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Diálogo de paz en Cuba suma a víctimas de guerra interna

Encuentro. Por primera vez   los afectados tienen la palabra

Llegada. Representantes de las víctimas del conflicto armado de Colombia arriban a La Habana, ayer.

Llegada. Representantes de las víctimas del conflicto armado de Colombia arriban a La Habana, ayer. EFE.

La Razón (Edición Impresa) / El País / La Habana

00:01 / 17 de agosto de 2014

Víctimas del conflicto entre el Estado colombiano y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) participaron por primera vez en los diálogos de paz que tienen lugar en La Habana, sede permanente de ese proceso.

En los anteriores intentos para terminar con el conflicto armado interno que ya suma cinco décadas las víctimas de la violencia, que sobrepasan los seis millones, no habían participado formalmente en las negociaciones de paz. Sin embargo, desde ayer, por una decisión conjunta del Gobierno colombiano y las FARC, 60 víctimas, escogidas en medio de una gran polémica, empiezan a llegar a La Habana en grupos de 12 personas. El propósito es iniciar una fase de los diálogos que se concentrará en cómo resarcir a los afectados por la guerra.

Entre los primeros elegidos hay víctimas de las FARC, de los paramilitares y del Estado. El primer grupo lo conforman afectados por secuestro, tortura, masacres, desaparición forzada, desplazamiento, violencia sexual y falsos positivos, como se conoce a las ejecuciones extrajudiciales realizadas por militares.

Hay siete mujeres y cinco hombres, indígenas y afrodescendientes. Entre éstos están Ángela María Giraldo, hermana de un diputado secuestrado y asesinado por las FARC; y Constanza Turbay, cuya familia de políticos murió a manos de la guerrilla. También Leyner Palacios, líder de las víctimas de la masacre de Bojayá en 2002, donde fallecieron un centenar de civiles en medio del fuego cruzado entre los paramilitares y las FARC.

Como lo habían anticipado los representantes de NNUU, la Universidad Nacional y la Iglesia (instituciones que se encargaron de la elección), la lista también incluye a  afectados de otros grupos armados como Débora Barros, líder indígena wayúu que perdió a cinco familiares en una incursión de los paramilitares en 2004. También está Janeth Bautista, cuya hermana fue torturada y asesinada por miembros de la Fuerza Pública, y Luz Marina Bernal, madre de un muchacho discapacitado que fue asesinado por militares y presentado como guerrillero muerto en combate.

No ha dejado de causar polémica el hecho de que si se trata de una negociación con las FARC, participen víctimas del paramilitarismo y aquellas que también causaron los militares y los policías. Pero la instrucción de los negociadores fue esa: tienen que representar a todo el universo de víctimas que ha dejado el conflicto colombiano. El presidente Santos también salió a defender esa decisión, aduciendo que si Colombia quiere la paz, hay que escuchar a todos los que han sufrido.

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