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Cataluña: La historia contada desde Barcelona

Motivaciones. Las ansias de independencia de España florecen en los últimos años

Barcelona. Hubo polémica al quitar el busto del rey Juan Carlos.

Barcelona. Hubo polémica al quitar el busto del rey Juan Carlos. ELCONFIDENCIAL.COM

La Razón (Edición Impresa) / Erick Ortega / La Paz

01:10 / 15 de noviembre de 2015

La historia la escriben los ganadores, reseña un viejo adagio. Sin embargo, los catalanes quieren desenterrar el pasado para mirar al futuro con propios ojos. Esta semana volvieron a hablar de independencia de España. La región catalana se encuentra ubicada en la parte noreste de España. Limita al norte con Francia y Andorra, y al este con el mar Mediterráneo. El resto de su territorio linda con España.

Tiene 32.114 kilómetros cuadrados y un pedazo de superficie más pequeño que el departamento de Tarija, que cuenta con 37.623 kilómetros cuadrados. Barcelona, Gerona, Lérida y Tarragona son las provincias que forman Cataluña y la ciudad más importante de la zona es Barcelona. Los catalanes pueden jactarse de tener su idioma y una cultura diferente a la española. Algo similar pasa con vascos, gallegos, valencianos y otras ciudadanías que conviven bajo una misma bandera.

Vascos y catalanes manifestaron sus deseos de independencia de España. Y, en esta última semana, el Parlamento de Cataluña lanzó una resolución que busca consolidar la ruptura con Madrid, indican las agencias de noticias y los periódicos de los últimos días.

Fernando Sánchez Marcos, catedrático de Historia Moderna en la Universidad de Barcelona explicó en elconfindecial.com que entre 1640 y 1652 la Sublevación de Cataluña tenía fines secesionistas. Pero, las dos fueron derrotadas. Hoy, la validación histórica más importante, para hacer realidad este anhelo independentista, nació tres siglos, dos meses y cuatro días atrás, el 11 de septiembre de 1714. Es más, en la actualidad, los catalanes celebran la Diada de Cataluña (figura similar al grito libertario) cada 11 de septiembre.

Aquella fecha, pero de 1714, según el portal digital del diario catalán La Vanguardia: “Se puede comprobar que las bombas enemigas han afectado ya a todas las casas, sin olvidar ni una. Lo más relevante del asedio es que el conjunto de la población soporta un bombardeo dirigido ‘a la ruina de las casas’, es decir, indiscriminado”.

Eran los estertores de la Guerra de Sucesión que enfrentó a Borbones contra Austrias. La conflagración duró desde 1700 hasta 1714 y aquel 11 de septiembre, luego de casi 14 meses de lucha, Barcelona se rindió ante las tropas del rey Felipe V, de la dinastía de Borbón. Como las leyes las hace el ganador, sobre los derrotados cayó la ira de los triunfadores. El rey Felipe V aprobó el decreto de Nueva Planta que suprimió las instituciones catalanas y su autogobierno.

El comisario de los actos del Tricentenario (responsable de los festejos del 11 de septiembre de 2014) Jordi Soler, dijo a La Vanguardia que entonces, el estatus jurídico de Cataluña era el de “sujeto político soberano”. Arguye que la región, sin ser independiente, tenía la soberanía para renunciar a un rey y escoger otro y tenía libertad de movimientos; al final todo quedó cercenado con la nueva monarquía.

Un golpe contra el orgullo catalán fue la persecución contra su cultura, explica Soler en su artículo Diez razones para un estado catalán. Por ejemplo, durante años estuvo prohibido hablar en catalán y el idioma oficial se impuso. El deseo independentista catalán volvió a aflorar en la última década. En la Diada del año pasado, según datos de La Vanguardia, participaron aproximadamente 1,4 millones de personas. La batalla política llegó al Parlamento catalán y el lunes se decidió que la región se independice de España. Así, los catalanes buscan escribir su historia.

Símbolos de una región con ansias de ruptura

Entre los independentistas catalanes hay una obsesión por los símbolos que están ligados a su anhelo secesionista de España. Según los registros de periódicos españoles, el Ayuntamiento de Barcelona izó una enorme bandera catalana en el Borne con un mástil de 1.714 centímetros. Esta cifra es emblemática puesto que el 11 de septiembre de 1714 fue la capitulación de Barcelona en la Guerra de Sucesión.

Jordi Puntí, licenciado en Filología Románica por la Universidad de Barcelona, traductor y escritor, en un artículo publicado por lavozdebarcelona.com indicó: “El año del sitio de Barcelona ha inspirado cosas tan diversas como una plaza en Sants (principal estación de ferrocarril), un juego de mesa, varias novelas y una ruta histórica por los escenarios de guerra. Hasta aquí, lógico. Pero la cosa empieza a teñirse de obsesión cuando hay gente que juega al número 01714 en la lotería de Navidad, grita “in-de-pen-den-cia” en el 17’14’’ de los partidos del Barça (ya esté en casa o en el bar) y celebra las victorias con cava 1714, ‘el cava independent’”.

Banderas. Vicenç Albert Ballester, conocido activista de la causa soberanista catalana, es el padre de la bandera independentista catalana y la creó en 1908. En la actualidad hay una plaza con su nombre en la ciudad de Barcelona.Este símbolo catalán lleva una estrella blanca en un triángulo con fondo azul (ver foto inferior) y el resto es amarillo con líneas rojas horizontales.

La estaleta es una variación de la señera y tiene una historia mítica. El portal ABC informa: “El emperador franco Carlos El Calvo dibujó con la sangre de Wifredo El Velloso —gran protagonista del relato de la Cataluña ficticia—, herido en combate, cuatro barras rojas en el escudo dorado, pronunciando las célebres palabras: ‘Estas serán vuestras armas, conde’”.

Si de símbolos conflictivos se trata, el busto del rey ha sido un punto de disputa en el último tiempo. El Ayuntamiento de Barcelona retiró la escultura de Juan Carlos I del Salón de Plenos del consistorio y el primer teniente de alcalde, Gerardo Pisarello, ha justificado esta decisión afirmando que “hay un tipo de memoria que está sobrerrepresentada”, refiriéndose a la Monarquía, y “hay otro que no”, como la republicana o la científica, según informó la página digital de El País.

Ricardo Bajo Herrera: Los ‘españoles’ que dejaron de serlo

Dijo una vez en los años 30 del siglo pasado el líder de la derecha española José Calvo Sotelo que prefería una España roja antes que rota. Y Juan Negrín, el socialista, añadió después que prefería una victoria del golpista Franco en la Guerra Civil de España (1936-39) que una Cataluña independiente. Si algo unió siempre a la derecha y la izquierda en España fue y es su animadversión contra el nacionalismo catalán y vasco. Según ellos, España es indivisible, al margen del derecho a decidir de las naciones que la forman (vascos y catalanes fueron “incorporados” por las armas hace ya siglos). Pasó un golpe de Estado, pasó la Guerra Civil, llegó la monarquía de nuevo y “triunfó” la alabada transición. Pero cuando España despertó, el “problema” catalán (y vasco) todavía seguía ahí, desde la larga noche de la historia.

En los años 90, si caminabas por las Ramblas de Barcelona era difícil hallar a un independentista (no llegaban al 10% del electorado). El “experimento” de la lucha armada (“Terra Lliure” trató de “imitar” a la ETA independentista vasca) había fracasado. Los catalanes se sentían cómodos en España. Los permanentes pactos electorales (y sus réditos) de la derecha catalana con Madrid, tanto para apoyar al PP como al PSOE, calmaban las aguas. Entonces llegó el 2010 y las ansias de conseguir más competencias autonómicas desembocó en la votación mayoritaria por un nuevo Estatuto de Autonomía. La negativa de Madrid a reconocer aquel consenso de la sociedad echó al pueblo catalán al monte, provocando un auge social del independentismo. Las “esteladas” (banderas independentistas con una estrella)  comenzaron a ser el cuadro habitual en el Nou Camp cuando jugaba el Barça, símbolo del nacionalismo catalán. La pesadilla de Calvo Sotelo es hoy una realidad: España se rompe, Cataluña se “desconecta”. ¿Aparecerán de nuevo los tanques para tratar de evitar lo inevitable?

Ricardo Bajo Herrera es periodista vasco-boliviano.

José Emperador Ortega: Nacionalismo que pervive en los años

El nacionalismo es irracional por definición y, por tanto, es fácil que quienes lo practican en cualquier lugar —también en o sobre España y Cataluña— usen argumentos históricos que de tan triunfalistas o victimistas rozan la estupidez. El nacionalismo no lo inventaron Franco ni Stalin, ni Artur Mas, ni Sabino Arana ni Rajoy ni sus acólitos. Es mucho más viejo que todos ellos y, sin embargo, aún amenaza con enterrarnos a todos.

Por eso siempre haremos mejor si no prestamos atención a las trompetas y los tambores de los nacionalistas y nos centramos en lo que realmente hay. Y lo que hay en Cataluña es un lío tremendo, precisamente porque lo han armado quienes, en Madrid y Barcelona, sí se dejan ensordecer por las fanfarrias nacionalistas. El Parlament ha aprobado una resolución que lo que realmente hace es declarar el futuro comienzo del inicio de un proceso de independencia. Suena a la “parte contratante de la primera parte” de los Hermanos Marx, pero es que es así.

Porque en la resolución el mismo Parlament se ha impuesto la tarea de tramitar “en no más de 30 días” unas “leyes fundamentales” que permitirían comenzar a diseñar el proceso hacia la independencia. Pero el Parlament no puede ni siquiera discutir esas leyes porque aún no se ha formado el Govern. Y éste no se ha formado porque no lo aprueban los mismos parlamentarios que se impusieron la tan perentoria tarea de sacar adelante esas leyes fundamentalísimas.

El Govern en funciones anuncia ahora que presentará un recurso ante el Tribunal Constitucional de España, al que decía desconocer hace solo una semana. Y, para rematarlo, el 20 de diciembre (seguro que antes de que se inauguren las urgentísimas discusiones que iniciarían el comienzo del inicio) se celebrarán unas elecciones en España —Cataluña incluida— que pueden cambiar mucho el panorama. Es así de demencial la cosa.

José Emperador Ortega es periodista de La Razón.

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