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Las FARC, medio siglo de lucha sin llegar al poder

Cifra. En los años 90 había aproximadamente 16.000 combatientes, hoy son unos 8.000.

La Razón (Edición Impresa) / AFP / Bogotá

00:00 / 25 de mayo de 2014

Surgida en plena Guerra Fría, la guerrilla de las FARC cumple medio siglo sin opciones de tomar el poder en Colombia, como soñaron sus fundadores, y comprometida en un plan de paz para cerrar un conflicto que desafió a 12 gobiernos y dejó millones de víctimas.

En este tiempo las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC, comunistas) persistieron en una guerra de guerrillas de origen campesino que involucra a Estados Unidos y que desde los años 80 alimenta el narcotráfico, combustible de las otras violencias que se superponen en el país.

El 27 de mayo de 1964 “se produce el primer combate. A mucho honor fui yo quien disparó ese primer tiro ese día”, recordó apoyado en un bastón Jaime Guaracas, de 76 años, uno de los guerrilleros más viejos del mundo.

La agrupación armada tuvo ese día su bautizo de sangre. El Ejército lanzó un ataque para reconquistar unas zonas del centro-oeste bajo influencia comunista conocidas como“repúblicas independientes”.

Al frente de medio centenar de exguerrilleros campesinos sobrevivientes de la violencia de los años 50, entre liberales y conservadores, estaba Manuel Marulanda, fundador de las FARC que falleció en 2008 a los 77 años aparentemente de muerte natural.

“Los cinco guerrilleros que habían quedado en (la localidad de) Marquetalia huyeron, se reunieron con Tirofijo y escaparon”, evocó el general retirado Álvaro Tovar, de 93 años y quien encabezó como coronel la ofensiva.

Ese ataque contra “50 familias fue embrión de lo que 40 años después era un centenar de frentes de las FARC”, con unos 16.000 combatientes hacia finales de los años 90, según el escritor y periodista Antonio Caballero.

Las FARC emergieron como una amenaza para la seguridad: miles de militares muertos o retenidos, tomas sangrientas de cuarteles y raptos masivos de civiles las volvieron temibles.

Hoy las FARC, con una fuerza diezmada de 8.000 combatientes, se enfrentan a un Estado con casi medio millón de militares y policías, y por cuarta vez tratan de negociar la paz e integrarse a la política, tras los fallidos intentos de 1984, 1991 y 1998.

Después de las FARC surgieron otras guerrillas en Colombia, como el Ejército de Liberación Nacional (ELN), todavía activo; y luego los paramilitares de derecha que en su guerra contra los rebeldes agravaron el conflicto.

De acuerdo con el Centro de Memoria Histórica, el enfrentamiento interno dejó unos 220.000 muertos entre 1958 y 2012, y Acnur (Agencia de la ONU para los Refugiados) cuenta 4,5 millones de desplazados. El gasto militar pasó del 1,6% del Producto Interno Bruto en 1985 al 3,3% en 2012.

Tradicionalmente fuertes en el abandonado sector campesino, pero con menor influencia en ciudades, las FARC alentaron en principio la lucha radical agraria a la que se sumaron intelectuales universitarios.

Adoptaron el discurso marxista-leninista con la idea de tomar el poder, pero los golpes que recibieron a partir del gobierno de Álvaro Uribe (2002-2010) acabaron con el mito de que los guerrilleros solo morían de viejos.

“Hoy no tienen posibilidad de llegar al poder” por las armas, pero tampoco de ser “derrotados totalmente”, según el sociólogo Alfredo Molano, autor de varios libros sobre la guerrilla.

Marulanda, el líder ‘Tirofijo’

Erik Ortega

El lunes 26 de marzo de 2008   murió en la selva colombiana el que otrora fuera el agricultor Pedro Antonio Marín. Luego se hizo conocer como Manuel Marulanda Vélez y el Ejército de Colombia lo bautizó con el sobrenombre de Tirofijo. Lo mató un ataque cardiaco, o dicho de otra manera tuvo una muerte natural, según los reportes periodísticos de la época.

El portal BBC Mundo explica que Marulanda tenía 80 años cuando falleció y entonces era el guerrillero más viejo del mundo. Además, hasta el día de su deceso estuvo entre  montañas y selvas. “Pasó tres cuartas partes de su vida alzado en armas”, narra la página electrónica.

El diario argentino Clarín escribió sobre él: “Nació el 12 de mayo de 1928 en Génova, un poblado de la región cafetera de Colombia en un humilde hogar de agricultores. Fue el mayor y más temperamental de cinco hermanos. Cursó algunos años de primaria y, a los 13 años, agobiado por las limitaciones de la pobreza, se marchó del hogar. Fue panadero, vendedor, carnicero o cualquier oficio que le reportara algunas ganancias para cumplir su sueño: comprar una finca con animales”.

Era partidario de los liberales y decidió hacerse guerrillero el 9 de abril de 1948 cuando fue asesinado el caudillo Jorge Eliécer Gaitán.Junto a miles de hombres fundó las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) y puso en jaque a los gobiernos colombianos... hasta aquel lunes de marzo del 98.

El proceso de pacificación cumple dos años

Erik Ortega

“Lo que más le conviene a mi país, lo que más necesita, es vivir en paz. Vivimos 50 años de guerra, 50 años matándonos entre hermanos en una misma nación”, dijo el presidente José Manuel Santos a la agencia AFP. Llamó a las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) a “cambiar las balas por los votos”.

El Mandatario impulsó el diálogo de pacificación entre el Gobierno de Colombia y las FARC; el proceso ya lleva dos años en Cuba, inició en noviembre de 2012.

Ambas partes acordaron alcanzar un acuerdo final para terminar el conflicto y contribuir a la construcción de la paz estable y duradera. Se determinó que la sede para poner en marcha este proyecto sea La Habana (Cuba).

Ya hay logros. Hace una semana los guerrilleros y el Ejecutivo firmaron un pacto que prevé una campaña de erradicación de los cultivos ilícitos de coca, con la posibilidad de erradicaciones forzosas en caso de que algunos se nieguen a dejar de cultivar, según AFP.

Votación. La elección presidencial que se realiza esta jornada tiene como telón de fondo el proceso de paz del Gobierno con la guerrilla. Según EFE, el país está dividido entre defensores y enemigos del diálogo que buscan poner fin a medio siglo de conflicto.

Es más, el tema de la pacificación y negociación con la guerrilla estuvo en las agendas de los cinco candidatos presidenciales.

El actual gobernante y candidato oficialista, Santos, hizo de este proceso de pacificación una bandera de su gestión. Mientras que su contendiente principal, el uribista Óscar Iván Zuluaga, es un constante crítico de este tema.

La hora de la paz

Élber Gutiérrez Roa

En medio de un candente debate electoral y tan polarizada como de costumbre, Colombia asiste a un proceso de negociación política con las FARC, con miras a ponerle fin a un conflicto armado que cumple 50 años. Una eternidad. Muchas, porque en dos siglos de independencia de España, Colombia  tuvo cerca de 20 guerras internas hasta llegar a la época del surgimiento de las guerrillas, de entre las cuales la de las FARC es la única activa en América Latina.

En Colombia, la geografía del país está llena de cicatrices de la violencia que en nombre del pueblo se ha ensañado contra el mismo pueblo. Aunque buena parte de las élites no lo quieran reconocer, el eterno conflicto tiene su origen en las desigualdades y en la equivocada distribución de la tierra. Eso, en plena Guerra Fría, derivó en el surgimiento de las guerrillas, que lograron apoyo popular, aunque no suficiente para llegar al poder por la vía de las armas. Y no pudieron, entre otras cosas, porque los terratenientes, algunos miembros del Ejército, narcotraficantes y hasta guerrilleros desertores se unieron para conformar los grupos paramilitares que respondieron con más violencia a la barbarie guerrillera. Las FARC entraron en el negocio de las drogas ilícitas, masificaron el secuestro como arma para intimidar, se desnaturalizaron.

Ese poder mafioso las llenó de soberbia y hasta hizo que desperdiciaran oportunidades de diálogo como en el gobierno de Andrés Pastrana, que fracasó por errores mutuos. Le siguieron 12 años de mano dura de los presidentes Álvaro Uribe y Juan Manuel Santos.

El país está dividido en dos: los que quieren que el proceso funcione y se firme una paz que conduzca por fin a la desmovilización y reintegración de los guerrilleros a la vida civil. Y la de quienes creen que es mejor continuar con la vía militar hasta acabar con la guerrilla, cosa bastante improbable a la luz de la  experiencia internacional.

Élber Gutiérrez Roa es jefe de Redacción de El Espectador.

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