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‘En la región atestiguamos el avance de la restauración conservadora’

Ricardo Ulcuango. El representante diplomático ecuatoriano está en el cargo hace más de un lustro. Afirma que durante la gestión del presidente Rafael Correa mejoró la relación entre los dos países. Valora la solidaridad boliviana tras el terremoto de abril de 2016 que asoló a gran parte de la población ecuatoriana. Espera que las relaciones entre ambas naciones sigan el camino de la continuidad y apuesta por un triunfo del candidato presidencial de Alianza País, Lenín Moreno.

Autoridad. Ulcuango en la residencia ecuatoriana, en la zona Sur.

Autoridad. Ulcuango en la residencia ecuatoriana, en la zona Sur. Foto: Luis Salazar-archivo

La Razón (Edición Impresa) / Erick Ortega / La Paz

10:49 / 13 de febrero de 2017

El embajador ecuatoriano Ricardo Ulcuango está seguro de la continuidad política en su país. La próxima semana, la nación sudamericana vivirá una jornada electoral y se elegirá a la persona que tomará la posta del presidente Rafael Correa. Éste es un aliado político del mandatario nacional Evo Morales y, por eso, el día 19 cobra importancia para Bolivia.

Ulcuango hace un poco de futurología y también enumera los logros alcanzados durante su gestión (está en el país desde 2011 hasta ahora). Es optimista respecto a las relaciones entre ambos Estados; porque cree que la continuidad triunfará el domingo.

— ¿Cuál es el legado del presidente Rafael Correa en su relación con Bolivia?

— Han sido los años más fecundos de relacionamiento entre Ecuador y Bolivia. Desde el inicio de mi gestión al frente de la embajada, en octubre de 2011, se han celebrado tres comisiones mixtas de cooperación (2012, 2014 y 2016); se han suscrito 19 instrumentos de cooperación; se ha abierto por primera vez una Oficina Comercial del Ecuador (OCE) en Bolivia, en Santa Cruz de la Sierra; el presidente Rafael Correa ha visitado Bolivia en seis oportunidades; el presidente Evo Morales ha visitado el Ecuador en dos ocasiones, una de ellas su primera visita oficial como Mandatario, en julio de 2013; el vicepresidente Álvaro García Linera ha visitado en dos oportunidades Ecuador, en una de las cuales se le entregó un doctorado honoris causa por el Instituto de Altos Estudios Nacionales; finalmente, nuestro canciller Guillaume Long visitó hace poco la ciudad de La Paz donde fue condecorado por el Gobierno boliviano.

A esto se deben sumar decenas de visitas de altas autoridades ecuatorianas a Bolivia durante los últimos años, en el marco de la Cooperación Sur-Sur, lo cual pone de manifiesto el interés del gobierno del presidente Rafael Correa por estrechar los lazos de hermandad con Bolivia, un país de un acervo cultural similar al nuestro y con el cual compartimos una misma historia.

— Ante una eventual derrota del partido Alianza País y el corte de la continuidad del ciclo de Rafael Correa, ¿cómo cree que serán las relaciones entre Bolivia y Ecuador?

— Durante mi gestión al frente de la embajada se ha fortalecido como nunca el vínculo bilateral entre ambos países. Los cimientos de la relación son muy fuertes, inquebrantables y permitirán que con la eventual llegada de otro gobierno se continúe trabajando en beneficio de ambas naciones. Es imperativo comprender que a Ecuador y a Bolivia les une una raíz histórica común, procesos políticos semejantes, sociedades muy cercanas, organizaciones indígenas que han compartido luchas a lo largo de los años.

No puedo dejar de mencionar como elocuente ejemplo de la amistad entre ambos países, el extraordinario aporte que desde el Gobierno y la sociedad boliviana recibimos luego del devastador terremoto de abril de 2016. Bolivia fue uno de los países que más pronto llegó con su auxilio a las zonas del desastre y de los que más contribuyó con su ayuda humanitaria. Este gesto de solidaridad permanecerá indeleble en nuestra memoria.

Por ésta y más razones sería incomprensible e injustificable que el eventual nuevo gobierno del Ecuador desconozca años de fructífera relación.

— De triunfar Alianza País, ¿qué camino seguirán las relaciones entre Bolivia y Ecuador?

— Seguirán consolidándose. Tenemos aún muchos compromisos bilaterales por cumplir, convenios de cooperación en plena ejecución, una oficina comercial con un gran potencial, ambiciosos proyectos en carpeta, etcétera. Debemos seguir aprovechando una coyuntura política favorable y explotar al máximo las complementariedades que existen entre Ecuador y Bolivia.

Finalmente, las coincidencias que estos 10 años ha habido entre Rafael Correa y Evo Morales en términos de política, recuperación económica y de integración regional harán que la relación bilateral continúe creciendo no solo en el ámbito interno de cada país sino a nivel regional e internacional.

— ¿Cómo cree que los países “desde el sur” podrían sostener este nuevo relacionamiento de la región con el gobierno del estadounidense Donald Trump?

— Las recientes decisiones que en materia migratoria ha tomado la administración Trump deben llevarnos a actuar juntos como región para enfrentarnos a una eventual criminalización de la migración. Es inconcebible pensar que en el mundo globalizado que vivimos se impulse cada vez más la liberación financiera y de mercancías, pero se impida la movilidad del conocimiento y se criminalice la más importante de las movilidades: la movilidad humana. La Constitución de Ecuador ha sido pionera en reconocer a las personas el derecho de migrar. En esta línea, nuestro país no considera a ningún ser humano como ilegal por su condición migratoria.

El presidente Rafael Correa ha hecho un llamado a la comunidad internacional para construir menos muros y tender más puentes, y ha sido enfático en señalar que debemos asumir una clara posición como América Latina en defensa de los migrantes. Insisto, para enfrentar una posible emergencia migratoria producto de las políticas del Gobierno de Estados Unidos es necesaria la unidad en espacios de integración regional como la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac). Debemos comprender que la solución para detener la migración no está en los muros ni en las fronteras sino en crear condiciones de bienestar y paz para nuestros pueblos.

— ¿La pérdida de líderes de izquierda en la región tendrá algún relevo en lo inmediato? La argentina Cristina Fernández, el venezolano Hugo Chávez, el brasileño Lula da Silva, el uruguayo José Mujica ya no están en el escenario político; ahora pasará lo mismo con Rafael Correa. ¿De acá en adelante habrá falta de liderazgos en la izquierda?

— Es indudable que la ausencia de prominentes líderes de izquierda como los que usted menciona se ha hecho sentir en la región. No obstante, la izquierda tiene el deber de mantenerse vigente gracias, precisamente, a los procesos políticos que impulsaron estos liderazgos. La lucha desde la izquierda latinoamericana debe ir encaminada, como en el caso de Ecuador, a hacer frente a una derecha cada vez más poderosa, virulenta y que quiere retomar a toda costa el poder; es lo que llamamos “la restauración conservadora”, una poderosa arremetida en contra de los gobiernos progresistas de la región para desgastarlos, desprestigiarlos, desestabilizarlos y posteriormente acaparar el poder político.

En varios países de la región hemos podido atestiguar el peligroso avance de la restauración conservadora. Sectores de la derecha han empleado estrategias de desinformación con la complicidad de medios de comunicación aliados a sus intereses. Esto ha impedido en gran medida que proyectos nacional-populares continúen gobernando nuestros países. En el caso ecuatoriano, muchas de las transformaciones que bajo el liderazgo del presidente Rafael Correa ha implementado la Revolución Ciudadana durante la “década ganada”, tienen un carácter irreversible por lo que en la eventualidad de que la derecha retome el poder en Ecuador difícilmente podrá revertir los cambios estructurales del nuevo país que ahora tenemos: un país con una democracia vibrante, un país de oportunidades, un país de promesas cumplidas, un país que dejó atrás la larga y triste noche neoliberal, un país de logros políticos, sociales y económicos, en suma, una Patria altiva y soberana. Por esta razón, ahora será el pueblo ecuatoriano el custodio del liderazgo y de la herencia política de la figura de Rafael Correa.        

— Ante una eventual derrota de Alianza País, ¿cree que Correa “sufrirá” el embate político y judicial que afectó a Lula da Silva y Cristina Fernández?

— En primer lugar, confiamos plenamente que el candidato Lenín Moreno (representante de Alianza País) será el nuevo presidente de Ecuador. Luego, estamos convencidos de que el presidente Rafael Correa ha tenido una gestión eficiente, transparente y en armonía con los intereses del pueblo, mas no de las élites. Empero, no es de extrañar que en la eventualidad del retorno de la derecha al Ecuador, se quiera poner en tela de duda la honestidad del mandatario. Ante este escenario, tenga la seguridad de que el pueblo ecuatoriano, el mismo que ha vivido en carne propia las inéditas transformaciones de nuestro país en 10 años, defenderá la honra del presidente Correa frente a protervos intereses políticos.

De igual manera, hay el riesgo de que posteriormente la derecha internacional aceche infatigablemente al presidente Evo Morales ya que tanto Correa como Morales han sido dos líderes que han planteado importantes iniciativas en varios ámbitos, sobre todo en materia de integración regional, algo que ha incomodado a grandes potencias y poderosas élites internacionales a las cuales les conviene tenernos desunidos para manipularnos a su antojo antes que como un solo y poderoso bloque regional.

Perfil

Nombre: Ricardo Ulcuango Farinango

Nació: 21 de abril de 1966

Cargo: Embajador ecuatoriano

Un dirigente de movilizaciones

Cuando era dirigente, Ulcuango lideró el movimiento para derrocar a dos gobiernos, fue fundador de la organización indígena más grande del país (Conaie) y diputado por Pichincha.

Lideró el levantamiento indígena en apoyo a las manifestaciones urbanas contra el gobierno de Abdalá Bucaram que provocó la caída de éste en febrero de 1997, y el levantamiento de julio de 1999 contra las políticas económicas de ajuste decretadas por el gobierno de Jamil Mahuad, obligándolo a bajar el precio del gas y la gasolina, informa el periódico Expectativa.

Como vicepresidente de la Conaie participó activamente en el levantamiento de enero de 2000 que provocó la caída de Mahuad. Es embajador en Bolivia desde octubre de 2011.

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