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Francisco abre la puerta para discutir el celibato en la Iglesia

Polémica. Juan Pablo II y Benedicto XVI rechazaron una apertura

Viaje. El papa Francisco sube las escalinatas de un avión en Tierra Santa.

Viaje. El papa Francisco sube las escalinatas de un avión en Tierra Santa. EFE.

La Razón (Edición Impresa) / Erick Ortega / La Paz

01:19 / 28 de mayo de 2014

Uno de los pilares de la Iglesia Católica está en el ojo de la tormenta: el celibato. El papa Francisco dejó una “puerta abierta” para tratar el tema. Esto va a contramano de la voluntad de sus predecesores Juan Pablo II y Benedicto XVI, respectivamente.

El celibato no es un tema nuevo. El periódico español El Mundo explica que a finales de los años 80 algunas conferencias episcopales, como las de Brasil y Sudáfrica, solicitaron al pontífice Juan Pablo II que reconsiderase la obligación del celibato. La respuesta fue negativa.

El polaco Karol Wojtyla tenía una idea clara al respecto. El 26 de enero de 2004, cuando recibió a obispos franceses de las provincias eclesiásticas de Montpellier y Tolosa, explicó:

“La castidad en el celibato tiene un valor inestimable. Constituye una clave importante para la vida espiritual de los sacerdotes, para su compromiso en la misión y para su adecuada relación pastoral con los fieles, que no debe basarse en aspectos afectivos, sino en la responsabilidad de su ministerio”, según coinciden los portales zenit.org y conocereisdeverdad.org.

Ratzinger. El antecesor del argentino Jorge Mario Bergoglio, el alemán Joseph Ratzinger, proclamado Benedicto XVI, fue cambiando su posición al respecto. La edición digital de El País, el 29 de enero de 2011, escribió: “En 1970 Joseph Ratzinger pensaba que el celibato no era una institución intocable. Más que eso: era partidario de reformarlo y de que la Iglesia Católica volviera a la tradición antigua oriental: curas casados, obispos célibes”.

Basa su afirmación en un documento titulado Negro sobre blanco. El texto nunca publicado fue firmado por el monarca de la Iglesia, cuando aún no ocupaba ese cargo. Era un informe preparatorio pedido por la Conferencia Episcopal Alemana de cara al sínodo de los obispos que se iba a celebrar en Roma. Por entonces, los teólogos alemanes decían que “la obligación de la soltería era una de las principales causas de la falta de vocaciones y de jóvenes curas”, según el diario.

Después, aquella postura revolucionaria cambió. El 4 de junio de 2012 el diario español La Razón informó: “El papa (Ratzinger) ha destacado que el celibato sacerdotal y la virginidad consagrada son ‘signo luminoso’ de la caridad pastoral y de ‘un corazón indiviso’ porque el amor por Jesús que vale para todos los cristianos, ‘adquiere un significado singular para el sacerdote célibe y para quien ha respondido a la vocación de la vida consagrada’ ya que ‘solo y siempre en Cristo se encuentra la fuente y el modelo para repetir cotidianamente el sí a la voluntad de Dios’”. Esta postura fue parte de su meditación durante la celebración de la liturgia en el Duomo de Milán, en Italia.

Sin embargo, casi dos años después de este cambio de actitud, el lunes, Bergoglio, quien adoptó el nombre de Francisco, dejó una “puerta abierta” en la cuestión de la reforma del celibato sacerdotal. “La Iglesia Católica tiene curas casados. Católicos griegos, católicos coptos hay en el rito oriental”, sostuvo. Luego, agregó: “No se debate sobre un dogma, sino sobre una regla de vida que yo aprecio mucho y que es un don para la Iglesia”.

El pedido de 26 mujeres de curas

Carta

El martes 20 de mayo, 26 mujeres “comprometidas sentimentalmente con un sacerdote o religioso” escribieron a Francisco para exponerle su situación y pedirle que “bendiga su amor”.

Solicitud

Afirmaron “amar mucho a la Iglesia” Católica y mostraban su esperanza en que el sacerdocio del hombre con el que comparten la vida y su amor mutuo pueda ser vivido conjunta y plenamente.

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