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Un hombre abre fuego y mata a cinco personas en Bélgica

Cita. Amrani debía presentarse ante la justicia de Lieja por violación

Auxilio. Policías cubren los cuerpos y ayudan a las víctimas mientras las ambulancias esperan para trasladar heridos, luego del ataque en el centro de Lieja, en Bélgica.

Auxilio. Policías cubren los cuerpos y ayudan a las víctimas mientras las ambulancias esperan para trasladar heridos, luego del ataque en el centro de Lieja, en Bélgica. Foto: EFE

El País / Bruselas

01:17 / 14 de diciembre de 2011

La vieja Lieja de la crónica de sucesos, ya fueran sórdidos asesinatos de niñas o ajustes de cuentas con tintes mafiosos a algún político de relumbrón, añadió ayer otra página negra en su historia con la muerte de cinco personas por disparos a discreción.

Un delincuente local eligió el mismísimo corazón de la ciudad, la céntrica plaza Saint Lambert. Nordine Amrani, de 33 años, estaba en libertad condicional y ayer tenía una cita para responder a una denuncia de agresión sexual.

No llegó a presentarse en el Palacio de Justicia. Salió de casa con una mochila en la que guardaba una pistola, un fusil automático y algunas granadas y llegado frente al palacio se encaramó en un altillo, tiró una primera granada y comenzó a disparar ráfagas a ciegas sobre quienes colmaban las marquesinas del autobús. Luego, agarró una pistola y se pegó un tiro.

Para entonces había matado a un adolescente de 15 años, herido de gravedad a dos personas —un estudiante de 17 años y una mujer de 75— que fallecieron en el hospital y causado más de 120 heridos, algunos de los cuales continúan luchando por su vida.

El pánico se apoderó de un centro de Lieja lleno de gente. Anoche, una ciudad en estado de choque y encerrada a cal y canto vivía pendiente de la televisión. “No ha sido un acto de terrorismo. No ha sido un atentado. No hay amenazas”, declaró ante las cámaras la ministra del Interior de Bélgica, Joëlle Milquet.

La jornada había amanecido lluviosa y los vientos fuertes habían llevado a las autoridades a posponer la apertura del tradicional mercado de Navidad.  Aún así, la céntrica plaza de Saint Lambert, un núcleo de comunicaciones del transporte local, estaba a eso de las 12.30 llena de personas, muchas de ellas adolescentes que, una vez celebrados los exámenes, esperaban en las paradas las llegadas de los autobuses.

De repente fue el caos. “Justo delante de mí vi cómo un hombre con una mochila lanzaba unas granadas y empezaba a disparar con un fusil de asalto sobre la gente. Luego sacó un revólver y se pegó un tiro en la cabeza”, relataba un joven, aún afectado.

La multitud empezó a correr en todas direcciones, al tiempo que llegaban a toda velocidad policías a pie y en coche. Nadie sabía lo que pasaba y la tensa intervención policial, con gritos urgiendo a las personas a que entraran en los locales comerciales y se encerraran contribuyó al pánico.

Llantos, gritos, huidas a la desesperada. Los agentes retenían y cacheaban a sospechosos. A eso de las 14.00, una nueva oleada de agentes, armas en manos, de uniforme y de civil, coches con sirenas volvieron a quebrar los nervios. Entre tanto, las redes sociales echaban humo dando pábulo a toda clase de rumores.

Más víctimas fatales

La quinta víctima en sucumbir fue un niño, indicó el hospital de Lieja a las 22.45. “Cinco heridos están luchando por su vida”, por lo cual podría crecer el número de muertos, había indicado en las primeras horas de la noche la ministra del Interior, Joëlle Milquet. Medios de comunicación belgas, citando fuentes médicas, indicaron que dos personas más habían fallecido, lo cual llegaría a seis el número de muertos, pero esto no fue confirmado oficialmente. AFP

Bajo libertad condicional

Nordine Amrani era un viejo conocido de la justicia en Bélgica, con la que ya se las tuvo como delincuente juvenil. Había tocado todos los palos: cultivo y tráfico de droga, perista, posesión de armas de gran calibre y delitos varios de orden sexual.

“Nunca en el pasado se le habían detectado problemas psiquiátricos”, reveló la fiscal del Rey, Danielle Reynders, primera en dar una clave tranquilizadora: “No tiene relación con terroristas”. ¿El móvil, entonces? Aún es “desconocido”.

La Policía registró la casa de Amrani, no lejos de la plaza, en busca de información sobre el particular, una carta, unas líneas, indicios que arrojaran alguna luz. Nada. Amrani estaba en libertad condicional desde octubre, tras ser condenado en 2008 a 58 meses (cinco años menos dos meses) por poseer unas 3.000 plantas de cannabis y un arsenal de armas y municiones de cuidado, incluidos un lanzagranadas, un fusil de asalto kalashnikov y un fusil de precisión propio de tiradores de élite, para el que él mismo fabricaba silenciadores. Al parecer nunca explicó qué pretendía con todo ello.

Los reyes, Alberto y Paola, el primer ministro, Elio de Rupo, y los ministros de Interior y Justicia acudieron a la traumatizada Lieja, donde se informó a los soberanos de lo que se sabía.

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