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El Papa canoniza a dos monjas latinas y a 800 mártires italianos

Santificó a los primeros santos de su pontificado en una ceremonia en la plaza de San Pedro: la monja colombiana Laura Montoya y Upegui, su similar mexicana María Guadalupe García y 800 mártires italianos del siglo XV.

Ceremonia. Una vista del ambiente de la plaza de San Pedro en la Ciudad del Vaticano, ayer.

Ceremonia. Una vista del ambiente de la plaza de San Pedro en la Ciudad del Vaticano, ayer. Foto: EFE

La Razón / AFP / Ciudad del Vaticano

00:00 / 13 de mayo de 2013

El papa Francisco canonizó el domingo a los primeros santos de su pontificado en una ceremonia en la plaza de San Pedro: la monja colombiana Laura Montoya y Upegui, su similar mexicana María Guadalupe García y 800 mártires italianos del siglo XV. 

El Sumo Pontífice aprovechó la ocasión para lanzar un firme llamado a favor de la pacificación de México y de Colombia, contra el “aburguesamiento del corazón que nos paraliza” y las persecuciones religiosas que sufren los católicos en todo el mundo.

En la homilía, bajo un sol primaveral, ante miles de asistentes y delegaciones oficiales, en particular llegadas de Colombia y de México, el Papa invitó a los fieles a seguir el ejemplo de las nuevas santas, que dedicaron sus vidas a los pobres, a los enfermos, a los marginados y a los indígenas.

Emblemas. Frente a la fachada de la basílica de San Pedro colgaban los enormes retratos de las monjas latinoamericanas y un tapiz que representaba a los mártires italianos que se negaron a convertirse al Islam, encabezados por el humilde zapatero Antonio Primaldo, todos cruelmente decapitados por los musulmanes y emblemas de la Iglesia perseguida de todas las épocas, al negarse a abjurar de su fe.

“Los incluimos en el libro de los santos y establecemos que en toda la Iglesia sean devotamente honrados entre los santos”, manifestó el Papa tras pronunciar la tradicional fórmula en latín. La monja colombiana Laura Montoya y Upegui (1874-1949) y la mexicana Guadalupe García Zavala (1878-1963) son dos ejemplos de “caridad” que se oponían “al aburguesamiento del corazón”, complementó.

“No hay que tener vergüenza, ni miedo ni disgusto de tocar la carne de Cristo”, agregó Francisco, que repasó la vida de las dos religiosas. De la primera santa colombiana, considerada “la madre espiritual de los indígenas”, elogió su eficaz pedagogía, el respeto por la cultura indígena y el “no haberse  contrapuesto a ella”, como ocurría al inicio del siglo XX, cuando los indígenas eran despreciados y discriminados.

De la religiosa mexicana, Santa Guadalupe García Zavala —la segunda santa mexicana en la historia, después de María de Jesús Sacamentado—, el Sumo Pontífice comentó que “renunciando a una vida cómoda para seguir la llamada de Jesús, enseñaba a amar la pobreza, para poder amar más a los pobres y los enfermos”.

802 vidas ejemplares

Santos

Laura Montoya es la primera santa colombiana. Guadalupe García, la segunda en la historia de México.

Perseguidos

Los 800 mártires italianos se negaron a convertirse al Islam y fueron cruelmente decapitados.

La religiosa colombiana amaba a los indígenas

La beata María Laura de Jesús Montoya y Upegui, más conocida como Madre Laura, que el domingo fue canonizada por el papa Francisco en la plaza de San Pedro, es la primera santa colombiana.

Nacida en Jericó el 26 de mayo de 1874,  fue una misionera y fundadora de la Congregación de las Hermanas Misioneras de María Inmaculada y Santa Catalina de Siena. Murió en Medellín en 1949.

La Madre Laura vivió con distintos familiares hasta los 16 años, momento en el que se presentó a una beca del Gobierno para estudiar como maestra, y la obtuvo.

Pero su verdadera vocación religiosa se despertó cuando tenía 39 años y decidió trasladarse al municipio de Dabeiba con otras seis catequistas para trabajar con los indígenas emberá chamí.

La religiosa colombiana fue beatificada por el papa Juan Pablo II en 2004, gracias al primer milagro concedido a la señora Herminia González Trujillo en 1993.

El domingo, en la celebración del papa Francisco, estuvo presente el médico de Antioquía Carlos Restrepo, quien fue salvado por la Madre Laura de una grave enfermedad y cuyo caso fue considerado el segundo milagro necesario para que la beata sea canonizada.

La mexicana se dedicó a cuidar a los pobres

La religiosa mexicana María Guadalupe García Zavala, fundadora de la congregación religiosa de las Siervas de Santa Margarita María y de los Pobres, y conocida como Madre Lupita, canonizada ayer por el papa Francisco, era una hermosa joven de 23 años y a punto de casarse, cuando decidió consagrarse a la vida religiosa.

Ella es la segunda beata de nacionalidad mexicana, en un país que tiene unos 30 santos. Nació en Zapopán, Jalisco, el 27 de abril de 1878 y murió el 24 de junio de 1963 en Guadalajara, a los 85 años. Apenas se volcó para servir íntegramente a Dios, el objetivo de su vida fue cuidar a los pobres y a los enfermos.

Con su guía espiritual, el padre Cipriano Iñíguez, la Madre Lupita fundó la congregación religiosa de la que poco después fue proclamada Superiora General, cargo que mantuvo toda la vida.

Las hermanas de la congregación atendían a los enfermos en el hospital que operaba en la ciudad, que a veces pasaba por momentos de dificultades económicas. Asimismo, la Madre Lupita vivió el momento histórico de las persecuciones religiosas en territorio mexicano, que comenzó con la caída del presidente Porfirio Díaz en 1911 y se extendió hasta la década de 1930.

Sin embargo, supo mantener un equilibrio. No sólo escondió a algunos sacerdotes que sufrieron persecuciones y al entonces arzobispo de Guadalajara en el nosocomio que dirigía, sino que curó y dio alimentos a los soldados del Ejército persecutor, lo que le valió el respeto de ambos bandos.

La congregación cuenta actualmente con 22 fundaciones, la mayoría en México, pero también en Perú, Grecia e Italia.

La religiosa mexicana fue beatificada por el papa Juan Pablo II en 2004, en la Ciudad del Vaticano, gracias a un primer milagro concedido a Abraham Arceo Higareda, un hombre curado, sin explicación científica, de una pancreatitis crónica. El segundo milagro, que permitió su posterior canonización, fue concedido a Wintila Godoy Salas, una mujer originaria de Zacatecas, sanada milagrosamente de una hemorragia cerebral con varias consecuencias.

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