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Chile sufre una crisis estructural a 40 años del golpe de Pinochet

Cambios. La sociedad cuestiona a las instituciones y a la clase política posdictatorial

La Razón / Wálter Vásquez / La Paz

00:43 / 11 de septiembre de 2013

Hoy, 40 años después del golpe de Estado que en 1973 derrocó al gobierno socialista de Salvador Allende, Chile vive sin tener certeza de los caminos tomados, con un frontal desapego a las instituciones y el descrédito de la clase política tras 20 años de aplicación del modelo neoliberal.

La población discute en las calles sobre el futuro como algo conjetural y disperso, las decisiones del pasado son vistas con sospecha cuando no con recelo y el presente está en duda.

El reclamo —que desde 2011 se ha amplificado a favor de reformas y cambios en el modelo económico y social— se ha vuelto una práctica generalizada. Las marchas son acompañadas por la clase media, que busca remover los pilares del sistema liberal impuesto por Augusto Pinochet y mantenido casi sin cambios por los gobiernos democráticos que se han sucedido tras el fin de su régimen, junto a un sistema político poco representativo, señalan expertos a AFP.

Incluso pueblos pequeños como Tocopilla, en el norte, o Aysén, en el sur, se han levantado este año en demanda de un Estado responsable donde los beneficios del crecimiento económico lleguen a todo el país.

Tras la revuelta del año 2011, cuando decenas de miles de estudiantes se volcaron a las calles exigiendo el fin al lucro en la educación, el consenso que había regido a Chile desde el retorno a la democracia en 1990, y que la clase política usó como excusa y escudo para justificar muchas de sus decisiones, perdió su supremacía. Actualmente, ya nadie parece dispuesto a bajar sus demandas por salvarlo, sostiene la BBC.

Si a nivel regional Chile destacaba como un modelo a seguir en cuanto a estabilidad política, empuje económico, disciplina fiscal, ampliación de oportunidades y crecimiento de las clases medias, hoy esa imagen ha desnudado sus límites, contradicciones y supuestos de sustentabilidad, según Roberto Brodsky, profesor de la universidad de Georgetown (EEUU).

“Los movimientos sociales de 2011 acabaron con la estructura transicional, porque le quitaron su premisa: la política debía ser de baja intensidad para ser soportada por las instituciones posdictatoriales”, asegura el sociólogo Alberto Mayol.

“Existe también una pelea por una mayor democracia. Ha quedado claro que los mecanismos tradicionales están en tela de juicio”, dijo a la AFP el dirigente estudiantil Andrés Fielbaum. Todo esto coincide hoy con una fecha importante en la historia de Chile: los 40 años del golpe de Estado que dio Pinochet el 11 de septiembre de 1973, dictadura que se prolongó por casi dos décadas (1973-1990) y que según los últimos datos oficiales dejó más de 3.200 ejecutados y desaparecidos y 38.000 torturados.

Cuarenta años es, en efecto, un número redondo para la crisis. Hace cuatro décadas, Pinochet decidió acabar con el viejo orden republicano y aplicar una política de shock neoliberal para refundar el país en lo económico e institucional.

Dudas. A siete años de su muerte, la figura de Pinochet gana detractores en Chile, y el desacuerdo se profundiza entre aquellos que lo definen como el salvador de la patria y quienes lo repudian como dictador.

Según la última encuesta del Centro de Estudios de la Realidad Contemporánea, un 76% de los consultados ubica a Pinochet en la categoría de “dictador”, frente a un 9% que lo cataloga como un “buen gobernante”. La cifra de quienes califican a Pinochet como dictador creció diez puntos porcentuales con respecto a la medición realizada en 2006, y se concentran en las edades de entre 26 y 40 años, señala el reporte de EFE.

“Esa dolorosa fractura de nuestra democracia no fue algo súbito, intempestivo ni sorpresivo. Sabemos que fue más bien el desenlace predecible, aunque no por ello inevitable, de una larga y penosa agonía de los valores republicanos”, dijo el lunes el presidente de Chile, Sebastián Piñera. “No es justo hablar del golpe de Estado como un destino fatal e inevitable. No es justo afirmar que hubiera una guerra civil en ciernes, porque para dar continuidad y dar respaldo a la democracia, se requería más democracia, no un golpe de Estado”, afirmó, por su parte, la exmandataria socialista y candidata de la oposición a las elecciones presidenciales de noviembre, Michelle Bachelet, rival de la ultraconservadora Evelyn Matthei.

Ambas candidatas reflejan también la división que afecta a Chile tras la dictadura. Matthei y Bachelet, de 59 y 61 años, son hijas de dos generales de la Fuerza Aérea de Chile y compartieron años de infancia en su paso por la base aérea de Quintero, en la costa central. Fernando Matthei fue ministro y miembro de la junta militar de la dictadura de Pinochet, mientras que Alberto Bachelet murió de un infarto en una cárcel militar en 1974 tras ser torturado por sus subalternos por mantenerse fiel al gobierno del derrocado Salvador Allende.

Según Brodsky, “sea quien sea la futura presidenta, lo que el laboratorio de Chile expondrá al mundo a continuación será el fin de un ciclo y una época en que los resguardos institucionales y el disciplinamiento de los espíritus dominaron la reconstrucción de la vida ciudadana en democracia”.

Matthei pide un análisis ecuánime

Dictadura

La candidata del oficialismo a las elecciones presidenciales, Evelyn Matthei, afirmó que los chilenos tienen el deber de ser ecuánimes en la mirada histórica “pues es la única forma de poder mirar hacia adelante”.

Violencia

“Nunca se debe usar la violencia para alcanzar el poder. Las violaciones a los derechos humanos no son aceptables nunca”, añadió la hija del general Fernando Matthei, uno de los que formó parte de la junta militar durante la dictadura. EFE

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