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Hace 70 años se cerró el centro de exterminio de Auschwitz

Es el campo que levantó el régimen nazi al mando de Adolf Hitler durante la Segunda Guerra Mundial, en la que fueron asesinadas millones de personas

Info 70 años de Auschwitz.

Info 70 años de Auschwitz.

La Razón (Edición Impresa) / El País / Madrid

01:47 / 28 de enero de 2015

El sistema de exterminio nazi implicó a todos los estamentos del Estado, toda la administración alemana colaboró de una forma u otra con el Holocausto. Y todo se puede resumir en un lugar: Auschwitz-Birkenau, de cuya liberación se cumplió el 70 aniversario.

Solo dos meses después de la llegada de Adolf Hitler al poder en Alemania, los nazis abrieron el primer campo de concentración, en 1933. Pero cuando comenzaron a llevar a cabo la “Solución Final”, la exterminación de los judíos de Europa, el sistema de los Lager dio un salto en el horror. El Estado hitleriano instauró dos tipos de campos, los de concentración, destinados a matar con trabajo esclavo a todo tipo de enemigos políticos, y a aquellos que consideraban elementos racialmente impuros, desde judíos hasta homosexuales, comunistas o republicanos españoles, y los de exterminio, destinados a la aniquilación directa de seres humanos en cámaras de gas, todos ellos situados en la Polonia ocupada.

El historiador Raul Hilberg en una entrevista con El País explicó la evolución del antisemitismo enfermizo de los nazis hasta el Holocausto: las primeras leyes raciales, las primeras persecuciones, los guetos y, desde el inicio de la Segunda Guerra Mundial, los llamados Einsatzgruppen, los batallones de ejecución que en Polonia y en la antigua URSS (Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas) asesinaron a millones de judíos a cielo abierto. Pero los arquitectos de la “Solución Final” consideraron este método insuficiente, por su lentitud y por la enorme presión psicológica que ejercía sobre los asesinos.

Surgió una de las ideas más diabólicas de la historia, el exterminio industrial de un grupo étnico con cámaras de gas. Se crearon seis campos de exterminio, en la Polonia ocupada, todos situados cerca de nudos de comunicaciones: Chelmo, Belzec, Treblinka, Sobibor, Maidanek y Auschwitz-Birkenau. Este último era diferente de los demás, por su gigantismo y porque era un campo de concentración, del que dependían decenas de pequeños Lager.

Birkenau, donde estaban las cámaras de gas y los hornos crematorios, era una ciudad de la muerte, que llegó a contener 70.000 presos a la vez. Pero existía un sistema de campos de concentración satélites, en los que se utilizaba el trabajo esclavo de los presos, sometidos a todo tipo de tormentos de hambre, maltrato físico, miedo y terror.

Las cifras son tan salvajes que resultan casi imposibles de imaginar: por el complejo de Auschwitz pasaron 1,3 millones de deportados, de los que sobrevivieron 200.000. Un millón de los presos fueron judíos de casi todos los países de Europa, 450.000 de ellos húngaros. Murieron también gitanos, presos políticos polacos, prisioneros de guerra soviéticos, homosexuales, testigos de Jehová... Treblinka, que era un campo relativamente pequeño, estaba pensado solo para matar. A diferencia de Auschwitz, no se producían habitualmente selecciones de presos para determinar quién debía morir y quién debía vivir. Todos estaban destinados a la muerte. Aquí, de nuevo, la cifra supera la razón: entre julio de 1942 y octubre de 1943, 750.000 seres humanos fueron asesinados.

Auschwitz, que estuvo operativo entre junio de 1940 y el 27 de enero de 1945 cuando fue liberado por las tropas soviéticas, encarna ese sistema, que tenía como objetivo la aniquilación física, pero también moral de las víctimas. En eso todos los campos eran iguales. Como escribió Primo Levi, “en la práctica cotidiana de los campos nazis se realizaban el odio y el desprecio difundido por la propaganda nazi. Aquí no estaba presente solo la muerte sino una multitud de detalles maniacos y simbólicos, tendentes todos a demostrar que los judíos, y los gitanos, y los eslavos, son ganado, desecho, inmundicia”.

Un enclave polaco que fue crucial

Ubicación

Auschwitz se encuentra en Polonia (a unos 43 kilómetros al oeste de Cracovia), que cayó en manos alemanas durante la Segunda Guerra Mundial. Ahí se instalaron los campos de concentración y de exterminio, entre 1940 y 1945.

Nudo

La importancia de aquel complejo se explica en la situación geográfica de Auschwitz, el más gigantesco campo de la muerte nazi. En ese lugar se encontraba un importante nudo de comunicaciones ferroviario.

Supervivientes recuerdan el Holocausto

EFE

Supervivientes del Holocausto y jefes de Estado compartieron emociones intensas ayer en Auschwitz, 70 años después de la liberación del campo de exterminio nazi, y mostraron su solidaridad y su voluntad de actuar contra el antisemitismo creciente en Europa.

“Creí que me incinerarían aquí y que jamás viviría la experiencia de mi primer beso. Pero, no sé cómo, yo, una niña de 14 años, sobreviví”, contó Halina Birenbaum, nacida en Varsovia en 1929 y que estuvo en cuatro campos nazis, incluido Auschwitz, durante su infancia.

El presidente polaco, Bronislaw Komorowski, que abrió la ceremonia oficial con un saludo a los supervivientes, expresó “respeto y reconocimiento” a los soldados soviéticos que liberaron Auschwitz.

La ceremonia, a la que asistieron unos 300 supervivientes y varios jefes de Estado como el presidente francés François Hollande, el alemán Joachim Gauck y el ucraniano Petro Poroshenko, tuvo lugar bajo un inmenso toldo blanco situado ante la entrada del campo de Auschwitz-Birkenau, cubierto de una espesa capa de nieve.

El papa Francisco envió un mensaje en diez idiomas a sus 7,5 millones de seguidores en Twitter: “Auschwitz es un grito de dolor que, en ese gran sufrimiento, está pidiendo un futuro de respeto, de paz y de encuentro entre los pueblos”. Por su parte el presidente norteamericano, Barack Obama, se comprometió a “no olvidar nunca” a los seis millones de judíos y muchos más que murieron a manos de la Alemania nazi.

Antes de subir al avión con destino a Auschwitz, Hollande denunció, en el Memorial de la Shoah (Holocausto) en París, el “azote” del antisemitismo, que lleva a algunos judíos a preguntarse respecto a su presencia en Francia.

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