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El copiloto del Germanwings fue quien provocó la caída del avión

Accidente. El alemán se encerró en la cabina y accionó el sistema de descenso

Info cabina vuelo A320.

Info cabina vuelo A320.

La Razón (Edición Impresa) / EFE, AFP / París

02:11 / 27 de marzo de 2015

El análisis del contenido de una de las dos cajas negras del avión de Germanwings que se estrelló en los Alpes franceses desveló ayer que el copiloto, un joven alemán identificado como Andreas Lubitz, provocó el siniestro de forma aparentemente voluntaria. La grabación sonora, con la conversación en cabina, ofreció a los investigadores datos de la última media hora de ese vuelo, que cubría el trayecto entre Barcelona (España) y Düsseldorf con 150 personas a bordo.

Los primeros 20 minutos, según relató en conferencia de prensa el fiscal francés del caso, Brice Robin, muestran que su conversación con el comandante transcurrió en un tono cortés e incluso cordial, pero que sus respuestas comenzaron a ser “lacónicas” y breves durante la preparación del informe para el aterrizaje.

Aislamiento. Justo después, el comandante le pidió que tomara el mando porque iba a ausentarse de la cabina, presumiblemente para ir al servicio sanitario, y fue en ese momento en que Lubitz se quedó solo cuando bloqueó el acceso desde fuera, y la tripulación y la torre de control perdieron el contacto con él.

El joven, de 27 años, con una experiencia de 630 horas de vuelo y que había comenzado a trabajar en Germanwings en septiembre de 2013, accionó el sistema de descenso “pese a que no tenía razones para hacerlo” y no pronunció palabra en el resto del trayecto.

La grabación de la caja negra, según el fiscal, permite saber que el comandante reclamó que le abriera la puerta e intentó derribarla por la fuerza ante la falta de respuesta, así como que las advertencias de los controladores ante el inesperado descenso del avión tampoco fueron atendidas.

La respiración del copiloto era en apariencia normal, añadió Robin, por lo que todo indica que estaba vivo hasta el momento en que el avión se estrelló contra las cumbres del macizo de los Trois Évêchés y quedó pulverizado.

La investigación, que se ha abierto como “homicidio involuntario”, se dirige ahora hacia un acto supuestamente deliberado del copiloto, del que todavía se desconocen los motivos. “Normalmente, cuando te suicidas, te suicidas solo, por eso no pronuncio esa palabra, pero efectivamente te puedes plantear legítimamente la cuestión”, indicó el fiscal francés a los medios, insistiendo en que “en este momento, nada permite decir que se trate de un atentado terrorista”.

El comportamiento de Lubitz, no obstante, puede interpretarse como que había “una voluntad de destruir el avión”. Los pasajeros de ese vuelo, según los elementos de la investigación, en principio no se dieron cuenta de lo que sucedía hasta el final, dado que no se escuchan gritos hasta poco antes del impacto.

El Ministerio de Exteriores alemán elevó a 75 el número de alemanes muertos en la catástrofe, pero entre las víctimas figuran además 50 españoles, tres estadounidenses y tres argentinos, así como ciudadanos de Australia, Bielorrusia, Colombia, Dinamarca, Reino unido, Irán, México, Marruecos, Holanda y Venezuela.

Lamentos. “Esta tragedia toma una dimensión completamente inimaginable”, declaró la canciller alemana Angela Merkel, y agregó que “va más allá del entendimiento”, en una declaración a la prensa, en la Cancillería, en Berlín. El presidente del Gobierno español Mariano Rajoy se declaró, por su parte, “conmocionado” por las revelaciones de la investigación.

El miércoles, tanto Merkel como Rajoy acudieron al lugar de la tragedia en compañía del presidente francés François Hollande. Las familias de las víctimas llegaron ayer a las localidades de Le Vernet y Seyne-les-Alpes, cercanas a la montaña inhóspita donde perecieron sus seres queridos.

En dos grupos distintos —familias de los miembros de la tripulación de un lado y familias de los pasajeros por otro— se recogieron en las capillas ardientes erigidas en estas dos localidades. En total, 201 personas —de ellas 33 allegadas de los miembros de la tripulación— se desplazaron, según un portavoz de Lufthansa, la casa matriz de la compañía de bajo costo Germanwings.

Andreas Lubitz era un ‘joven amable y divertido’

Andreas Lubitz, quien presuntamente y de forma voluntaria estrelló el martes en los Alpes franceses el avión de Germanwings con otras 149 personas a bordo, era un joven de 27 años con una vida en apariencia normal y que trabajaba para la aerolínea desde 2013. “Cumplió su sueño de volar, sueño que ahora ha pagado caro con su vida”, comentaban sus compañeros del club aéreo LSC Westerwald de Montabaur, su localidad natal, en un mensaje colgado en la web de la organización tras conocer la tragedia del avión.

En ese breve homenaje en recuerdo de Lubitz, los compañeros del club de vuelo lloraban la muerte de uno de sus miembros, que “comenzó como piloto de planeadores y llegó a ser piloto de un Airbus A320”. Con ese avión se estrelló el martes tras despegar de Barcelona en un vuelo con destino a Düsseldorf, donde la Policía registró su vivienda por orden de la Fiscalía con el fin de encontrar alguna prueba que pueda explicar lo que hizo.

Según las primeras informaciones a partir de las grabaciones de voz registradas en la primera “caja negra” recuperada del avión, el copiloto accionó el sistema de descenso del aparato estando solo en la cabina y no abrió la puerta al piloto, que había salido un momento e intentó sin éxito regresar.

El joven, de 27 años según el Ayuntamiento de Düsseldorf —un año menos de lo que se informó inicialmente—, nació en la pequeña localidad de Montabaur, de 12.500 habitantes. Vivía entre Düsseldorf, capital del vecino estado de Renania del Norte-Westfalia, y la casa de sus padres en Montabaur, también ayer registrada por la Policía a la búsqueda de algún indicio que pueda esclarecer su conducta.

Andreas Lubitz se había formado para ser piloto en el centro que tiene Lufthansa en Bremen y, según informó el presidente de la aerolínea alemana, Carsten Spohr, hace seis años y durante varios meses interrumpió su formación, algo que no es infrecuente. “Era 100% apto para el vuelo, sin ningún tipo de peculiaridad”, aseguró. Pero fue ese parón de meses el que suscitó las mayores especulaciones sobre una eventual depresión u otro problema psicológico, que ninguna fuente confirmó.

Varios de sus compañeros en el club aéreo de Montabaur consultados por los medios locales describieron a Lubitz como “un joven muy amable”, “divertido y a veces quizás un poco tranquilo”, sin ninguna particularidad especial o característica llamativa. El copiloto había comenzado a trabajar para Germanwings en septiembre de 2013. Había pasado todas las revisiones exigidas en Lufthansa y también los controles de seguridad rutinarios que realizan las autoridades de control aéreo.

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