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Paraguay busca frenar castigo físico hacia niños y adolescentes con nueva ley

La ley, aprobada la pasada semana por ambas cámaras del Parlamento y que espera ser promulgada por el Poder Ejecutivo, prohíbe este tipo de malos tratos hacia niños, niñas y adolescentes "no con una pretensión punitiva, sino como forma de prevención”.

Un niño víctima de agresión física. Foto: internet

Un niño víctima de agresión física. Foto: internet

La Razón Digital / EFE / Asunción

18:48 / 22 de agosto de 2016

La nueva ley aprobada por el Parlamento paraguayo, que prohíbe el castigo físico contra niños y adolescentes, busca prevenir prácticas arraigadas de maltrato hacia menores de edad, explicó hoy a Efe María Silvia Calvo, coordinadora de la ONG por los derechos infantiles Global Infancia.

Golpes en las nalgas, palizas, pellizcos, tirones de cabello, latigazos con ramas de árbol trenzadas o golpes con reglas, así como la obligación de permanecer en posturas incómodas son algunas de las formas de castigo físico más frecuentes en Paraguay, donde el 61 % de los menores de edad confiesa haber recibido este tipo de maltrato.

La ley, aprobada la pasada semana por ambas cámaras del Parlamento y que espera ser promulgada por el Poder Ejecutivo, prohíbe este tipo de malos tratos hacia niños, niñas y adolescentes "no con una pretensión punitiva, sino como forma de prevención", señaló Calvo.

"La idea de que el castigo físico es la única forma de imponer disciplina sigue arraigada en Paraguay. Existe esa cultura de "te pego porque te quiero, te pego por tu bien". Es terrible que asociemos amor con violencia", expuso la experta.

Detalló que, aunque la mayor parte de los padres, educadores y otros profesionales repudia las formas extremas de maltrato físico, también tiende a minimizar las formas más moderadas, y no percibe que se trate de violencia.

"Se dice que un chachá (un azote) no es nada malo, y se justifica este uso de la violencia porque se ve como un "correctivo", como algo leve", dijo Calvo.

Sin embargo, afirmó que, en la mayor parte de los casos, el castigo físico no consigue hacer que el niño o niña aprenda una pauta de comportamiento, sino que genera obediencia solo por el temor a ser agredido.

Además, la violencia provoca "rabia y enojo" en los adolescentes, y puede llevarles a reproducir estos patrones.

Calvo agregó que la prohibición del castigo físico no significa que no se deba poner límites a los niños, sino que pretende mostrar a los padres que existen formas de educar que no vulneran los derechos de la infancia y la adolescencia.

También pidió capacitar a los maestros, que muchas veces incurren en malos tratos o violencia psicológica, por ejemplo cuando humillan o ridiculizan a sus alumnos frente al resto de sus compañeros.

El 61 % de los niños, niñas y adolescentes de Paraguay manifestó que había sido víctima de violencia por parte de sus familiares más cercanos, según un estudio de la Coordinadora por los Derechos de la Infancia y Adolescencia (CDIA) publicado en 2011.

De ellos, el 35 % dijo haber recibido violencia física grave, mientras que el 13 % confesó que había sido objeto de violencia física leve, y un 13 % expresó haber vivido violencia psicológica.

El mismo documento señala que el 76,6 % de madres y padres encuestados cree que es posible educar sin violencia, mientras que un 20,3 % no lo cree factible.

Además, un 53,4 % de los niños y adolescentes que recibieron castigos físicos los consideraron "útiles para su formación" lo que, según Calvo, demuestra que una de las dificultades para frenar el castigo físico es que los niños maltratados naturalizan estas prácticas cuando son ejercidas por sus propios padres, y no las identifican como una forma de violencia.

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