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Lula da Silva traslada su lucha a las calles para salvar su imagen

Obligado a declarar por el fraude en Petrobras, el expresidente Lula, símbolo de la izquierda brasileña, pidió a sus partidarios que lo apoyen en las calles mientras la oposición gana ímpetu para acelerar la destitución de su ahijada política, Dilma Rousseff.

Infografía: EFE/Adaptación: La Razón

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La Razón (Edición Impresa) / AFP/EFE / Sao Paulo y Sao Bernardo do Campo (Brasil)

00:00 / 06 de marzo de 2016

Obligado a declarar por el fraude en Petrobras, el expresidente Lula, símbolo de la izquierda brasileña, pidió a sus partidarios que lo apoyen en las calles mientras la oposición gana ímpetu para acelerar la destitución de su ahijada política, Dilma Rousseff.

Fiscales brasileños sospechan que Lula aceptó millonarios favores de empresas constructoras acusadas de un desfalco a Petrobras, y a su pedido la Policía allanó el viernes en la mañana el domicilio y las oficinas del exmandatario, socios y familiares, y lo obligaron a declarar ante la Policía.

El carismático Lula, que a sus 70 años se vislumbra como eventual presidenciable del gobernante Partido de los Trabajadores para las elecciones de 2018, se declaró ultrajado, y en inflamados discursos aseguró el viernes que “si me quieren derrotar me tendrán que enfrentar en las calles de este país”.

“A partir del lunes estoy dispuesto a viajar por todo el país. Si alguien piensa que me va a callar con persecuciones y denuncias, yo sobreviví al hambre, y quien sobrevive al hambre no desiste nunca”, dijo Lula, que de niño fue lustrabotas y luego tornero mecánico y sindicalista antes de alcanzar la presidencia.

Llamado. Una manifestación de apoyo al expresidente fue convocada para el martes, mientras la oposición prepara hace semanas una nueva protesta el 13 de marzo para presionar por la salida de Rousseff del Gobierno.

El viernes, decenas de manifestantes pro y anti Lula se enfrentaron a golpes frente a la casa del expresidente y en los locales de la Policía donde declaró.

Aún no hay acusaciones formales contra Lula. Los fiscales dicen que hay indicios de enriquecimiento ilícito y tráfico de influencias en el marco de la Operación Lava Jato que intenta desmadejar el fraude a la petrolera estatal, pero aclaran que esta fase es investigativa.

El traslado forzado del exmandatario a la Policía Federal de Sao Paulo a declarar sin previa intimación fue cuestionada por juristas e incluso por un ministro de la Corte Suprema.

“No se puede obligar a alguien a prestar testimonio cuando no está obligado a hacerlo. Es el caso de Lula que ya prestó testimonio espontáneamente en el marco de este caso”, dijo Thiago Bottino, experto en derecho penal de la Fundación Getulio Vargas (FGV).

El juez Sergio Moro, a cargo de la investigación del megafraude a Petrobras, asegura que tomó la decisión de sorprender a Lula al amanecer en su casa para evitar tumultos entre manifestantes oficialistas y de la oposición.

Michel Mollahem, profesor de derecho, estima que este “apresuramiento” puede terminar beneficiando al exmandatario que asumió la presidencia en 2003 y dejó el poder ocho años después con un 80% de aprobación.

Las acciones policiales “pueden afectarlo negativamente o crear una narrativa heroica de Lula, todo corresponde a la habilidad de los investigadores”.

Dilma Rousseff visitó al expresidente en su casa

La presidenta brasileña, Dilma Rousseff, visitó ayer en su residencia a su antecesor y padrino político, Luiz Inácio Lula da Silva, un día después de que el exmandatario fuera blanco de la mayor investigación por corrupción en la historia del país.

La Jefa de Estado llegó a primera hora de la tarde al domicilio de Lula, donde fue recibida por unos 300 simpatizantes que se congregaron en las puertas del edificio, situado en el municipio de Sao Bernardo do Campo, en el área metropolitana de Sao Paulo.

Los seguidores del gobernante Partido de los Trabajadores (PT), al que pertenece Rousseff y del que Lula es uno de los fundadores, acompañaron a la Presidenta entre gritos de “No habrá golpe”, en referencia a la posible apertura de un juicio en el Congreso y que podría costarle el cargo a la Jefa de Estado.

La Presidenta llegó en un vehículo, con la ventana bajada, y entró en el garaje del edificio sin parar en la calle, tras lo cual salió, junto a Lula y su esposa, Marisa Leticia, para saludar a los correligionarios desde el balcón del apartamento.

Desde allí, con el puño izquierdo alzado, Rousseff saludó a los simpatizantes, quienes coreaban “Lula, guerrero del pueblo brasileño” ondeando banderas y camisetas rojas.

Lula, minutos antes, había bajado de su departamento y salido hasta las afueras del edificio para saludar y mezclarse con los militantes, muchos de ellos que estuvieron en el lugar durante la noche.

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