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Uruguay elige sucesor de Mujica con expresidente Vázquez con amplia ventaja

Los militantes del Frente Amplio ya celebran y los del Partido Nacional queman sus últimos cartuchos para intentar convencer a los indecisos en un país donde el voto es obligatorio.

La Razón Digital / AFP / Montevideo

16:41 / 24 de noviembre de 2014

Los uruguayos eligen el domingo al sucesor del popular presidente José Mujica en el final de una larga carrera electoral en la que la izquierda gobernante ya se aseguró el control parlamentario y el exmandatario Tabaré Vázquez llega con amplia ventaja sobre el centroderechista Luis Lacalle Pou.

Luego de la primera vuelta del 26 de octubre, en la que se quedó con el 47,8% de los votos y la mayoría en la cámara de Diputados, el candidato del oficialista Frente Amplio (FA, izquierda) ha recorrido en las últimas semanas el país regalando pequeños ejemplares de ceibos -el árbol "nacional" de Uruguay, que afirma simbolizan su compromiso con la gente- y asegurando que no hay que dar nada por ganado.

Los casi diez años de gestión del Frente Amplio, que llegó por primera vez al gobierno en 2005,  "han sido una década ganada, donde se creció al 5% anual en promedio", defendió el expresidente, que bajo la consigna "Uruguay no se detiene" promete que el país seguirá creciendo y distribuyendo mejor la riqueza, y afirma que dedicará "especial atención" a la educación, infraestructura y seguridad pública.

Las distintas encuestas otorgan a Vázquez (2005-2010) un 52% de la intención de voto y a Lacalle Pou, del Partido Nacional (centroderecha), entre 35% y 39%.

"Todavía queda una parte por lograr", dijo de todas formas Vázquez en los actos de campaña de la última semana, llamando a mostrar en las urnas una mayoría contundente y convocando a los uruguayos residentes en Argentina a volver a cruzar el Río de la Plata para respaldar su candidatura.

Este reputado oncólogo de 74 años que fuera en 2005 el primer presidente de izquierda de Uruguay se acerca así a la presidencia ajeno a las polémicas, sin dejar de lado su tono mesurado, evitando el debate directo con su contendiente y la sobreexposición mediática, bajo la consigna de que transmite sus mensajes directamente a los electores.

Posibilidades casi inexistentes

Del otro lado, Lacalle Pou denota desgaste y la dificultad de hacer llegar su mensaje a un electorado decepcionado por el golpe que significó la primera vuelta.

"Es difícil pero no imposible" o "el amor por lo que creemos es mucho más fuerte que la matemática", sostiene Lacalle en sus spots de campaña.

Lacalle obtuvo el 30,9% de los votos en octubre y aunque el líder del Partido Colorado (centroderecha, con 12,9% de los sufragios) Pedro Bordaberry le dio su apoyo de cara al balotaje, encuestadoras y analistas coinciden en que la distancia con Vázquez es prácticamente indescontable.

Hijo del expresidente Luis Lacalle (1990-1995), este diputado de 41 años protagonizó el último año un ascenso vertiginoso que lo llevó a ganar sorpresivamente en junio las elecciones primarias de su partido y ubicarse como principal amenaza para los 10 años de supremacía de la izquierda en el país.

Pero la buena votación de Vázquez en octubre, junto con el respaldo menor a lo esperado a los partidos Nacional y Colorado, derrumbaron la expectativa de la centroderecha de desplazar al FA del poder.

"Los resultados de octubre los dejaron (a los partidos opositores) con muy pocas posibilidades, prácticamente inexistentes", dijo a la AFP Rafael Piñeiro, doctor en Ciencia Política y profesor la Universidad Católica del Uruguay.

Así, "quienes quedaron en segundo lugar perdieron cualquier tipo de incentivo por competir" en la segunda vuelta electoral, añadió, explicando que precisamente la alta expectativa que se había suscitado en torno a la candidatura de Lacalle Pou hizo que "el golpe terminara siendo más fuerte" y que "se generara cierta frustración".

Ahora, la meta de este candidato que apostó a un discurso "por la positiva", evitando criticar directamente a sus adversarios, y se define como liberal, conservador y socialdemócrata, es "alcanzar un resultado digno" que consolide su naciente liderazgo dentro del Partido Nacional, estimó Piñeiro.

Para ello debería lograr al menos el respaldo que consiguió su padre en la segunda vuelta electoral de 2009 (45% de los votos válidos), cuando fue derrotado por el actual presidente Mujica.

Mientras, los militantes del Frente Amplio ya celebran y los del Partido Nacional queman sus últimos cartuchos para intentar convencer a los indecisos en un país donde el voto es obligatorio.

Para ceñirse la banda presidencial en esta segunda vuelta el candidato debe obtener la mayoría simple de los votos válidos.

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