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Palestinos e israelíes oran por la paz junto al Papa

Histórico. Los presidentes de Israel y Palestina se reunieron en los jardines del Vaticano a petición de Francisco

Encuentro. Simon Peres, el papa Francisco y Abu Mazen juntos en el Vaticano, el domingo.

Encuentro. Simon Peres, el papa Francisco y Abu Mazen juntos en el Vaticano, el domingo. AFP.

La Razón (Edición Impresa) / EFE / Ciudad de El Vaticano

00:03 / 09 de junio de 2014

Los presidentes de Israel, Simón Peres, y de la Autoridad Nacional Palestina (ANP), Mahmud Abás, señalaron este domingo ante el papa Francisco que están preparados para intentar conseguir lo antes posible la paz en Oriente Medio, y oraron en tal sentido.

La reunión, que tuvo lugar en los jardines del Vaticano, se produjo después de que el Papa invitase a ambos mandatarios a su “casa” para rezar por la paz durante su viaje a Tierra Santa del 24 al 26 de mayo. Durante la ceremonia de oración, judíos, cristianos y musulmanes dieron las gracias por la creación, pidieron perdón por los pecados y, sobre todo, invocaron la paz.

Concluidos los rezos, Francisco tomó la palabra. “Gracias desde el fondo de mi corazón por haber aceptado mi invitación a venir aquí para implorar a Dios, juntos, el don de la paz. Espero que este encuentro sea el comienzo de un camino nuevo en busca de lo que une para superar lo que divide”, empezó hablando en italiano, para a continuación recordar que el encuentro de ayer respondía al “deseo ardiente” de cuantos anhelan la paz y sueñan con un mundo donde hombres y mujeres “puedan vivir como hermanos y no como adversarios o enemigos”.

El Pontífice señaló también que son muchas, demasiadas, las víctimas inocentes de la guerra y de la violencia. “Es deber nuestro lograr que su sacrificio no sea en vano. Que su memoria nos infunda el valor de la paz y la fuerza de perseverar en el diálogo”. Y sentenció: “Para conseguir la paz, se necesita valor, mucho más que para hacer la guerra”.

Francisco también explicó el motivo de su invocación a la paz: “La historia nos enseña que nuestras fuerzas por sí solas no son suficientes. Más de una vez hemos estado cerca de la paz, pero el maligno, por diversos medios, ha conseguido impedirla. Por eso, estamos aquí, porque sabemos y creemos que necesitamos la ayuda de Dios”.

Y a Dios dirigió a partir de ese momento sus súplicas... “Señor, Dios de paz. Hemos intentado muchas veces y durante muchos años resolver nuestros conflictos con nuestras fuerzas, y también con nuestras armas; tantos momentos de hostilidad y de oscuridad; tanta sangre derramada; tantas vidas destrozadas; tantas esperanzas abatidas... Pero nuestros esfuerzos han sido en vano. Ahora, Señor, ayúdanos tú. Danos tú la paz, enséñanos tú la paz, guíanos tú hacia la paz. Abre nuestros ojos y nuestros corazones, y danos la valentía para decir: ‘¡Nunca más la guerra!”’.

Después le tocó el turno al Presidente israelí, quien admitió que la paz “no se consigue fácilmente”, sin embargo instó a “luchar con todas nuestras fuerzas para llegar a ella.

Para conseguirla pronto, incluso si para ello se requieren sacrificios o compromisos”. Peres expresó su deseo de que “la verdadera paz pueda convertirse en nuestra herencia temprana y rápida” y aseguró que israelíes y palestinos “desean todavía ardientemente la paz”.  “La lágrimas de las madres sobre sus hijos todavía están grabadas en nuestros corazones. Debemos poner fin a los gritos, la violencia, los conflictos. Todos necesitamos la paz. La paz entre iguales”, añadió.

El discurso más político lo pronunció Abás, quien pidió además de la paz para “nosotros y nuestros vecinos” también “libertad” para Palestina, un “Estado soberano e independiente”. Abás aseguró que “la reconciliación y la paz” son los objetivos de los palestinos y dijo en su discurso: “aquí estamos, Dios, inclinados a la paz. Haz firmes nuestros pasos y corona nuestros esfuerzos y empeños con el éxito”.

El gobernante palestino también formuló su deseo de que “Palestina, y Jerusalén en particular, (sean) una tierra segura para todos los creyentes, y un lugar de oración y veneración para los seguidores de las tres religiones monoteístas”.

Memorable jornada de oración

Plegarias

El calor en Roma era sofocante. Pero cuando comenzó la oración conjunta, a las 19.00, la temperatura era agradable. Y más en los jardines vaticanos, entre el frescor de los árboles y el olor a hierba. Un rabino comenzó las oraciones judías por la paz, que fueron seguidas de los rezos católicos y que concluyeron con las plegarias musulmanas, entre el silencio más absoluto y el recogimiento de los presentes.

Abás aboga por un Estado soberano e independiente

EFE

El presidente palestino, Mahmud Abás, agradeció la iniciativa de Francisco, quien propuso celebrar esta oración por la paz durante su viaje a Tierra Santa, a finales de mayo. “Mi agradecimiento a Su Santidad desde el fondo de mi corazón por iniciar este encuentro importante aquí, en el Vaticano”, dijo Abás.

“Esta visita es una expresión sincera de su creencia en un intento pacífico y verdadero para alcanzar la paz entre palestinos e israelíes”, subrayó Abás, quien añadió que los palestinos quieren una “paz justa, (una) vida digna y libertad”. Luego formuló una petición a Dios para que “haga próspero y prometedor el futuro de nuestra gente, así como libertad en nuestro Estado soberano e independiente”. “Concede, Señor, seguridad a nuestra región y a nuestro pueblo, seguridad y estabilidad”, pidió al final de su oración.

La poderosa diplomacia del Vaticano

El País

Ya la Iglesia Católica ha asumido un difícil papel de mediador en Venezuela y, con la ceremonia del domingo, se convierte también en acicate del diálogo en Oriente Próximo. No son empresas fáciles y tal vez estén condenadas al fracaso, pero si alguien puede asumir un papel tan claro a favor del diálogo y en contra de la guerra es Francisco. Por una parte, cuenta con una red de información privilegiada —hay curas y monjas en los rincones más apartados del planeta, con acceso a los palacios del poder y a las preocupaciones de la gente corriente— y con un cuerpo diplomático bien formado y en permanente contacto con los gobiernos.

Por otra, sus palabras y hechos desde que llegó a la silla de San Pedro lo han convertido en un líder de referencia mundial más allá de lo religioso, alguien buscado por Barack Obama y por Vladímir Putin a la vez, alumbrado permanentemente por un foco mediático que maneja a la perfección. Y, por si fuera poco, tiene otras dos bazas importantes en su haber: el respaldo de la gente y suerte, mucha suerte.

Una suerte tal vez construida de las dosis justas de desparpajo y valentía. La que permitió que los gestos, las reuniones y las palabras contundentes durante su estancia en Belén —su cabeza apoyada contra el muro de Cisjordania, el almuerzo con víctimas de la violencia o el “¡ya es hora de poner fin a esta situación!”— no causaran la protesta israelí quebrando el éxito del viaje. De hecho, a lo máximo que se atrevió el primer ministro Benjamín Netanyahu fue a ofrecerle su explicación sobre el muro y a pedirle que rezara junto al monumento erigido en memoria de las víctimas israelíes del terrorismo.

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