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La historia de la cláusula de salida del Reino Unido de la UE

Es una ironía del destino que las 264 palabras que servirán para que el Reino Unido se divorcie de la Unión Europea fueran una iniciativa británica, que muchos ya vieron como una fuente de problemas.

Las banderas del Reino Unido vuelan arriba y delante de las casas de Parlamento de Gran Bretaña en Londres este 20 de marzo de 2017. Foto: AFP

Las banderas del Reino Unido vuelan arriba y delante de las casas de Parlamento de Gran Bretaña en Londres. Foto: AFP

La Razón Digital / AFP / Londres

08:25 / 29 de marzo de 2017

Es una ironía del destino que las 264 palabras que servirán para que el Reino Unido se divorcie de la Unión Europea fueran una iniciativa británica, que muchos ya vieron como una fuente de problemas.

El Artículo 50, recién invocado por la primera ministra británica Theresa May, nació en una gran convención, celebrada entre 2002 y 2003, para redactar una Constitución para la UE cuando se preparaba su ampliación a los países de Europa del Este.

Volviendo la vista hacia aquella convención, los delegados recuerdan la hostilidad que provocó la idea de crear una "cláusula de salida", que no tenía precedente en la ley europea.

"Para mucha gente, la noción de que un día quisieras salir era un insulto", recordó la diputada británica Gisela Stuart, quien era parte de la presidencia colegiada de la convención.

La diputada laborista peleó por la inclusión de aquella cláusula, y recuerda que no estaba segura de que fuera a sobrevivir a las siguientes cribas.

Pero la convención constitucional acabó, entre brindis de champagne y la "Oda a la alegría" de Beethoven, y la cláusula, intacta, seguía ahí.

Stuart no compartía el entusiasmo.

En la campaña del referéndum asumió un papel protagonista a favor de la salida de la UE, cuyo triunfo haría del Reino Unido el primer país en aprovechar el Artículo 50.

Su disgusto por la UE nació de su percepción del carácter elitista de aquella convención, y se alimentó con acontecimientos posteriores.

La ampliación a los países del este de Europa se produjo en 2004, pero la Constitución no prosperó porque fue rechazada por los votantes franceses y holandeses en referéndum.

Una cláusula de castigo     

Pese a aquellos reveses electorales, los líderes europeos volvieron a las negociaciones y la Constitución acabó en un nuevo tratado europeo, firmado en Lisboa.

Lo que inicialmente era el "Artículo 60", se convirtió en el Artículo 50 del Tratado de Lisboa, sin que nadie creyera que un día sería utilizado.

Originalmente, la idea era crear un mecanismo para echar a aquellos Estados miembro que tardaran dos años en ratificar la Constitución.

"Todo el mundo creía que serían los británicos quienes tendrían problemas para ratificar la Constitución, no los franceses ni los holandeses. Así que, al principio, era una cláusula de expulsión", dijo Stuart a la AFP en una entrevista telefónica.

"Pero ni cuando fue creada, ni en su estadio final, cuando se convirtió en el Artículo 50 del Tratado de Lisboa, sus diseñadores pensaron que algún día sería utilizada", agregó.

El plazo de dos años para materializar la salida sobrevivió en el tratado, pero quienes idearon y redactaron el artículo no aclararon si el proceso podía detenerse una vez empezara.

El diplomático británico John Kerr, que como secretario general de la convención fue el principal diseñador del Artículo 50, cree que el proceso de salida es reversible si un Estado miembro cambia de opinión.

Billete de ida  

En una entrevista con la BBC en noviembre, Kerr, que ahora es miembro de la Cámara de los Lores, admitió que cuando redactó el artículo tenía en mente unas circunstancias muy diferentes a las actuales británicas.

"Pensaba que las circunstancias en las que se usaría, si es que jamás se usaba, sería en caso de un golpe de Estado en un país miembro y para suspender su membresía de la UE", dijo.

"Pensaba que en ese momento, el dictador en cuestión se enojaría de tal modo que diría 'está bien, nos vamos', y estaría bien tener un marco en el que abandonar" la UE.

Sin embargo, otros delegados predijeron que la cláusula sería usada por los euroescépticos.

"En aquel momento, los detractores de la UE la caricaturizaban como un billete de ida a un destino desconocido en un vagón sellado", dijo a la AFP el representante holandés Gijs de Vries.

Algunos defensores de la UE estimaron que podían refutar esa caricatura con la inclusión de la cláusula.

Pero De Vries estimó que "era improbable que la introducción de una cláusula de salida satisficiera a los populistas; al contrario, yo temí que les diese alas".

"Me temo que el debate que vimos en el referéndum británico me dio la razón".

(29/03/2017)

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