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Nuevas marchas en Brasil, pese al pronunciamiento de Rousseff

Detonante. El incremento de las tarifas del transporte público desató la ira de los jóvenes

Alcance. Las protestas se iniciaron en Sao Paulo y Río, luego se extendieron a Brasilia y a otras ciudades.

Alcance. Las protestas se iniciaron en Sao Paulo y Río, luego se extendieron a Brasilia y a otras ciudades. AFP.

AFP y EFE / Brasilia

00:03 / 23 de junio de 2013

Pese al pronunciamiento conciliador de la presidenta Dilma Rousseff, comprometiéndose a encarar el mejoramiento de los servicios públicos, nuevas manifestaciones fueron convocadas en Brasil, sobre todo en las ciudades donde se disputan partidos de la Copa Confederaciones.

El viernes por la noche, Rousseff se comprometió a escuchar “las voces de la calle”, y propuso un pacto con las autoridades de todo el país para mejorar los servicios públicos. Asimismo, admitió que se precisan “formas más eficaces de combate a la corrupción”, en un pronunciamiento a la nación tras las multitudinarias protestas que llevaron a más de un millón de personas a las calles en la semana que termina.

Incluso una de las propuestas de la Mandataria contempla destinar a la educación el 100% de los recursos de las regalías que el Estado recibe del petróleo, medida que debe ser aprobada por el Congreso.

       A pesar de estas ofertas, el Movimiento Pase Libre de Sao Paulo (MPL), que desató el movimiento de protesta contra el alza del precio del transporte hace casi dos semanas, anunció que mantendrá las movilizaciones. En efecto, este sábado, las convocatorias de protesta en las calles seguían a través de las redes sociales. En Belo Horizonte, la tercera mayor ciudad en el sureste de Brasil, fue convocada una manifestación rumbo al estadio Mineirao, donde se jugaba el partido por la Copa Confederaciones Japón-México. La ciudad anunció fuertes medidas de seguridad.

También en Salvador de Bahía, noreste, se convocó a una protesta coincidiendo con el clásico Brasil-Italia. Lo propio ocurrió en otras 12 urbes, incluidas Brasilia y Sao Paulo, donde se convocó a protestar contra una reforma constitucional que prevé retirar de las fiscalías públicas el poder de investigación. Al percibir que esta cuestión ha sido levantada por los manifestantes, que ven a la Fiscalía como un actor contra la corrupción, el Congreso aplazó la votación para aprobar la mencionada reforma. “No nos sirve que aplacen, queremos que sea cancelada”, proclama la convocatoria.

Críticas. Las protestas callejeras se iniciaron hace dos semanas contra un aumento del precio del transporte público y continuaron en reclamo de mejoras en la salud y educación, contra la corrupción y los millonarios gastos públicos en la Copa Confederaciones y el Mundial 2014.

Cualquier visitante que se sube a un autobús de la mayoría de las ciudades de Brasil entiende el enfado de las miles de personas que salieron a las calles. Lo pudo constatar, por ejemplo, Rubens Rugani, de 24 años, quien tarda por lo menos una hora en recorrer sólo 11 kilómetros hasta su trabajo en el centro de Sao Paulo, eso con tránsito normal, sin accidentes o sin la lluvia.

Además, el valor del transporte está entre los más altos del continente. Los billetes cuestan tres reales (unos 1,36 dólares), mientras que el salario mínimo es de 339 dólares. La red de metro, con poco más de 74 kilómetros, es insuficiente para atender la demanda de una población de más de 11 millones en Sao Paulo. Rugani gasta por ejemplo el 30% de su sueldo tan sólo en ir a trabajar.

Redes sociales, un nuevo espacio de protesta

Torrentes de tweets, comentarios en Facebook, millares de fotos publicadas en Instagram. Jóvenes marchando con una bandera en la mano y un celular en la otra para no perder registro: las redes sociales son las otras calles y plazas de las protestas en Brasil. Son el gran canal de comunicación que se mantiene con fuerza tras casi dos semanas de protestas que dejaron al mundo con la boca abierta, acostumbrado a la idea de que las calles del país sólo se agitan en Carnaval.

La frase “el gigante despertó” se convirtió en el lema y el mensaje se regó como pólvora gracias a la internet. “Cuando el pueblo despierta, el Gobierno no duerme”, tuiteó un joven. “Se demoró en despertar y ahora se va a demorar en volver a dormir”, alertó otro. “Basta de corrupción” es otro de los emblemas favoritos en un país donde recientemente se realizó un histórico juicio por corrupción contra altas figuras del gobernante Partido de los Trabajadores, que lleva diez años en el poder, desde la ascensión de Lula da Silva en 2003. En la red también llovieron comentarios sobre el discurso del viernes de la mandataria Dilma Rousseff, en el que se comprometió a atender las demandas. “Espero que cumpla todo lo que dijo. Quiero plazos”, exigió una usuaria de Twitter.

“La presidenta se salió bien en su pronunciamiento. No fue arrogante, al contrario, fue humilde aceptando que las voces de la calle tienen que ser escuchadas”, declaró el comentarista de O Globo, Merval Pereira, habitualmente crítico del Gobierno. Para el senador opositor socialdemócrata Alvaro Dias, fueron en cambio “palabas al viento”, citado por el sitio G1.

La ola de protestas, que nació contra el reajuste en el precio del transporte público, derivó en un reclamo generalizado contra “todo lo que está mal en este país”, como dijo a la AFP un joven durante una marcha en Sao Paulo.

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