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Los fósiles son mercancía de compra y venta en Marruecos

Se ofrece al viajero colecciones de amonitas, trilobites, dientes de tiburón y caracolas marinas junto a minerales y bisutería.

La Razón Digital / Javier Otazu / EFE / Rabat

10:16 / 14 de mayo de 2014

Los fósiles, testigos de la historia de un país, son vendidos y comprados en Marruecos con toda impunidad, a veces para engrosar colecciones científicas, y en ocasiones hasta para convertirse en mesas y hasta en muros de chalets de lujo.

Hace ya mucho tiempo que se han convertido en un artículo de artesanía en los bazares marroquíes, donde se venden junto a la cerámica de Fez o los collares bereberes, unas veces clasificados en coquetas cajitas aterciopeladas, otras en impresionantes piezas individuales, como trilobites de hasta 300 kilos de peso.

En los recodos de las carreteras del Atlas y del Sahara, los niños y no tan niños ofrecen al viajero colecciones de amonitas, trilobites, dientes de tiburón y caracolas marinas junto a minerales y bisutería. Es cierto que algunos de los fósiles parecen falsos, pero son los menos, porque en Marruecos cuesta más fabricar y esculpir un fósil que encontrarlo en ciertas regiones.

A la puerta del desierto del Sahara, ciudades como Errachidía o Zagora tienen tiendas enteras con su patente comercial dedicados a la venta de fósiles de todas clases y tamaños; preguntar por la legalidad hace sonreír a los dueños: "Gracias a Dios, este es el único medio de vida para muchas familias en estas tierras", explican en referencia a los buscadores.

Nezha Lazreq pasa por ser una de las mayores expertas paleontólogas de Marruecos. Profesora en la Universidad de Marrakech, elaboró en 2012 una "Carta para la valoración y preservación del patrimonio paleontológico" y se ha propuesto reunir a sus colegas de distintas universidades una vez al año para compartir las preocupaciones comunes.

Lazreq explica a Efe que faltan en Marruecos museos de historia natural con condiciones para exponer con medidas de seguridad los fósiles, y las únicas colecciones existentes están en unas pobres vitrinas de los pasillos del Instituto Científico de Rabat y en el Servicio Geológico del Ministerio de Energía y Minas.¿Por qué en el ministerio de Minas? Porque curiosamente ha sido la actividad minera la que más ha hecho aflorar estratos enteros ricos en fósiles que algunas veces (las menos) son salvados, mientras que otros son destruidos, como en el caso del fosfato, un mineral compuesto por las partes blandas de los reptiles marinos o terrestres que poblaban la llanura central de Juribga.

Lo más sangrante, sin embargo, es el hecho de que ciertos yacimientos fosilíferos entran en la categoría de "materiales de construcción" de los 64 autorizados por el Estado y susceptibles de convertirse, con toda legalidad, en "muros y fachadas exteriores", siendo los fósiles el decorado perfecto de grandes planchas de mármol.

Actividad minera por un lado, comerciantes sin escrúpulos por otro; y si a eso le sumamos la falta de medios económicos y técnicos de las universidades marroquíes, la triste realidad es que las mejores colecciones de fósiles marroquíes ordenadas según criterios científicos se encuentran en universidades alemanas (Gottingen, Berlín, Tubinga), francesas (Rennes) o hasta canadienses.

¿Y es cierto que hasta los científicos compran fósiles? Efectivamente, reconoce Lazreq, son los principales clientes de los saqueadores marroquíes, ya que cuentan con presupuestos importantes con los que ni podrían soñar sus colegas marroquíes, y gracias a esas compras hay excelentes "piezas marroquíes" expuestas en museos extranjeros.

Recientemente, una televisión francesa exhibió un reportaje donde un coleccionista marroquí mostraba sin tapujos a equipos enteros de sus trabajadores que recorren la región fosfatera en busca de fósiles grandes y pequeños, con preferencia por las grandes vértebras de los antiguos reptiles más afamados gracias al cine que son cuidadosamente "montados" en naves o garajes a la espera de un comprador.

Aquel coleccionista no necesitaba esconderse, su actividad era legal, o para ser exactos, no era ilegal.

Nezha Lazreq y sus colegas gritan en el desierto: "Los fósiles no pueden ser objeto de transacción comercial", "hay que limitar el acceso a los yacimientos a quien carezca de una autorización entregada con criterios científicos"; "hay que desarrollar leyes contra la depredación"...

Y mientras tanto, el saqueo sigue. La próxima vez que entres en un zoco, fíjate bien en los fósiles que pueblan los bazares.

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