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Los analistas son escépticos sobre la proximidad de un proceso de paz

La nueva voluntad de negociar que exhiben las FARC, ¿prueba la debilidad de una guerrilla que pierde territorios y combatientes? ¿O su concentración y fortalecimiento?

La Razón / A.G / La Paz

00:04 / 25 de marzo de 2012

Las FARC declararon que no volverán a secuestrar a civiles y reiteraron que quieren dialogar con el Gobierno. ¿Prueba de debilidad de una guerrilla que ha perdido territorios y combatientes? ¿O reconcentración y fortalecimiento internos, para ganar por añadidura una mejor posición negocial? Son preguntas que se hacen observadores y analistas del conflicto colombiano, el más prolongado de América, que dura desde 1948 y ha dejado casi cuatro millones de desplazados desde 1997, cuando el Gobierno inició un registro oficial de esa categoría.Hostilidades. Hoy los que iniciaron, dentro de las FARC, la política de las “retenciones políticas”, o secuestros, están todos muertos. ¿Habrá un nuevo proceso de paz? “Ahora no —responde desde Washington a La Razón Adam Isacson, Director de Programas del Center for International Policy— porque dejar de secuestrar no es declarar un cese de hostilidades. Pero una vez que las FARC dejen de secuestrar de forma verificable, el gobierno del presidente Juan Manuel Santos debe aprovechar del momento aumentando de forma importante sus contactos —silenciosos y por medio de intermediarios de confianza mutua— con la guerrilla para sentar las bases de un eventual diálogo formal. Aunque tal diálogo es poco probable antes de 2014, el gesto de las FARC (si es cierto) representa una oportunidad que no se debe dejar perder”.

Acercarse a las FARC, para el Ejecutivo, parece ser una opción difícil, pero necesaria. “El principal desafío que tiene el presidente Santos es hacerle entender a los colombianos que es necesario negociar con las FARC —dice a este diario por correo electrónico desde Cali  Gustavo Morales Vega, profesor en el Departamento de Ciencia Jurídica y Política de la Pontificia Universidad Javeriana—.  Primero, porque es la salida de fondo al conflicto, y segundo, porque pese a estar derrotada estratégicamente sus 6.000 hombres en armas tienen mucha capacidad de hacer daño aún. Tanto la favorabilidad popular como la amplia coalición que lo respalda le dan al Mandatario un enorme capital político para entrar en una posible negociación. Sin embargo, hacerlo de cara a una posible reelección, en un país que prefiere la “mano dura” y unas FARC que manejan un discurso ambiguo puede ser una maniobra altamente riesgosa para el gobierno de Santos. Claro que puede ser también la oportunidad histórica para ser el gran pacificador de Colombia”.

Indudablemente, las FARC “devolvieron la pelota en el campo del Gobierno —responde a este diario desde la capital colombiana de Bogotá el académico francés Frédéric Massé, codirector del Centro de Investigaciones y Proyectos Especiales de la Universidad Externado, y especialista en el conflicto armado. El gobierno del mandatario Santos seguía repitiendo que no había botado la “llave de la paz al fondo del mar”, pero que quería verdaderos gestos de paz —y no solamente palabras— para poder empezar a dialogar”

Ahora bien, no es tanto la falta de voluntad, sino la desconfianza la que se interpone para seguir adelante en un diálogo en el que cada interlocutor invita al otro a oír antes que a ser oído. “Cada uno teme que el otro lo engañe —prosigue Massé. La reciente iniciativa en enero de este año del colectivo Colombianos y Colombianas por la Paz, pidiendo una tregua bilateral, reabrió la polémica alrededor de la conveniencia o no de decretar un cese al fuego entre las Fuerzas Armadas colombianas y las guerrillas de las FARC y del ELN (Ejército de Liberación Nacional).” En suma, todos los expertos coinciden en que la prudencia conviene al gobierno de derecha de Juan Manuel Santos, heredero de dos mandatos de Álvaro Uribe, y conviene a la ciudadanía colombiana. Pero, al parecer, la prudencia conviene también a la misma guerrilla de las FARC.

El rescate como publicidad

Jaque

El plan de rescate que más impacto mediático causó se ejecutó el 2 de julio de 2008 y fue la famosa Operación Jaque, en la que un grupo de Inteligencia del Ejército sacó de la selva del sur del país a un grupo de secuestrados, entre quienes estaba la excandidata presidencial Ingrid Betancourt, que era rehén desde febrero de 2002. Desde entonces, la excandidata presidencial es candidata al Nobel de la Paz.

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