayor), sin importancia política para el mundo que enfrentaba la Guerra Fría. Estaba aislado inicialmente en la estancia San Ramón, a 15 kilómetros de Bariloche, y después en la mansión Inalco, construida para él a orillas del lago Nahuel Huapi. Tenía guardaespaldas, mantenía reuniones con viejos admiradores del círculo nazi, viajaba para mantener estos encuentros incluso fuera de Argentina. Los últimos años de su vida estuvo en Paraguay (con la identidad falsa de Kurt Bruno Kirchner), donde murió el 3 de febrero de 1971.

— ¿Qué tiene que ver en esto la Operación Regentropfche?

— Es el plan de huida del “capital” del Tercer Reich (personas, documentos, divisas, desarrollos tecnológicos e industriales) hacia Occidente para que no quede en manos de los soviéticos. Se lo concibió sabiendo que sería apoyado por los estadounidenses para que ese capital no quede en manos de los comunistas, y para “reciclar” dichos recursos y ponerlos a disposición de Estados Unidos para combatirlos. Esto se hizo tanto con la transferencia de tecnología de punta como de hombres, ya que miles de nazis hallaron refugio en esa nación americana, donde fueron puestos a trabajar para el Ejército y otros organismos estatales, así como empresas privadas.

— Según usted, ¿por qué aún se oculta la huida de Hitler?

— “Matar” a Hitler en 1945 significa ponerle un punto final a la historia del Führer y de los nazis, durante la posguerra. La huida de miles de nazis a Occidente, encabezados por Hitler, pudo realizarse con una trama de complicidades de primer nivel internacional. Develar que Hitler realmente escapó significaría abrir la investigación sobre quiénes fueron los cómplices. En cambio, mantener la falsa historia de su suicidio permite seguir escondiendo la trama de ayudas y los nombres de los cómplices, especialmente de los pertenecientes a países que formalmente eran enemigos de Alemania.      

Perfil

Nombre: Abel Basti

Nació: 05 de julio de 1956, en Argentina

Profesión: Periodista

Es autor de cuatro libros

Cursó sus estudios en la Escuela Superior de Periodismo —Instituto Grafotécnico— en la Capital Federal y al graduarse se desempeñó como cronista en el diario Clarín. Fue guardaparque en el Parque Nacional Nahuel Huapi. Radicado en Bariloche desde 1979, fue corresponsal de varios medios. Publicó los libros Bariloche Nazi, Hitler en Argentina, El exilio de Hitler y Los secretos de Hitler. Actualmente es director del Periódico del Sur.

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