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Exmayordomo del Papa recibe condena de 18 meses de prisión

Paolo Gabriele, el exmayordomo del Papa condenado a 18 meses de cárcel por robar y difundir documentos reservados de Benedicto XVI, era considerado no excesivamente espabilado pero de mucha fidelidad, la que rompió, según dijo, para salvar a la Iglesia.

Sentencia. El hombre de confianza del Papa (c) ingresa a la audiencia.

Sentencia. El hombre de confianza del Papa (c) ingresa a la audiencia. Foto: AFP

La Razón / EFE / Vaticano

01:34 / 07 de octubre de 2012

“He actuado por amor, diría visceral, hacia la Iglesia de Cristo y a su jefe visible (el pontífice Benedicto XVI)”, dijo ayer Paoletto, como es conocido, ante el juez pocos minutos antes de que le condenara.

Convencido de que no es un ladrón, Paoletto traicionó la fidelidad al Papa, según expresó, porque le consideraba una persona manipulable y mal informada, por lo que él se sintió en la obligación de revelarle lo que ocurría en el Vaticano. Y no quedó ahí, pues en su justificación agregó que se sentía “infundido por el Espíritu Santo”, que le pedía actuar así.

Esa vertiente de Gabriele, conocida durante los interrogatorios y el juicio, hizo añicos la imagen que se tenía de él: buena persona, educada, muy pía, de comunión diaria y que, aunque en el trabajo no despuntaba, era honrado y leal y por eso estaba al lado del Pontífice.

Nacido en Roma hace 46 años, casado y con tres hijos, Gabriele trabajaba en el apartamento papal desde 2006, tras estar al servicio de la Casa Pontificia, donde se dedicaba a la limpieza de las oficinas vaticanas. Siempre dispuesto a dar una mano, Paoletto fue haciendo amistades, hasta que fue propuesto para trabajar en el apartamento papal para cubrir el puesto del mayordomo jubilado Angelo Gugel.

Asistía a la misa matinal que oficiaba Benedicto XVI, le acompañaba en todos sus desplazamientos y se encargaba de organizar sus maletas, ropas, etc.

De tez morena, siempre vestido impecable con camisa blanca y traje negro y permanentemente discreto, nadie pensaba que este hombre de comunión diaria, al que el Papa quería como a un hijo, según dijo a los jueces, pudiera ser Il Corvo, el cuervo, como se conoce en Italia a la persona que robó y filtró los centenares de documentos reservados del Pontífice. Esos archivos saltaron a la luz pública en varios programas de televisión italiana y conformaron el libro Sua Santita, de Gianluigi Nuzzi, que desveló secretos e intrigas vaticanas.

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