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Los crímenes de la dictadura de Augusto Pinochet

Su régimen de facto fabricó armas químicas, se alió con nazis y lideró el Plan Cóndor

Info golpe de Estado en Chile.

Info golpe de Estado en Chile.

La Razón (Edición Impresa) / AFP / Santiago

01:28 / 11 de septiembre de 2014

Desarrolló armas químicas para exterminar a opositores, planificó el primer atentado terrorista en Washington, se alió con exnazis, montó apariciones de la virgen: los crímenes y las tretas de la dictadura de Augusto Pinochet (1973-1990) superaron la ficción.

Son 41 años del golpe de Estado que dio inicio a su gobierno de facto, el 11 de septiembre de 1973, y asombran aún la crueldad y los crímenes de un régimen que se saldó con más de 3.200 víctimas y 38.000 torturados.

“Nos quedamos cortos. Esta máquina era mucho mayor de lo que imaginábamos”, señaló la periodista Mónica González, una de las mayores investigadoras de las violaciones a los derechos humanos de esa época.

Un año después del golpe, Pinochet mandó a asesinar a quien lo había antecedido en la jefatura del Ejército y recomendado su nombre a Salvador Allende: el general Carlos Prats, un hombre con una brillante carrera militar, quien murió junto a su esposa Sofía Cuthbert al estallar una bomba adosada a su auto en Buenos Aires.

El doble asesinato fue la antesala de la macabra Operación Cóndor, una confabulación de las dictaduras del Cono Sur —incluida la de Bolivia, con Hugo Banzer Suárez— para eliminar opositores ideada por Pinochet.

Pero dos años después, fue mucho más allá: el 21 de septiembre de 1976, a pocas cuadras de la Casa Blanca, otro coche bomba acabó con la vida del excanciller chileno Orlando Letelier y de su secretaria estadounidense Ronni Moffitt. Hasta antes de los ataques al Pentágono, en Washington, y las Torres Gemelas, en Nueva York, en 2001, este atentado era considerado el primer acto terrorista en Estados Unidos.

Pinochet construyó un campo de concentración similar a los usados por los nazis para mantener cautivos a prisioneros políticos, en una remota e inhóspita isla del Estrecho de Magallanes. Con temperaturas bajo cero, las víctimas eran sometidas a trabajos forzados y vivían hacinadas.

Pero no solo se inspiró en los nazis para sus campos de concentración, recurrió a uno de ellos para encubrir torturas y desapariciones. La dictadura desarrolló igual armas químicas, como el gas sarín, y las perfeccionó de la mano del químico Eugenio Berríos.

Y cuando comenzaron a sentirse las primeras protestas contra su régimen, a inicios de los años 80, buscó distraer a la población con unas misteriosas apariciones de la Virgen a través de un niño vidente, en el pequeño poblado de Peñablanca, donde se congregaron hasta 100.000 fieles.

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