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Colombia clama a las FARC por 11 rehenes: ‘Libérenlos ya’

Unidad. La manifestación no tuvo color político ni ideológico

Mensaje. Miles de colombianos se manifiestan en el centro de Bogotá con pancartas de rechazo al secuestro y al asesinato de rehenes.

Mensaje. Miles de colombianos se manifiestan en el centro de Bogotá con pancartas de rechazo al secuestro y al asesinato de rehenes. Foto: AFP

El País de Madrid / Bogotá

01:00 / 07 de diciembre de 2011

Al mediodía de ayer, los colombianos le gritaron a las FARC: “Libérenlos ya”. Fue una solicitud vehemente, conmovedora y fuerte, con la intención de que su eco llegara hasta la profundidad de las selvas en donde el grupo armado tiene encadenados a cinco militares y seis policías.

Son 11 hombres comunes, humildes, de rostros demacrados y candados que les cuelgan del cuello. Están en cautiverio desde hace 12, 13 y 14 años.

En solidaridad con su tragedia, millones de ciudadanos salieron a las calles en todos los puntos del país. Iban ancianos, jóvenes y bebés en los brazos de sus padres. Algunos llevaban pancartas: “No más FARC”, “Por piedad, libérenlos ya” y “No nos crean tan pendejos”, réplica de una espontánea reacción del presidente Juan Manuel Santos al conocer un comunicado en el que las FARC (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia) eludían su responsabilidad en el asesinato, a sangre fría, de cuatro de sus cautivos.

Precisamente fue esta matanza la que sacudió de nuevo al país y le recordó semejante horror: un grupo de hombres pudriéndose en la selva, en jaulas de alambre de púas, bajo la mirada atenta de sus captores, listos para dispararles al menor indicio de un intento de fuga o de una operación de rescate ordenada por el Gobierno.

Las marchas se repitieron en las principales ciudades del mundo, donde miles de colombianos salieron a las calles. Entre los asistentes participaron todas las vertientes ideológicas. En Bogotá estuvieron presentes desde el presidente Santos hasta la izquierdista Clara López, alcaldesa de Bogotá, del opositor Polo Democrático.

Y también los exsecuestrados como Alan Jara, quien estuvo de rehén ocho años. “Estas marchas no tienen color político, ni dueño, sólo buscan un propósito: decirle a las FARC lo equivocadas que están”, dijo Jara.

En una conmovedora jornada, decenas de exsecuestrados pasaron por los medios recordando el valor de estas manifestaciones: “Cuando había marchas en las ciudades, nosotros hacíamos nuestras micromarchas en los campamentos”, relató conmovido Ricardo Jiménez Bernal, quien estuvo secuestrado en 1999. “Los guerrilleros, al vernos, no hicieron nada, sólo dieron muestras de indiferencia”, añadió.

Hay quienes sentencian que la práctica del secuestro acabó políticamente a las FARC. Eso lo expresa de manera sencilla el niño Johan Steven Martínez, hijo del sargento del Ejército José Libio Martínez Estada, asesinado el 26 de noviembre, tras casi 14 años de secuestro. “Yo ya perdoné a las FARC. Su castigo ahora es cargar con el peso en la conciencia de haber asesinado a tanta gente inocente”.

Hay también un número indeterminado de civiles en manos de las FARC, por quienes la guerrilla pide rescate para robustecer sus finanzas.

Para qué secuestra la guerrilla

Las FARC secuestran uniformados con el propósito de canjearlos por sus guerrilleros presos. Fue una idea impuesta por Manuel Marulanda, su comandante histórico, quien murió en marzo de 2008. Hace una década, las FARC llegaron a tener en su poder a casi 500 rehenes.

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