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Crisis política pone en duda liderazgo mundial de EEUU

Análisis. El país perdió credibilidad como apoyo financiero global

Símbolo. El Capitolio, sede de las negociaciones políticas en EEUU.

Símbolo. El Capitolio, sede de las negociaciones políticas en EEUU. EFE.

El País / Washington

02:09 / 18 de octubre de 2013

La larga y grave crisis presupuestaria, resuelta con un pacto temporal de última hora, ha debilitado el liderazgo internacional de EEUU y ha dado argumentos a quienes apuestan por un mundo multipolar en respuesta el inminente declive norteamericano.

Si la potencia que debe garantizar la estabilidad económica mundial tiene en vilo al resto de las naciones cada tres meses al estar maniatado por sus problemas internos de gobernabilidad, esta crisis puede acabar siendo la señal de alarma sobre la necesidad de cambios más profundos.

Tras varias semanas de tiras y aflojas, negociaciones y acusaciones de todo tipo entre republicanos y demócratas, entre el Congreso y la Casa Blanca, el Senado y la Cámara de Representantes votaron el martes una ley que permite elevar el techo de deuda sólo hasta el 7 de febrero y extender el presupuesto para reabrir la Administración federal hasta el 15 de enero.

Gobernabilidad. Ello garantiza un comienzo del próximo año de nuevo envuelto en urgencias y peligros sobre la situación presupuestaria en EEUU. Ya se vivieron angustias similares en el verano de 2011 y en la Navidad de 2012. ¿Hasta cuándo puede esto continuar? ¿Qué solución tiene?

El sistema norteamericano se caracteriza por una estricta división de poderes y por la existencia de numerosos instrumentos de contrapeso para evitar los abusos. El Congreso tiene el control de la elevación del límite de deuda para asegurarse de que el Gobierno gasta sólo lo presupuestado. No obstante, esa aprobación ha sido durante décadas oportunidad para que cada partido plantease sus demandas y cada cual dejara oír su voz. Esas negociaciones, que solían afectar a asuntos menores, se han ido resolviendo siempre sin mayores tensiones y sin que siquiera trascendieran a la opinión pública, hasta que el Tea Party llegó a Washington con la voluntad de aprovechar cada ocasión para impulsar sus reformas radicales.

En esta ocasión, lo que pedía para evitar la suspensión de pagos era nada menos que acabar con la reforma sanitaria de Barack Obama, el programa emblemático de su presidencia. Este enfrentamiento político llevó a EEUU a las puertas de la catástrofe económica y del ridículo internacional. Las consecuencias económicas son obvias: si una gran nación amenaza con no pagar sus deudas sólo puede provocar desconfianza y turbulencias de similares proporciones.

Pero son aún peores y más profundas las consecuencias políticas. Durante este periodo de crisis, Obama tuvo que ausentarse de una cumbre, donde cedió el protagonismo a China, y cancelar viajes a cuatro países de Asia, un territorio vital para la seguridad y la expansión económica de EEUU, probablemente el espacio en el que se disputa el liderazgo de la segunda mitad de este siglo.

La crisis ha relegado también a un segundo plano una apuesta tan fundamental de Obama como la reforma migratoria —que ya había sido aprobada en el Senado con la inclusión de una vía para la legalización de más de 11 millones de indocumentados— y ha dejado tan exhausta a la clase política que se hace casi imposible pensar en una agenda ambiciosa de cambios en todo lo que queda de presidencia, como el levantamiento de las sanciones de Irán, de cara a la normalización de relaciones con el régimen islámico.

No se puede descartar que esta crisis actúe como catalizador de un amplio acuerdo presupuestario que ha sido imposible durante años. Sin embargo, el Tea Party no es una fuerza política convencional y el Partido Republicano no posee una cabeza capaz de convocar a las mayorías. Si alguien controla al Tea Party, ese alguien no tiene un escaño en Washington. El final de esta crisis puede ser sólo el comienzo de otra aún más difícil de resolver.

Un daño ‘innecesario’ para el país

El presidente Barack Obama dijo que “no hay ganadores” tras haberse superado la parálisis parcial de la Administración de EEUU, que ha provocado un “daño innecesario” que seguramente frenó la recuperación económica.

El Mandatario hizo esas declaraciones en la Casa Blanca pocas horas después de firmar el acuerdo del Congreso para elevar el techo de la deuda y autorizar las asignaciones presupuestarias para el funcionamiento de las agencias federales, que estuvieron cerradas durante 16 días por falta de fondos. Nada ha hecho más daño a la “credibilidad” de EEUU como economía mundial de referencia “que el espectáculo al que hemos asistido”, que Obama definió como una “crisis fabricada”.

La noche del martes, al filo del plazo fijado por el Tesoro como el momento en el que no podría garantizar el pago de sus obligaciones sin un aumento de techo de deuda, el Congreso decidió autorizar las asignaciones presupuestarias para la Administración hasta el 15 de enero y elevar el tope de la deuda hasta el 7 de febrero.

Asimismo, el Presidente señaló a la reforma migratoria, que ha quedado pospuesta por esta crisis, y la ley agraria como otras de sus prioridades legislativas más urgentes durante su gestión.

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