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Encuentran restos de un VAMPIRO medieval en zona búlgara

Un equipo de arqueólogos búlgaros anunció días atrás el descubrimiento del esqueleto de un hombre joven que vivió entre el siglo XIII y XIV, y al que le clavaron un arado de hierro en el pecho para evitar que tras su muerte se convirtiera en vampiro.

La Razón (Edición impresa) / EFE / Sofía y Dublín

00:00 / 08 de septiembre de 2013

Un equipo de arqueólogos búlgaros anunció días atrás el descubrimiento del esqueleto de un hombre joven que vivió entre el siglo XIII y XIV, y al que le clavaron un arado de hierro en el pecho para evitar que tras su muerte se convirtiera en vampiro.

El hallazgo fue anunciado por Nikolay Ovcharov, jefe del equipo arqueológico que desde hace años trabaja para documentar un antiguo complejo urbano situado en Perperikov, en el sur de Bulgaria. “El hombre enterrado en vida tenía entre 35 y 40 años. Monedas de bronce que encontramos entre sus dientes muestran el periodo en el que vivió. Tenía clavado en la parte izquierda de su torso, entre el cuello y el pecho, un arado de hierro”, declaró.

Las creencias vampíricas procedentes del paganismo las preservaron los cristianos en los Balcanes durante la Edad Media, cuando se pensaba que además del hierro, podían utilizarse estacas de madera para atravesar el corazón del muerto, cubrirlo con ascuas o atar sus extremidades para evitar su conversión en vampiro.

Un hallazgo similar en junio de 2012 en la pequeña ciudad de Sozopol, a orillas del Mar Negro, reveló los restos de un hombre que vivió en el siglo VIII o IX y que tenía un hierro clavado en el corazón, lo que causó un gran revuelo en el país balcánico.

Su descubridor, el director del Museo Nacional de Historia, Bozhidar Dimitrov, explicó entonces a EFE que ese rito se practicaba con personas consideradas malvadas o con quienes se ocupaban de algo que la sociedad no entendía, como por ejemplo investigaciones científicas o médicas. Entonces se creía que después de morir “esas personas se convertían en vampiros y torturaban y atormentaban a los vivos, además bebían su sangre durante la noche”, explicó Dimitrov.

Según la costumbre, en la noche inmediatamente después del entierro, y siempre antes de medianoche, cuando se creía que el difunto se convertía en vampiro, un grupo de valientes exhumaba el cadáver y le clavaba un hierro en el pecho. “Se creía que el peso del metal no le permitiría al muerto levantarse y vagabundear en la noche, bebiendo sangre de la gente”.

Varios medievalistas búlgaros explicaron que en aquella época se creía que las personas con anomalías físicas, como por ejemplo, tener un cráneo más grande de lo habitual o joroba, eran vampiros.

Aunque las leyendas sobre el vampirismo en los Balcanes tienen muchos siglos de antigüedad, el mito moderno se debe a la novela Drácula, publicada en 1897 por el irlandés Bram Stoker y basada en cuentos populares de la región.

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