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La Policía italiana detiene al jefe de la mafia napolitana

Fugitivo. Michele Zagaria estaba oculto en un búnker subterráneo en su casa

Michele Zagaria tras caer preso.

Michele Zagaria tras caer preso.

El País / Roma

02:00 / 08 de diciembre de 2011

Era el capo, pero vivía como un topo. Michele Zagaria, el jefe de la Camorra, la mafia napolitana, se escondía de la Policía en un búnker de cemento construido a cinco metros de profundidad, bajo su casa, en su pueblo de toda la vida, Casapesenna.

El capo de los Casaleses, fugitivo desde 1995, utilizaba la violencia como un arma más para controlar el negocio de la basura, los supermercados y hasta la alta velocidad. Eso sí, en el momento de la detención supo estar a la altura de la leyenda que ya era desde que inspiró el famoso libro Gomorra, de Roberto Saviano. Al ser presentado ante el juez antimafia, lo felicitó: "Ganaron. Ha vencido el Estado".

La importancia del golpe      —Zagaria estaba condenado a cadena perpetua por asociación mafiosa, homicidio, posesión ilegal de armas y extorsión— llevaron al presidente de la República, Giorgio Napolitano, y al primer ministro, Mario Monti, a felicitarse públicamente.

Tal vez la reacción de júbilo más completa fue la de Saviano, amenazado por la mafia de la que escribió: "Cuando conocí la noticia —los jueces me avisaron al localizar el búnker— me entraron ganas de saltar de felicidad. Se cae un símbolo. Era el jefe del cemento, el hombre del dinero, más que un criminal".

La imagen actual de Michele Zagaria, a sus 53 años, poco se parece a la de las viejas fichas policiales. Lo que sí se parece a las historias de otros capos es su forma de huir sin hacerlo.

Hasta hace unas horas, Zagaria era el superfugitivo de la justicia italiana. Junto a Matteo Messina Denaro, el jefe de la Cosa Nostra, la mafia siciliana, el hombre más buscado desde que fueron detenidos, a lo largo de 2010, los anteriores capos de la Camorra, Antonio Iovine y Nicola Schiavone.

Pero lo cierto es que el fugitivo nunca se fugó. Vivía bajo su casa, sin apenas salir, respirando gracias a un sofisticado sistema de ventilación que, al ser desenchufado por la Policía al penetrar en la vivienda, a punto estuvo de convertirse en su mortaja. Zagaria llegó a gritar para avisarles de que se estaba asfixiando.

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