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Xi se muestra al mundo como nuevo líder de China

Proceso. La autoridad debe encarar reformas anticorrupción

Presentación. Xi Jinping en su breve aparición ante la prensa, ayer.

Presentación. Xi Jinping en su breve aparición ante la prensa, ayer.

AFP / Pekín

03:00 / 16 de noviembre de 2012

Xi Jinping sucedió a Hu Jintao al frente del Partido Comunista chino (PCC) y por lo tanto de China, potencia mundial en plena mutación que este hombre deberá reformar y sanear de la corrupción galopante que la amenaza. Xi, de 59 años, se presentó ante la prensa internacional al frente del nuevo grupo dirigente de siete personas, la “dirección colectiva” que debe empuñar las riendas del país los próximos diez años.

Ayer fue elegido el cenáculo, en el que tendrá que imponerse Xi Jinping los próximos cinco años de su primer mandato, seguido en principio de un segundo. Ante los flashes y cámaras de todo el mundo, Xi subió al escenario del Palacio del Pueblo seguido de los seis nuevos dirigentes que formarán el “santa santorum” del poder chino, el comité permanente del Buró Político del PCC.

Rompiendo la tradición, con aire grave aunque sonriente, después de presentar a sus camaradas, Xi pronunció un breve discurso en el que advirtió de que el nuevo equipo asume “enormes responsabilidades” y reconoció que el Partido Comunista se enfrenta a “graves desafíos”, incluyendo la corrupción, subrayó.

“Nuestro pueblo (...) quiere que sus hijos crezcan mejor, que ocupen mejores empleos. Nuestro objetivo es conseguirlo”, agregó. Los dirigentes chinos están movilizados para “garantizar una vida mejor” a su pueblo, aseguró.

Sin embargo, reconoció que “nuestro partido enfrenta desafíos graves. Hay muchos problemas urgentes que deben ser resueltos dentro del Partido, en particular la corrupción, el alejamiento del pueblo, el formalismo y la burocracia de algunos jerarcas”. “El partido debe autoadministrarse sin complacencia, ocuparse de los problemas más evidentes y mejorar su trabajo”, insistió.

Sobriedad. Lejos del desborde mediático de la elección presidencial en Estados Unidos la semana pasada, la aparición de la nueva dirección del partido único chino, en el poder desde 1949, pone punto final a los trabajos, rodeados del máximo secreto, del 18º congreso del PCC, lastrados por casos de corrupción y abusos de poder en la dirigencia comunista.

Al despedirse, Hu Jintao le rogó  a Xi que “haga limpieza” en la casa: “Si fracasamos en tratar correctamente (la corrupción), podrá resultar fatal para el partido, y hasta provocar su desplome”, advirtió al inaugurar el congreso. El nuevo Jefe del Estado dijo que “China debe conocer mejor al mundo y recíprocamente”.

Grandes retos dentro, pocos giros afuera

Primer dirigente nacido tras la fundación del régimen comunista por Mao Tsetung en 1949, la personalidad de Xi Jinping es un gran enigma, su carrera es propia de un cuadro del partido que ha ido subiendo a la sombra de su predecesor. Su esposa, Peng Liyuan, famosa cantante que tiene el rango de general del ejército, es más popular que él. La pareja tiene una hija que estudia en EEUU, en la Universidad de Harvard, con nombre falso.

Afuera no se esperan giros espectaculares diplomáticos. Xi reivindica “el orgullo histórico” de China. Potencia en el Pacífico, deberá seguir plantando cara a EEUU y presionando a Europa, su primer mercado de exportación, para que solvente la crisis de la deuda. En materia de derechos humanos, Xi debe decidir si ordena la libertad al Nobel de la Paz 2010, el disidente Liu Xiaobo. A Xi lo espera una clase media de casi 700 millones de individuos, consumidores ajenos en su mayoría al ideal comunista.

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