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El copiloto del avión siniestrado temía el fin de su carrera

Alpes. Caja negra revela que el capitán le pidió a gritos que abriera la ‘maldita puerta’

Sospechoso. Andreas Lubitz, el joven que supuestamente estrelló el avión en los Alpes, el martes 24.

Sospechoso. Andreas Lubitz, el joven que supuestamente estrelló el avión en los Alpes, el martes 24. AFP.

La Razón (Edición Impresa) / EFE / Berlín

04:32 / 30 de marzo de 2015

El copiloto del avión siniestrado en los Alpes franceses, Andreas Lubitz, que presuntamente estrelló el aparato de forma deliberada, estaba siendo tratado por un posible desprendimiento de retina que le hacía temer el fin de su carrera como piloto, publicó ayer el diario Bild. Además de sufrir un trastorno psicosomático, como parecen indicar los documentos médicos y los medicamentos hallados en el registro de su vivienda y la de sus padres, Lubitz padecía igual problemas físicos, en concreto de visión, asegura el rotativo.

Según el Bild, el copiloto estaba en tratamiento por un desprendimiento de retina y temía por su vista, aunque se desconoce si el origen era orgánico o psicosomático. En todo caso, este problema ponía en duda su capacidad para pilotar un avión, y probablemente en el próximo control médico de junio su empleador le habría prohibido volar en la cabina, afirma el diario.

Hallazgo. La Fiscalía de Düsseldorf informó el viernes del hallazgo durante el registro de la vivienda del copiloto y de la de sus padres de varios documentos que arrojan luz sobre su situación personal, entre ellas “bajas médicas, actuales e incluso vigente para el día de los hechos, hechas pedazos”.

Los agentes encontraron además en su vivienda de Düsseldorf recetas de psicofármacos para tratar trastornos bipolares, así como gran cantidad de somníferos. Pero peor aún, agrega el diario, es que los policías encontraron también psicofármacos sin abrir, lo cual apunta a que Lubitz pudo haber dejado de medicarse, algo que los investigadores esperan poder determinar a partir del análisis de los restos del copiloto, hallados ayer en el lugar de la tragedia que dejó 150 muertos el martes 24.

Tras despegar con retraso de Barcelona, el comandante le había explicado entre otras cosas a Lubitz que no había tenido tiempo de ir al baño, por lo que éste le ofreció asumir el mando del aparato en cualquier momento. Más tarde, se oye decir a Patrick Sondenheimer: “Puedes asumir el mando”. Entonces se oye el ruido de una silla y una puerta que se cierra. A las 10.29 el radar registra un primer descenso del aparato.

El piloto pidió desde fuera de la cabina a gritos al copiloto que abriera “la maldita puerta”, al tiempo que intentó derribarla, según las grabaciones de una de las cajas negras. Cuando Lubitz supuestamente ya había accionado el sistema de descenso, y los controladores aéreos franceses habían tratado a las 10.32 de contactar sin éxito con la aeronave, la grabación registra la señal de alarma automática por pérdida de altura, revela Bild.

Después se oye un fuerte golpe, como si alguien intentara abrir de una patada la puerta de la cabina, y la voz del capitán, que grita: “¡Por el amor de Dios, abre la puerta!”. En un segundo plano se oyen gritos de pasajeros. A 5.000 metros de altura se activa una nueva alarma, y se oye al piloto gritar: “¡Abre la maldita puerta!”. A las 10.38, a unos 4.000 metros de altura, se oye la respiración del copiloto, que no dice nada. A las 10.40, el aparato toca con el ala derecha la montaña y de nuevo se oyen los gritos de los pasajeros, los últimos sonidos que registra la caja negra.

Respuestas lacónicas

Aterrizaje

A las 10.27 del martes, a 11.600 metros (38.000 pies) de altura, el piloto le pide al copiloto que vaya preparando el aterrizaje a Düsseldorf y éste le responde entre otras palabras con un “ojalá” y “vamos a ver”.

Especialistas analizan el ADN de 78 víctimas

Los investigadores franceses avanzan en el análisis de los restos humanos encontrados en el lugar del siniestro del A320 en los Alpes franceses y ayer aseguraron que ya manejan el ADN de 78 individuos diferentes. Se trata de más de la mitad de los 150 ocupantes del avión, aunque todavía no se ha puesto nombre a esos restos, ya que para ello es preciso cruzar los datos extraídos en el laboratorio de campaña de Seyne-les-Alpes con las muestras recogidas a sus familiares y custodiadas en París.

Plan. Esta segunda etapa, que no se afrontará hasta que se termine la de recogida de restos, será la que permita identificar a cada uno de los pasajeros, siempre y cuando se encuentren muestras analizables de todos ellos, dijeron fuentes de la investigación. El dispositivo médico, psicológico y logístico de apoyo a las familias de las víctimas del accidente del avión entre Barcelona y Düsseldorf se mantuvo en marcha en los Alpes franceses.

La recogida de restos continuó al ritmo ya habitual que han impuesto los investigadores, con medio centenar de vuelos de helicóptero diarios y medio centenar de personas trabajando sobre el terreno en que ocurrió el siniestro.

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