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Encerrar la nevada en una bola de cristal: una centenaria tradición vienesa

Las esferas de juguete ha alcanzado fama internacional por su antigüedad y se vende en el extranjero, principalmente en Japón y Estados Unidos, donde son muy populares.

La esferas de juguete. Foto: abc.com.py

La esferas de juguete. Foto: abc.com.py

La Razón Digital / José Vicente Bernabeu / EFE / Viena

10:19 / 23 de diciembre de 2013

La famosa noria de Viena, la catedral de San Estaban o el busto de la emperatriz Sisí: hace más de un siglo un inventor austríaco fue pionero en encerrar recuerdos y la magia de las nevadas en bolas de cristal.

El juguete creado por Erwin Perzy en 1900 fue ganando popularidad a lo largo del siglo XX y es recordado por muchos por haber sido utilizado en películas tan célebres como Mary Poppins o Ciudadano Kane, donde la pequeña esfera juega un papel clave en el guión.

En su pequeño taller en el que trabajan 15 empleados, el nieto del creador de las esferas de juguete vienesas se muestra orgulloso de haber continuado la tradición familiar durante tres generaciones.

"Todo está hecho a mano, con algunas excepciones. Las partes de plástico se producen en las máquinas de inyección de plástico pero el montaje y la pintura... el 90 por ciento de la producción está hecha a mano. Y todo está hecho aquí, en Viena", declaró a Efe Erwin Perzy III, director de la empresa.

Desde que en 1900 el abuelo de Perzy fabricara la primera bola de nieve con la miniatura de la basílica de Maria Zell (una ermita ubicada al sur de la capital austríaca) la firma ha cambiado poco, la esencia se mantiene.

Según explicó Perzy, la empresa recibe las bolas de cristal de una fábrica local, las rellena con la figurita, el agua y la "nieve artificial" y las sella con goma. Simple pero efectivo. De qué material está hecha "la nieve" que usan es todo un misterio. "Ese es mi mejor secreto", declaró Perzy, receloso.

El taller saca al mercado, desde seis euros, unas 200.000 esferas al año, la mayoría diseños regulares pero también algunos encargos especiales y bolas "únicas", especiales para coleccionistas, que solo venden en la tienda antes de Navidad.

"A veces los clientes vienen con deseos especiales para nosotros, recibimos muchas ideas pero yo solo tengo dos manos, no es suficiente para hacer que todas mis ideas se hagan realidad", señaló Perzy, quien se encarga del diseño de las bolas junto a su hija.

Aunque es en los meses previos a la Navidad cuando la empresa registra más actividad, las bolas se venden durante todo el año.

El juguete ha alcanzado fama internacional por su antigüedad y se vende en el extranjero, principalmente en Japón y Estados Unidos, donde son muy populares. Tanto es así, que Perzy exporta la mitad de la producción anual.

Además de las típicas bolas de 'souvenir' con monumentos o muñecos de nieve (una de las reproducciones más populares), el taller realiza encargos especiales para películas, empresas y celebridades, como los expresidentes de EEUU Bill Clinton y Ronald Reagan.

El actual mandatario estadounidense, Barack Obama, recibió una de estas bolas del pequeño taller vienés, por encargo de la Casa Blanca, para su toma de posesión en enero de 2009.

"Nunca montamos armas ni cosas relacionadas con la guerra ni con matar a gente, pero hacemos todas las otras cosas que te puedas imaginar, incluso el sexo puede ser un tema", aseguró el austríaco.

A esta actividad se ha dedicado la familia Perzy desde hace 113 años, cuando el abuelo del actual dueño descubrió por accidente cómo podía fabricar el emblemático juguete mientras intentaba crear una lente con luz incorporada para los cirujanos de un hospital de Viena.

"A mi abuelo le encargaron que mejorara la bombilla de (Thomas Alva) Edison porque querían usar la luz en el hospital, él llenó de agua un globo de metal para ampliar la visión y le metió sémola de arroz para ver si así el globo iluminaba más, y así nació la idea", relató Perzy.

Al ver cómo la sémola se precipitaba lentamente hacia el poso, Erwin Perzy I pensó en que ésta caía como la nieve. A partir de ahí, habló con un amigo suyo que vendía recuerdos en la basílica de María Zell (una iglesia al sur de Viena) y creó la primera bola con la miniatura de la ermita.

Tal fue el éxito que tuvieron las bolas, que el emperador Francisco José I, condecoró a Perzy con un premio al mejor fabricante de juguetes de Austria.

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