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China abre la puerta al fin de 350 campos de reeducación

El régimen dejará de usar estos centros (unos 350 en la actualidad), que desde su creación en 1955 han privado de libertad a 160 mil personas, según cifras oficiales.

Educación. Estudiantes ingresan al edificio de la universidad local de la provincia china de Hefei.

Educación. Estudiantes ingresan al edificio de la universidad local de la provincia china de Hefei. AFP.

La Razón / EFE / Pekín

00:02 / 08 de enero de 2013

Tras varios casos de polémicas detenciones que generaron oposición hasta en el seno del régimen, el Partido Comunista de China abrió la puerta al fin, este año, de los controvertidos campos de reeducación, algo que organizaciones de derechos humanos recibieron con moderado optimismo.

El nuevo máximo responsable de seguridad del Partido Comunista de China (PCCh), Meng Jianzhu, uno de los ascendidos en el reciente relevo de la cúpula, anunció ayer que el régimen dejará de usar estos centros (unos 350 en la actualidad), que desde su creación en 1955 han privado de libertad a 160 mil personas, según cifras oficiales.

Meng, responsable de la Comisión Política y Legislativa del Partido, hizo este anuncio en una reunión con responsables judiciales de todo el país celebrada ayer, según señaló uno de los asistentes al diario South China Morning Post. “Los comentarios del secretario Meng están impregnados de un nuevo espíritu, muestran el progreso que nuestra sociedad ha hecho”, aseguró la misma fuente anónima.

La agencia oficial Xinhua, con tono más neutral, señaló únicamente que China “reformará este año el sistema”, pero el diario independiente hongkonés se ha mostrado más optimista, asegurando que el país “pasa página a un oscuro capítulo de su Historia”.

Nicholas Bequelin, investigador de Human Rights Watch (HRW), declaró a EFE que la noticia, de confirmarse, “sería una mejora en derechos humanos sin discusión”, aunque se mostró prudente y señaló que aún está por ver si estos campos serán realmente abolidos o simplemente se cambiarán por una fórmula más “suave” y aceptable por la opinión pública.

De confirmarse, en todo caso, el final de estos campos de reeducación, conocidos como “laogai” en China, podría ser votado y aprobado en el plenario anual de la Asamblea Nacional Popular (ANP, Legislativo) de marzo, el mismo en el que se relevará a los actuales jefes de Estado y Gobierno del régimen. En los campos de reeducación suelen cumplir condena desde hace más de medio siglo detenidos sin juicio previo, por lo que fueron usados durante décadas contra disidentes, peticionarios y “alborotadores”.

Sistema. En los últimos años, y tras varios casos de “reeducados” que conmovieron a la sociedad china, las llamadas de la ciudadanía y hasta en el seno del Partido Comunista a que terminara este sistema se han multiplicado. El caso que abrió dentro de China el debate sobre un sistema que en el extranjero era criticado durante décadas fue el de Tang Hui, una mujer cuya hija menor de edad fue violada y forzada a prostituirse durante años.

Descontenta con el castigo a los que vejaron a su hija, Tang protestó públicamente por lo que consideraba un intento de la Policía de defender a las mafias de la prostitución, tras lo cual fue condenada por “disturbio social” a un año y medio de reeducación en verano de 2012. La condena causó una ola de críticas en las redes sociales chinas e incluso protestas en artículos de la principal publicación comunista, Diario del Pueblo, por lo que Tang acabó siendo puesta en libertad a los pocos días.

A lo largo de la historia de la República Popular, los “laogai” se han utilizado como centros de detención de individuos “molestos” para el régimen, pero a los que las autoridades no podían endosar un delito, desde los intelectuales en las campañas contra “derechistas” de 1957 hasta muchos estudiantes de Tiananmen en 1989.

En la última década, los campos de reeducación también se utilizaron para encerrar a “ciberdisidentes” (críticos del Gobierno a través de blogs y webs), padres que quebrantaron la política de “un solo hijo” o miembros del movimiento espiritual Falun Gong.

Hay más activistas encerrados

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Los activistas pertenecientes a organizaciones de derechos humanos son las personas que en mayor número han cumplido penas en los centros de reeducación chinos localizados en emplazamientos secretos del país, llegando su número a 300 mil. EFE, Pekín

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