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El capitán del barco admite que un error suyo causó el naufragio

Crucero. Schettino reconoció que dio la orden de virar el buque  ‘demasiado tarde’

Rescate. Buzos italianos emergen ante el Costa Concordia. Ayer, la búsqueda de 26 desaparecidos fue interrumpida por movimientos del barco.

Rescate. Buzos italianos emergen ante el Costa Concordia. Ayer, la búsqueda de 26 desaparecidos fue interrumpida por movimientos del barco.

El País/AFP / Roma/Bolonia

01:39 / 19 de enero de 2012

El capitán de la nave Costa Concordia, Francesco Schettino, admitió a la Policía que el accidente se debió a un error suyo, según indica la BBC citando un documento filtrado de la investigación sobre el naufragio. Schettino ordenó que el buque se diera la vuelta “demasiado tarde”, según fuentes judiciales, cuando ya no tenía margen de maniobra para evitar chocar con el fondo marino. “Conocía bien las profundidades de la zona”, explicó.

El martes, Schettino fue puesto bajo arresto domiciliario. “Imprudente, incapaz y fuera de quicio”. Valeria Montesarchio, la jueza de Grosseto, califica así la conducta del capitán. La magistrada ha permitido que Schettino vuelva con su familia, cerca de Nápoles, porque opina que es improbable que se fugue, en contra de lo que sostienen los fiscales.

“Schettino se quedó en la costa de la isla de Giglio toda la noche, viendo cómo se hundía el barco”, dijo Montesarchio. Si no huyó en aquellos momentos, cuando el desastre asumía proporciones cada vez más dramáticas, es      improbable que lo haga ahora.

Las labores de búsqueda de los desaparecidos en el crucero Costa Concordia fueron suspendidas  a primera hora de la mañana del miércoles debido al deslizamiento de la nave. El barco se encuentra apoyado a estribor sobre unas rocas y los servicios de rescate temen que pueda caer y sumergirse por completo en el mar.

Pero tras los últimos movimientos del enorme navío, de 290 metros de eslora, anoche finalmente se estabilizó, lo que permitirá a los buzos reanudar hoy la búsqueda de la veintena de desaparecidos en el naufragio del viernes en la noche frente a las costas italianas. “La nave está estable. Si permanece así reanudaremos el jueves de madrugada la búsqueda”, indicó Filippo Marini, portavoz de la Guardia Costera.

Víctimas. Mientras, el saldo provisional del desastre continúa en 11 muertos. Las autoridades lograron establecer la identidad de uno de los cinco cuerpos recuperados a bordo de la nave, un empleado húngaro, hallado a 20 metros de profundidad.  

Igualmente informaron que fue descubierta viva en su país una pasajera alemana que figuraba en la lista de desaparecidos, generando esperanzas entre los familiares de los afectados.  Pese a ello, 26 personas se encuentran en esa lista y quedan cinco cuerpos aún sin identificar.

Pero la liberación del controvertido comandante Schettino, responsable de la tragedia, que ya pasó a arresto domiciliario en su residencia de Meta de Sorrento, cerca de la sureña Nápoles, generó indignación entre algunos parientes de las víctimas. El padre de la peruana Erika Soria, de 25 años, desaparecida en el naufragio, pidió ayer desde la isla italiana del Giglio, que el responsable del siniestro “no quede impune por lo que ha hecho”.

“Pueden ocurrir accidentes, una avería, quebrarse el motor. Pero en este caso no fue así. Naufragó por un error del comandante de la nave que está libre ahora”, declaró, al canal de noticias Sky, Saturnino Soria, padre de la joven, quien llegó de Perú con su familia para obtener noticias de la hija. “El comandante puso en peligro la vida de más de 4.000 personas, se sabe que abandonó la nave antes que todos y ahora está libre”, lamentó con tono indignado.

Acusado de homicidio culposo múltiple, abandono de nave y naufragio, por lo que corre el riesgo de ser condenado a 12 años de prisión, Schettino fue detenido el sábado por orden de la fiscalía por temor a que manipulara las pruebas y por el riesgo de fuga. La jueza de instrucción, que decidió la detención domiciliaria, admitió que existen “graves indicios” de culpabilidad contra el capitán, responsable de “un desastre de proporciones mundiales”, dijo.

¡SUBA A BORDO!

Schettino: ¿Sí?

De Falco: Soy De Falco, de la Capitanía de Livorno, ¿capitán?

S.: Sí. Buenas noches, comandante.

D.F.: Dígame su nombre.

S.: Soy el capitán Schettino.

D.F.: ¿Schettino? Escuche, hay personas a bordo. Vaya con su lancha por la proa de la nave. Hay una escalera. Suba por la escalera a bordo y me dice cuántas personas hay allí. ¿Está claro? Estoy grabando esta conversación, capitán Schettino.

S.: Entonces comandante, le voy a decir una cosa... La embarcación ahora... yo estoy aquí, enfrente.

D.F.: Capitán, hable más alto, ponga la mano delante del micrófono.

S.: Comandante, en este momento la nave está inclinada.

D.F.: Entendido. Hay gente bajando por la escalera de proa. Usted recorre esa escalera en sentido contrario, se sube a la nave y me dice cuántas, si hay niños o mujeres. Mire, Schettino, usted se ha salvado del mar, pero yo se las voy a cobrar. ¡Suba a bordo, coño!

S.: Comandante, por favor.

D.F.: No por favor... Suba a bordo. Asegúreme que está subiendo.

S.: Estoy aquí con la lancha de socorristas, no me voy a ningún sitio...

D.F.: ¿Qué está haciendo, capitán?

S.: Estoy para coordinar el rescate.

D.F.: ¿Qué coordina desde allí? Suba y coordine a bordo. ¿Se niega?

S.: No, no me estoy negando.

D.F.: ¿Se niega a subir a bordo, capitán? Dígame por qué no sube.

S.: La otra lancha se ha parado...

D.F.: Suba, es una orden. Usted no tiene que hacer deducciones. Usted abandonó la nave, ahora mando yo. Suba y me llama. Está allí mi responsable de rescate.

S.: ¿Dónde está?

D.F.: Está en la proa. Hay cadáveres.

S.: ¿Cuántos cadáveres hay?

D.F.:  No lo sé... Escuché de uno. ¡Ud. me tiene que decir cuántos hay!

S.: Pero, ¿se da cuenta de que está oscuro y no se ve nada?

D.F.: ¿Y quiere volver a su casa, Schettino? Suba a proa por la escalera y me cuenta qué se puede hacer, cuántas personas hay. ¡Ahora!

S.: Yo quiero subir, pero la otra lancha que está aquí... Hay otros rescatadores y se ha parado. Acabo de llamar a los otros rescatadores.

D.F.: Hace una hora que me dice lo mismo. Suba a bordo, ¡a bordo! ¡B-O-R-D-O! y me cuenta cuántas personas hay.

S.: Está bien. (Pero no subió)

La ciudad natal de Schettino lo defiende

La ciudad natal del comandante Schettino, la sureña Meta di Sorrento, cerró filas alrededor del capitán, convencida de que hizo lo posible para salvar a más de 4.000 personas. Schettino, de 52 años, llegó a su casa en la madrugada de ayer para empezar a cumplir su arresto domiciliario, acompañado por policías, que lograron engañar a la prensa y esconderlo de los fotógrafos.

“El hombre más detestado” de Italia, según la prensa y las páginas web, entró a pie por la parte trasera de su casa, mientras los fotógrafos asediaban al hermano que descendía del automóvil policial. Schettino es defendido a capa y espada por sus paisanos. “Garantizó la seguridad de mucha gente, fue hábil”, repiten algunos y subrayan que dirigir los socorros desde una lancha de rescate es un comportamiento “legal”. Hasta el cura del pueblo recuerda las tradiciones marineras de la zona y los sacrificios de un hombre orgulloso de su carrera.

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