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El Papa puso a la Iglesia al servicio de Cuba y EEUU

Charla. Francisco también habló con Obama de Guantánamo, Venezuela y la reforma migratoria.

Marzo. Diálogo ameno entre el Mandatario estadounidense y el Pontífice. Foto: AFP

Marzo. Diálogo ameno entre el Mandatario estadounidense y el Pontífice. Foto: AFP

La Razón (Edición Impresa) / Pablo Ordaz / (El País) Roma

00:00 / 21 de diciembre de 2014

El papa argentino Francisco Bergoglio puso la diplomacia vaticana al servicio de los gobiernos de Wa-shington y La Habana. El carismático Pontífice también actúa en Venezuela, Oriente Próximo y la lucha contra el yihadismo en el mundo.

La colaboración diplomática entre Jorge Mario Bergoglio y el mandatario de Estados Unidos, Barack Obama, se extiende mucho más allá de Cuba, aunque será difícil que algún logro futuro sea tan emblemático como la caída del telón de acero del Caribe.

Aquel día de marzo en que el Presidente de Estados Unidos y el papa Francisco se encerraron a solas durante casi una hora en el Vaticano forjaron una alianza que incluye asuntos tan sensibles y tan distantes como el cierre de la base de Guantánamo, la reforma migratoria,

Venezuela, la colaboración de Turquía en la lucha contra el terrorismo yihadista o la turbulenta situación de Oriente Próximo.

Admiración. De aquel encuentro ocurrido en el Vaticano solo trascendió la buena química entre ambos y aquellas palabras con las que Obama consagraba el liderazgo político del Pontífice —“la suya es una voz que el mundo debe escuchar”—, pero entre bambalinas se confabularon para que sus respectivos secretarios de Estado, John Kerry y Pietro Parolin, trabajaran codo a codo, casi a diario, en la solución de los conflictos más urgentes.

El arrojo del papa Francisco, su disponibilidad a meterse en charcos sin calibrar su profundidad, hicieron el resto. Jorge Mario Bergoglio envió cartas personales a los líderes estadounidense y cubano, ofreció el Vaticano como punto neutral de encuentro —unas veces público y otras bajo el radar de la prensa—. Y todo, en el más absoluto silencio.

Solo después de que Barack Obama y Raúl Castro, uno desde Washington y otro desde La Habana, pero con apenas dos minutos de diferencia, agradecieran la mediación del papa Francisco en el restablecimiento de las relaciones diplomáticas entre Estados Unidos y Cuba, la Secretaría de Estado del Vaticano difundió un comunicado en el que confirmaba que “en el curso de los últimos meses” Jorge Mario Bergoglio había escrito a ambos líderes “invitándolos a resolver cuestiones humanitarias de común interés, como la situación de algunos detenidos”.

La relevancia histórica de la noticia vuelve a poner el foco sobre el liderazgo mundial del Sumo Pontífice. Aquel día de marzo, Obama lo resumió en un párrafo: “Él nos desafía. El Papa nos pone ante los ojos el peligro de acostumbrarnos a la desigualdad. Y su autoridad moral hace que sus palabras cuenten. Con una sola frase, él puede focalizar la atención del planeta”. Y ha sido esa autoridad moral, aliada con la capacidad de la diplomacia vaticana para llegar a los rincones más recónditos del planeta, la que ha desempeñado un papel relevante en el acercamiento de Estados Unidos y Cuba.

Mediación. Pero no solo eso. De hecho, como explica una fuente de la Secretaría de Estado del Vaticano, durante los últimos meses Estados Unidos ha pedido que el Vaticano medie en un buen número de asuntos. Para rebajar la tensión entre el gobierno de Nicolás Maduro y la oposición.

Ahí es donde monseñor Pietro Parolin, exnuncio en Venezuela, ha puesto más en juego sus dotes de hábil diplomático. No solo para evitar un enfrentamiento civil, sino para alejar la posibilidad de que la caída en el caos de Venezuela pudiese arrastrar a Cuba.

Los esfuerzos del eje Kerry-Parolin se centraban en convencer a Maduro de que orientase su revolución bolivariana a un modelo más suave, más integrador, más parecido al del presidente boliviano, Evo Morales. También Obama, más débil que nunca, pensó que su aliado Bergoglio podía echarle una mano en los asuntos domésticos más peliagudos: el cierre de Guantánamo y la reforma migratoria.

El Vaticano, según las mismas fuentes, está intentando que algunos gobiernos mundiales sobre los que tiene gran predicamento acepten grupos de antiguos presos yihadistas y, en paralelo, trata de mediar ante los republicanos estadounidenses para que la reforma migratoria —de la que se beneficiarían miles de familias, muchas de ellas católicas— pueda salir adelante.

Francisco también sigue desarrollando su papel de mediación entre judíos y palestinos, y —hace solo unos días— conminó a Recep Tayyip Erdogan a que se implicara en la lucha contra el grupo yihadista del Estado Islámico.}

Pietro Parolin, artesano de la diplomacia de Francisco

Carácter. La autoridad prefiere mantener el perfil bajo en las negociaciones.

AFP

Detrás del éxito diplomático del papa Francisco para la normalización de las relaciones entre Estados Unidos y Cuba, se perfila la labor discreta del secretario de Estado del Vaticano, el cardenal italiano Pietro Parolin, un experto en América Latina y China.

El purpurado, de 59 años, relativamente joven para el delicado cargo que ocupa en la actualidad, es en realidad un veterano con casi 30 años de experiencia diplomática, tras formarse en una de las redes más prestigiosas y eficaces del planeta.

Parolin goza de la total confianza del Papa latinoamericano, que lo invitó a formar parte también del llamado C9, los nueve purpurados que lo asesoran para la reforma de la Iglesia.

La mano derecha del Santo Padre, que pasó cuatro años como nuncio en Venezuela, donde intentó acercar al fallecido Hugo Chávez con la Iglesia conservadora local, es la persona flexible que Francisco necesita.

Licenciado en Derecho Canónico, diplomático del Vaticano desde 1986, con largos servicios en Nigeria y en México y siete años de experiencia en Roma como viceministro de Relaciones con los Estados, ha contado con la colaboración del número tres, monseñor Angelo Becciu, exnuncio en Cuba, quien preparó la visita de Benedicto XVI a la isla en 2012.

Los dos diplomáticos, que hablan corrientemente español, inglés y francés, conocen bien las problemáticas de América Latina, elemento clave para el éxito de la mediación entre Washington y La Habana.   

El nombramiento de Parolin en octubre de 2013 resultó un soplo de aire fresco para el Vaticano.

El prelado italiano, un hombre afable y sencillo, reemplazó al poderoso cardenal Tarcisio Bertone, muy criticado por su escasa experiencia e interés por la diplomacia y sus embrollos con la política y las finanzas italianas.

La “secretaria del Papa”, como  califica su labor el mismo Parolin, logró mantener en total secreto y “sin filtraciones” las negociaciones entre Cuba y EEUU, según el vaticanista Andrea Tornielli, de Vatican Insider.

Importancia. Como un reconocimiento público a su gestión fueron consideradas las palabras del Pontífice argentino el jueves cuando elogió la labor de los diplomáticos.

“El trabajo de embajador es una labor de pequeños gestos, de pequeñas cosas, pero que terminan por lograr la paz, acercar los corazones de los pueblos, sembrar fraternidad”, afirmó Francisco.

El cardenal Parolin es también el prelado que maneja el estratégico tema de la normalización de las relaciones entre el Vaticano y China, uno de los sueños personales del sacerdote jesuita.

Que un jesuita pretenda inaugurar una nueva era en las relaciones entre la Iglesia y China no debería sorprender. La Compañía de Jesús llegó a la Corte Imperial en 1582, llevada por el misionero jesuita Matteo Ricci, que en 1610 murió en Pekín, donde está enterrado.

Sobre los conflictos más calientes, desde Siria, Irak hasta Ucrania, el Secretario de Estado se informa mucho pero interviene poco. Una prudencia que genera críticas por parte de algunos sectores de la Iglesia. “Lo que pasa en Irak no tiene nada que ver con un choque de religiones entre islam y cristianismo”, advirtió recientemente.

“Nuestro desafío es el de lograr que las diversidades políticas, culturales y religiosas no sean motivo de luchas sino de enriquecimiento mutuo”, explicó Parolin.

Actitudes diferentes del papa

El 28 de marzo de 2013 sorprendió con una visita a un reclusorio juvenil para lavar los pies a presos.

  •  A cuatro meses del pontificado, aumentó la tipificación de abusos sexuales y llevó a prisión a un prelado por corrupción.
  •  En 29 de julio de 2013 dijo: “¿Quién soy yo para juzgar a los gay?”
  • El 22 de agosto de 2013 habló por teléfono con un joven que le envió una carta.
  •  Time y Vanity Fair le nombraron la Persona del Año.
  • En febrero de 2014 abrió el debate para conferir la comunión a algunas parejas de católicos divorciados.

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