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Turismo en las favelas, un viaje al otro lado de Río de Janeiro

Tras su pacificación, se han convertido en el tercer destino turístico de la ciudad, una atracción por la que se dejaron encandilar visitantes ilustres como Hugh Jackman, Madonna o Lady Gaga.

Favelas

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La Razón Digital / Gonzalo Domínguez Loeda / EFE / Río de Janeiro

10:25 / 28 de enero de 2014

Botafogo a un lado, Laranjeiras al otro y entre ambos barrios de la distinguida zona sur de Río de Janeiro la favela de Santa Marta, una comunidad que, como muchas otras de la ciudad, se abre a los turistas que quieren conocer la realidad carioca que está a espaldas de las playas.

Y es que las favelas de Río de Janeiro brotan entre los barrios más ricos aprovechando los recovecos de los oteros rocosos y, tras su pacificación, se han convertido en el tercer destino turístico de la ciudad, una atracción por la que se dejaron encandilar visitantes ilustres como Hugh Jackman, Madonna o Lady Gaga.

Impulsado por esa nueva oportunidad, Thiago, nacido y criado en Santa Marta, comenzó en 2007 a mostrar la favela en la que creció a los turistas que así lo deseaban.

"Hace cinco años solo eran extranjeros los que se acercaban hasta aquí. Hoy, con la pacificación (como es conocido el proceso puesto en marcha por el gobierno regional para expulsar a los narcotraficantes que controlaban las barriadas pobres de Río), hemos podido recibir a muchos cariocas. Antes, solo el 5 % de los visitantes era brasileño, hoy casi la mitad", asegura a EFE.

Thiago se muestra particularmente satisfecho de haber promovido la interacción entre vecinos que viven a tan solo una calle de distancia y que antes ni se conocían, unos vecinos que, según afirma, "nunca habían subido a la favela" y que ahora tienen la oportunidad de hacerlo y de "conocer como se vive, comer una "feijoada", tomar una cerveza o bailar funk".

Pero las visitas también permiten, tanto a brasileños como a turistas extranjeros, conocer una realidad compleja de primera mano que, en opinión de Thiago, es diferente a la que muestran los medios que, a su juicio, "hablan del lado malo de las favelas, no del bueno".

Según afirma, el 97 % de los moradores de estas comunidades son "trabajadores y honestos", pero la imagen mediática negativa hace con que las personas que acuden a visitar Santa Marta lo hagan "con miedo y recelos, aunque, tras visitar la comunidad y conocer el día a día, ven que somos personas alegres".

"Somos un pueblo pobre pero el más feliz del mundo y nuestra favela está abierta para cualquiera", concluye.

Atraída por esa parte de la ciudad, Fernanda, oriunda de Sao Paulo, recurrió a Thiago para conocer la favela de Santa Marta, una "oportunidad genial para conocer un poco más el país y el pueblo de Brasil, y conocer las dificultades que enfrentan", según comentó a EFE.

Durante su visita, Fernanda observó una realidad "muy dispar" que se correspondía "con la expectativa" que tenía. "Hay casas hechas de madera que parece que solo un viento fuerte podría tirarlas -comenta- y otras que están muy bien estructuradas".

Sin embargo, Fernanda terminó la visita muy preocupada por la existencia de cloacas a cielo abierto, lo que, en su opinión, "favorece que la transmisión de las enfermedades sea muy fácil".

La llegada de estos visitantes también ha favorecido el nacimiento de negocios dedicados exclusivamente a este servicio y que no emplean a habitantes de las favelas; un tipo de recorridos que algunos críticos ya han definido como "turismo de la miseria".

En ese sentido, Fernanda asegura que "no hubiera visitado Santa Marta si no fuese con un morador" de la comunidad porque, según asegura, "no sentiría la credibilidad de una empresa" que no cuenta con un habitante de la comunidad.

Junto a Fernanda, Pierre, turista francés, comenta que decidió visitar Santa Marta porque "aparte de los lugares turísticos de Río de Janeiro quería ver una favela" para conocer un poco mejor la realidad de la ciudad.

Para Pierre lo que observó en la favela "eras más o menos lo que esperaba", ya que es tal y como "aparece en las películas o lo que se puede leer".

En su opinión, este tipo de visitas no permite ver en profundidad "la vida de la gente" y echa en falta no ver los problemas con los que tienen que lidiar los habitantes.

"En dos horas no puedes explorar las relaciones que tienen los vecinos ni una experiencia en profundidad", concluye.

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