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Video para ‘cazar’ a uno de los más buscados criminales causa polémica

La campaña Kony 2012, lanzada el pasado lunes por la ONG Invisible Children, ha situado en el amplísimo mapa de internet al hombre más buscado de Uganda, Joseph Kony. Esta iniciativa ha generado millones de adeptos pero también duras críticas de expertos y de otras organizaciones.

La Razón / EFE y El País / Nairobi

00:00 / 11 de marzo de 2012

En sus cinco primeros días, el video Kony 2012 colgado en el perfil de YouTube de la citada organización acumuló más de 52 millones de visitas y cientos de millones de dólares donados en muy pocos días. Logrando en este sentido su propósito de hacer famoso al líder del Ejército de la Resistencia del Señor (LRA, en sus siglas en inglés), el grupo guerrillero que, durante décadas sembró el terror en el Norte de Uganda, y que a partir de 2006 mata y secuestra en remotas zonas de la República Democrática del Congo y la República Centroafricana.    

El mensaje del video es sencillo: Kony debe pagar por las graves violaciones de los derechos humanos de las que está acusado, incluido el asesinato en masa, la esclavitud y el secuestro de menores para convertirlos en niños soldado o en niñas sirvientas, e incluso en esclavas sexuales.

Críticas. No obstante, varios expertos han cuestionado el uso de esta campaña para catapultar la imagen y los recursos de la ONG; entre éstos, Jose Miguel Calatayud, corresponsal del diario español El País que estuvo presente en Uganda como misionero durante el conflicto. Calatayud aclara que el video tiene varias limitaciones, sobre todo una falta de contextualización del problema que el mismo director del filme ha reconocido: “Durante los primeros 20 minutos no se aclara que la guerra en el Norte de Uganda se terminó a finales de 2006 y que ya no hay 40 mil niños secuestrados, puesto que a partir de ese año el LRA ha operado en remotas zonas del Congo y de la República Centroafricana y apenas son unos pocos cientos”.

Al no aclarar este extremo, muchos espectadores pueden tener la errónea impresión de que el problema continúa todavía en el Norte de Uganda, cosa que no es cierta puesto que allí la situación está ahora normalizada y los dos millones de desplazados hace ya por lo menos cuatro o cinco años que volvieron a sus hogares. El video omite también datos esenciales, como las causas de la guerra o el hecho de que también el ejército gubernamental ugandés cometió numerosas atrocidades contra la población, agrega.

Finalmente, Calatayud concluye que el video ofrece una imagen simplista y equivocada de la realidad. La campaña pide que haya asesores militares estadounidenses sobre el terreno, admite que ya los hay y pide que no se vayan, aunque no hay ningún indicio de que se vayan a ir antes de que Kony se rinda o sea capturado.

Luego, la campaña hace vagas peticiones de carácter político y militar que no tienen sentido. Y para todo esto, Invisible Children vende pósters, camisetas, pulseras, además busca involucrar a una serie de celebridades.

Una guerra invisible y olvidada

Desde 1987 hasta 2006, 19 años de guerra provocaron más de 150 mil asesinatos y el desplazamiento de más de un millón y medio de personas en Uganda.

Dudas sobre el envío de tropas de EEUU

El País

A finales de 2011, EEUU desplegó 100 miembros de sus fuerzas especiales para apoyar a las fuerzas ugandesas en la lucha contra el Ejército de la Resistencia del Señor. Aunque están equipadas para el combate, las tropas “sólo proporcionarán información, consejo y asistencia” a las fuerzas ugandesas o de otros países implicados, señalaba la carta que el presidente Barack Obama envió en octubre a la Cámara de Representantes para autorizar el envío.

Si bien las autoridades ugandesas se mostraron encantadas con la iniciativa, el despliegue causó sorpresa y ciertas sospechas en este país africano. “No sé cuáles serán las verdaderas intenciones de Estados Unidos pero a mí me habría gustado que una intervención así hubiera llegado antes, cuando la actividad del LRA se encontraba en su máximo”, señala Mohamed Ndifuna, presidente de la Human Rights Network Uganda.

Luego de conocerse la iniciativa, comentaristas ugandeses manifestaron en la prensa local sus sospechas sobre los verdaderos motivos de la operación.

Los más citados se relacionan con el interés por el petróleo descubierto en Uganda y la intención de contener la creciente influencia de China en la región.

“Los norteamericanos están en Somalia, en Sudán del Sur, han venido aquí… Lo que sí parece claro es que EEUU quiere tener una presencia visible, fuerte y sólida en la región y podría ser que quieran contrarrestar la presencia de China”, señala Ndifuna.

Daniel Travis, portavoz de la Embajada de EEUU en Uganda, responde a estas alegaciones: “¿Por qué ahora? Es simplemente el resultado de un proceso que empezó en 2009, cuando el Congreso aprobó una ley sobre la intervención, el Presidente la firmó en 2010 y, siendo sincero, es ahora que nuestros compromisos en otras partes del mundo se están reduciendo cuando tenemos el personal y los recursos para esta misión”.

Pero estas respuestas no convencen a los que como el ‘Obispo Ochola’, un antiguo obispo anglicano en el Norte de Uganda, llevan viviendo el conflicto desde dentro y desde sus inicios.

Sanguinario Ejército de la Resistencia del Señor

El País

El LRA es una milicia fundamentalista cristiana comandada por Joseph Kony, quien se considera un profeta y lanzó su rebelión en 1987 desde el Norte de Uganda. Aunque nació para defender los derechos de la minoría étnica Acholi y su objetivo inicial era implantar un Gobierno basado en los Diez

Mandamientos, sus tácticas son brutales: la milicia secuestra a niños y niñas para convertirlos en soldados, sirvientes y esclavas sexuales. Los niños son obligados a matar a amigos o familiares para que resulten alienados y no puedan volver a sus poblados. Y miembros del LRA también cortan los labios, la nariz y las orejas de sus víctimas cuando atacan poblados.

Desde su creación, el LRA es responsable del secuestro de unos 40 mil niños, según cifras de la ONU. En la actualidad, el LRA existe en la forma de pequeñas unidades  autónomas y repartidas por la jungla en un área entre Sudán del Sur, la República Centroafricana y la República Democrática del Congo (RDC).

En 2005, la Corte Penal Internacional emitió órdenes de arresto contra Kony y cuatro de sus oficiales por crímenes de guerra y contra la humanidad. EEUU cree que actualmente el núcleo del LRA son sólo unos 200 militantes acompañados por unos 600 rehenes.

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