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Reforma de la Constitución marca los comicios en Chile

Análisis. Bachelet no ha renunciado a llamar a una constituyente

Capital. La socialista Michelle Bachelet se despide de sus seguidores.

Capital. La socialista Michelle Bachelet se despide de sus seguidores. EFE.

El País / Santiago de Chile

02:29 / 13 de noviembre de 2013

La reforma de la Constitución chilena, impuesta hace 32 años por la dictadura de Augusto Pinochet, se ha convertido en la consigna de ocho de los nueve candidatos a la Presidencia de Chile y ha marcado la agenda de la campaña presidencial en ese país.

La legitimidad de la Carta Magna de Chile —que aseguraba el papel militar de las Fuerzas Armadas, afianzaba el régimen militar y legitimaba el nuevo orden social y económico impuesto por la Junta Militar— está en tela de juicio y la idea de realizar una Asamblea Constituyente se ha instalado con fuerza en la izquierda chilena.

Los últimos cambios a la Constitución los firmó el expresidente Ricardo Lagos, que en 2005 eliminó algunos de sus artículos de carácter autoritario, como la designación de senadores, y estableció la facultad del Presidente para destituir a los comandantes en jefe de las Fuerzas Armadas. La reforma, sin embargo, ya no es suficiente a ojos de un amplio sector de la izquierda. “Lagos se equivocó y él mismo lo ha reconocido”, sostiene el exsenador socialista Carlos Ominami, exjefe de campaña del otrora gobernante.

Reformas. Desde que dejó Nueva York y la jefatura de ONU-Mujeres, en marzo, la expresidenta Michelle Bachelet, favorita en todas las encuestas, colocó la reforma de la Constitución como uno de los tres pilares de su campaña, junto a las reformas en educación y el régimen tributario. A esas alturas, las movilizaciones estudiantiles habían convulsionado a la clase política. Una de sus exigencias pasaba precisamente por desmantelar la Carta Magna heredada de Pinochet.

Bachelet ha dicho que realizará una reforma por una vía “participativa, democrática e institucional”, pero no ha dado luces sobre los detalles de dicha iniciativa. Así es como no ha descartado públicamente convocar a una Asamblea Constituyente, pese a que en su entorno se afirma que su apuesta pasa por realizar los cambios en el Congreso y luego convocar a un referéndum para confirmarlos. La idea es que la nueva Constitución ponga fin al sistema electoral “binominal” y elimine los elevados números de votos que requieren algunas leyes para ser aprobadas en el Parlamento, entre otras cosas.

Con el rechazo de la derecha y el fantasma de otros procesos constituyentes en los países de la izquierda más dura de América Latina, como Bolivia, Ecuador o Venezuela, el bacheletismo estima que ese mecanismo sólo es aplicable cuando los países no tienen “principios de legitimidad” y, a su juicio, Chile está lejos de ello.

La expresidenta es consciente de que convocar a una Asamblea Constituyente puede tener altos costos a la hora de implementar otras reformas que pretende poner en marcha, en la medida que abriría un escenario político incierto y altamente polarizado.

El programa de Bachelet es reformista, pero ella no ha renunciado al principio de la gradualidad y gobernabilidad, según señala un influyente miembro del equipo electoral de la expresidenta, quien, sin embargo, añade que la gran incógnita apunta a si la derecha bloqueará el camino para cambiar la Constitución. Sólo en ese caso entra en escena la posibilidad de convocar a una Asamblea Constituyente y, precisamente por este motivo, la exmandataria ha comenzado a poner presión sobre sus adversarios al no descartar el uso de esa herramienta.

“Sólo en el escenario de que una reforma total a la Constitución fracase, la expresidenta se abre a la posibilidad de que se recurra al poder Constituyente originario de un pueblo”, afirma el abogado Francisco Zúñiga, expresidente de la comisión a la que Bachelet encargó una propuesta para reformar la Carta Magna.

Lanzan ‘bomba’ de tinta a Bachelet

EFE

La candidata a las elecciones presidenciales de la opositora Nueva Mayoría, Michelle Bachelet, fue atacada ayer con una “bomba” de pintura mientras leía un discurso de cierre de campaña en la zona de La Araucanía, situada a unos 600 kilómetros al sur de Santiago. Afortunadamente para la postulante, el proyectil cruzó el escenario de extremo a extremo e impactó a un vehículo que se encontraba a un costado del escenario.

El ataque fue realizado por la familia del joven mapuche Matías Catrileo, asesinado por un policía en 2008, quienes increparon a la candidata y luego procedieron a lanzar la pintura. Junto a varios comuneros indígenas se encontraban Mónica Quezada y Catalina Catrileo, madre y hermana de Matías, respectivamente, quienes después de la agresión fueron golpeadas por los adherentes de la expresidenta, refriega en la que la primera perdió una pieza dental.

Los manifestantes mapuches responsabilizan a la exmandataria por la muerte del comunero mapuche que ocurrió durante su mandato (2006-2010). Matías era un estudiante universitario mapuche que recibió un balazo mortal en la espalda el 3 de enero de 2008, mientras participaba en una toma de una hacienda agrícola que estaba defendida por la Policía.

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