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Paz en las favelas ‘no durará’ sin inclusión social

Río. Francisco llamó a los jóvenes a no desanimarse ante la corrupción en Brasil

Visitante. El Papa recorre la empobrecida favela de Varginha.

Visitante. El Papa recorre la empobrecida favela de Varginha. AFP.

AFP / Río de Janeiro

00:02 / 26 de julio de 2013

El Papa advirtió que la “pacificación” de las favelas de Río —emprendida por el Estado para arrebatar su control a narcotraficantes y milicias parapoliciales— no durará si la sociedad brasileña margina a los pobres.

Francisco caminó ayer por las calles de Varginha, una favela gris y plana, entre miles de personas exultantes, saludó y conversó con muchas de ellas, se puso una corona de flores que le regalaron, bendijo el nuevo altar de una humilde parroquia aún en construcción, y entró en una casa de la empobrecida zona.

Desde el techo de una precaria vivienda frente al enlodado campo de fútbol, afirmó que la “pacificación” de las favelas de Río, emprendida hace cinco años por el Estado, no durará si la sociedad margina a sus pobres. “Ningún esfuerzo de ‘pacificación’ será duradero, ni habrá armonía y felicidad para una sociedad que ignora, que margina y abandona en la periferia una parte de sí misma”, dijo el Papa ante unas 25.000 personas.

Al mismo tiempo, reconoció los esfuerzos de inclusión social en Brasil, que en los últimos diez años, durante los gobiernos de Luiz Inácio Lula da Silva (2003-2010) y su sucesora Dilma Rousseff, ha integrado a la clase media a 40 millones de personas.

El primer Pontífice latinoamericano urgió asimismo a los jóvenes “y a todos” a no perder la esperanza frente a la corrupción, un mal que carcome a Brasil desde hace décadas. Hartos de la corrupción arraigada en la clase política, sobre todo en el Congreso, donde hay muchos legisladores acusados y condenados por graves delitos, más de un millón de brasileños, en su mayoría jóvenes, se volcaron a las calles de Brasil en junio.

El discurso del Papa en la favela, en portugués, fue llano y estuvo salpicado de humor e improvisaciones. “Habría querido llamar a cada puerta, decir ‘buenos días’, pedir un vaso de agua fresca, tomar un cafezinho. ¡Y no un vaso de cachaça (licor de caña de azúcar)!”, dijo entre risas.

Bienvenida. Emocionada, Maria Luiza dos Santos Penha, que recibió a Francisco en su modesta casa, dijo que la visita del Pontífice fue “el mejor regalo” de su vida. Francisco busca revitalizar la Iglesia que atraviesa una crisis, sacudida por escándalos de corrupción y de pedofilia, así como por una sangría de fieles frente al ascenso de los evangélicos y del laicismo. Varginha, por ejemplo, tiene una sola iglesia católica y cuatro neopentecostales. Río de Janeiro tiene unas 750 favelas en las que vive casi un tercio de su población más pobre.

Por la noche, Francisco dio la bienvenida a los peregrinos de la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ) en la emblemática playa de Copacabana, donde se reunieron más de un millón de personas.

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