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Francisco I, un "Papa de barrio"

Las hermanas de la comunidad cuentan que Bergoglio suele tomarse el ómnibus desde el centro de la ciudad para ir a visitarlas y, si se toma un té con ellas, luego hasta lava él mismo la taza

La Razón / EFE, Natalia Kidd / Buenos Aires

22:10 / 13 de marzo de 2013

Francisco I será un "Papa de barrio", al menos así lo llaman ya en Flores, la vecindad de clase media de Buenos Aires en la que nació hace 76 años Jorge Bergoglio y donde destacan la "humildad" del nuevo pontífice.

"Está casa está bendecida. Tengo una emoción... pensar que nació y vivió aquí", dijo a Efe Marta Romano, dueña desde hace 35 años de la casa en la que nació quien desde hoy conduce la Iglesia Católica.

Marta y su esposo, Arturo, abren las puertas de su hogar, una casa de unos 80 metros cuadrados, sencilla, de gente trabajadora, ahora reformada y de dos plantas, pero de un solo piso en tiempos en que Bergoglio era un niño.

Atrás, un patio, que supo tener una parrilla, un limonero y un árbol de pomelo, y que seguramente fue testigo de los juegos infantiles del que hoy ha dejado de ser arzobispo de Buenos Aires para convertirse en Papa.

A pocos metros, vive Osvaldo Dapueto, de 68 años, uno de sus amigos en la niñez, cuyo padre, odontólogo, atendía allí mismo a los Bergoglio.

La recuerda como una familia de cuatro hijos, "muy humilde", "de mucho trabajo",  como la mayoría de los vecinos de Flores, una barrio del área centro-oeste de la capital argentina donde aún se conserva ese mística cotidiana de la buena vecindad.

Mario, padre de Jorge, trabajó como empleado ferroviario y luego como operario de una fabrica textil. Su madre, Regina, fue ama de casa. Bergoglio tuvo tres hermanos, que ya no viven en Flores.

"Éramos muy buenos vecinos. Era un chico muy estudioso. A veces compartía algo de tiempo con nosotros, pero se dedicó siempre a estudiar mucho, no era un vago como nosotros", recuerda Osvaldo.

En la esquina opuesta, una plaza pequeña. Allí, dice Osvaldo, jugó alguna vez al fútbol con el que hoy es el Sumo Pontífice.

Aclara, sin embargo, que no era buen futbolista. En esta barriada, como en la mayoría de las comunas de Buenos Aires, este deporte forma parte de la vida cotidiana. Bergoglio es del San Lorenzo, club, curiosamente, fundado por un sacerdote. El estadio del azulgrana, o "el Santo", como también le llaman, está, precisamente, en Flores.

Por suerte para la Iglesia, Bergoglio se inclinó por los estudios y no por el balón, por la disciplina jesuita y no por las correrías de niños en las calles.

"No se llega a Papa siendo revoltoso. Pero es un Papa de barrio, el Papa de Flores", dice orgulloso Osvaldo, quien siguió en contacto con Bergoglio y a quien describe como "un hombre de una lucidez extraordinaria y de una capacidad increíble, con un altísimo vuelo intelectual".

A la vuelta de la esquina, Marta, quien también le conoció desde la infancia, coincide en recordar que el pequeño Jorge "no era de estar tanto en la calle jugando", como los otros chicos del barrio, "sino más bien más estudioso".

Rafael, esposo de Marta, describe al nuevo Papa de un modo simple pero, que en pocas palabras, dice mucho: "Es una buena persona". Justo en frente, apenas cruzando la calle, está la iglesia Santa Francisca Javiera Cabrini, una pequeña parroquia que hoy se revolucionó con el "habemus papam".

Adentro, la gente canta. Aparecieron carteles con los colores papales, con el nombre de Francisco I y fotos de Bergoglio en una de las tantas misas que suele celebrar allí.

"Vino a mi fiesta de quince años. Es un ser maravilloso. Humilde. Un Papa maravilloso", dijo una feligresa y vecina del barrio que pidió no ser nombrada.

Para este domingo próximo en la agenda del hasta hoy cardenal primado de Argentina había marcado un compromiso que ya no cumplirá: iba a celebrar misa para las Hijas de Nuestra Señora de la Misericordia en el colegio que, a una cuadra de su casa natal, hizo el jardín de infantes y tomó la primera comunión.

"Cuando murió la hermana Dolores, que era la maestra que lo había preparado para la primera comunión, estuvo toda la noche arrodillado en oración en la capilla, al lado de ella. ¡Es un santo este hombre!", aseguró la hermana Marta, que no puede ocultar su alegría.

Las hermanas de la comunidad cuentan que Bergoglio suele tomarse el ómnibus desde el centro de la ciudad para ir a visitarlas y, si se toma un té con ellas, luego hasta lava él mismo la taza.

"Es sencillo. Siempre viene en ómnibus. El siempre fue así, una persona muy sencilla", atestigua la hermana Teresa, que ya se prepara para contarle mañana a los niños del colegio que el nuevo Papa jugó y rezó donde ellos lo hacen diario.

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