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Un boliviano ayuda a distribuir alimentos a refugiados en Irak

PMA. Sergio Alves cuenta el drama de quienes fueron obligados a huir de sus casas

La Razón (Edición Impresa) / Erick Ortega / La Paz

00:03 / 17 de agosto de 2014

“Es difícil creer que en el nombre de Dios se maten entre humanos”, escribe el paceño Sergio Alves Soria en su computadora de la recientemente creada oficina de Dohuk en el norte de Irak. Ayuda a distribuir alimentos a los desplazados por los terroristas.

Alves forma parte del roster del Programa Mundial de Alimentos (PMA) en Bolivia. Se trata de un selecto grupo de personas que ayuda en la distribución de alimentos. Los elegidos deben estar con la mochila lista detrás de la puerta para viajar a cualquier hora y a cualquier parte del mundo.

El 10 de julio, el PMA llamó a Alves. Su perfil encajaba perfectamente para convertirse en uno de los responsables de la distribución de alimentos en el norte iraquí.

Tenía el currículum suficiente porque antes coordinó operaciones de emergencia en toda Bolivia. Incluso estuvo en operaciones de auxilio en Guyana, Guatemala, República Dominicana y Paraguay.

Alves no dudó en viajar a Irak. No le importó las noticias que vio y escuchó los días previos. Por ejemplo, en junio el grupo radical del Estado Islámico (EI) puso en jaque al Gobierno de ese país y fue tomando ciudades. Incluso llegó a dominar por las armas la segunda urbe más grande de esa nación, Mosul. Después ocupó las localidades de Sinjar y Al Kaif.

En su avanzada, el EI se deshizo de sus enemigos, islámicos suníes y kurdos. Los cristianos y yazidíes (secta intermedia entre cristianos e islámicos) también sufrieron los embates de la agrupación radical. Por ejemplo, en las dos últimas semanas unas 400.000 personas decidieron dejar sus hogares y ahora deambulan por territorios que no son los suyos.

Tras el llamado del PMA, Alves conversó con su familia y después alistó su equipaje. Él, con sus 13 años de experiencia en la entidad multilateral sobre los hombros, llegó a Irak el 13 de julio. “Lo que más me impresionó de los desplazados es su capacidad de haber sobrevivido a esas condiciones tan duras. Un grupo que se estima que fue de aproximadamente 100.000 personas fue atrapado en las montañas de Sinjar cuando escapaba y fue acorralado. Pasaron dos semanas sin alimento ni agua, hasta que las fuerzas de Irak, con el apoyo de Estados Unidos, pudieron abrir un corredor”, respondió el ingeniero a un cuestionario electrónico enviado por La Razón.

Aquello es solo un pantallazo del problema en territorio iraquí. Alves supo de personas a quienes les quemaron sus casas. Según el boliviano, los radicales del EI matan a quien no deja su religión y se suma a ellos. Alves y la gente del PMA tampoco están totalmente resguardados. Llevan ayuda humanitaria en autos blindados, usan chalecos antibalas y cascos. A veces trabajan en recintos cerrados porque el peligro es constante.

Por ejemplo, a los dos días que Alves llegó a Dohuk tuvo que despertar a las 02.00 para una evacuación de emergencia porque los  combates estaban cerca de la urbe. “Al final yo me tuve que quedar por ser personal esencial. Finalmente, por suerte no tocaron la ciudad”.

La suerte está en peligro de extinción en Irak. “Los desplazados son gente mayoritariamente urbana, poco acostumbrada al sufrimiento al desplazarse en un calor sofocante (entre 45 y 50 grados). Llegan exhaustos, irritados y traumatizados. La gran mayoría de las familias han perdido algún miembro de la misma, generalmente”.

Los combatientes del EI roban las pertenencias (a veces documentos de identidad) de quienes no comparten sus creencias. Sus víctimas preferidas son las mujeres. Entre los desplazados se encuentran aquellos que lloran por la pérdida de alguna hija, hermana o madre. “Seguramente (la secuestrada) será utilizada sexualmente y luego descartada. A los hombres que capturan los obligan a convertirse o los matan”, escribe Alves.

Allá, a lo lejos, el paceño dice que este drama es una de las peores crisis humanitarias que ha visto. Los reportes periodísticos internacionales indican que más de 1,5 millones de personas han abandonado sus hogares por la fuerza.

“Lo que me anima y me satisface es ver a niños, mujeres y ancianos comiendo. El PMA distribuye en esta región alimentos con alto valor nutritivo y en raciones muy variadas”, añade Alves.

El drama de los refugiados en Irak, por el momento no tiene visos de solución. Se anuncia la llegada de armas para la defensa de los desplazados. Ahí, al pie del cañón estará el PMA y el boliviano Sergio Alves Soria, para ayudar a quienes más necesitan de apoyo.

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