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Bajo presión del corralito, griegos deciden sobre rescate financiero

Grecia se prepara para el referéndum que se celebra hoy, donde decidirá si apoya o no la última propuesta de un plan de ayuda de sus acreedores internacionales, tras una breve campaña marcada por la polarización y bajo la presión del corralito.

Infografía: Referéndum Grecia

Infografía: Referéndum Grecia

La Razón (Edición Impresa) / EFE/AFP / Atenas

00:00 / 05 de julio de 2015

Grecia se prepara para el referéndum que se celebra hoy, donde decidirá si apoya o no la última propuesta de un plan de ayuda de sus acreedores internacionales, tras una breve campaña marcada por la polarización y bajo la presión del corralito.

Según las tres últimas encuestas publicadas el viernes el Sí y el No están prácticamente empatados, con una diferencia de décimas (cada opción ronda el 40%). Además, de cada diez ciudadanos, uno se declaraba indeciso.

Desde el martes, el país se encuentra en default ante el Fondo Monetario Internacional (FMI), al que no abonó un pago de unos 1.550 millones de euros ($us 1,270 millones), y tampoco tiene acceso a la asistencia financiera de sus socios de la eurozona, que ante la falta de acuerdo sobre un programa de ajustes y reformas no prolongaron su programa.

El referéndum ha dividido a la sociedad griega, que se encuentra confusa ante una pregunta larga y compleja sobre una propuesta que se retiró de la mesa de negociación tras expirar el programa de rescate el martes.

La campaña, encabezada por el partido gubernamental Syriza —acrónimo de Coalición de la Izquierda Radical—, dedicó sus esfuerzos a comunicar que la victoria de un No en el referéndum daría una posición de fuerza a Grecia en las negociaciones.

La del Sí, en cambio, respaldada por la columna vertebral de la economía griega, principales partidos de oposición y demás líderes europeos, se presentó como la única forma de garantizar que Grecia siga dentro del euro.

El primer ministro, Alexis Tsipras, no dejó de reiterar que su gobierno llegará a un acuerdo con los acreedores el próximo martes, sea cual sea el resultado de la consulta, e insistió en que no se plantea la permanencia de Grecia en la Eurozona.

El  No, por otra parte, puso de acuerdo a grupos tan opuestos ideológicamente como la izquierda extraparlamentaria y el partido neonazi Amanecer Dorado, que consideran necesario asestar un golpe a los socios.

 Están llamados a votar un total de 9,9 millones de griegos, y para que el resultado sea considerado válido, las normas exigen una participación de al menos el 40% del electorado.

Para muchos ciudadanos que están empadronados en sus lugares de nacimiento, pero viven en las grandes ciudades, esto significará tener que viajar en domingo, pues no es posible votar en el lugar de residencia.

Teniendo en cuenta que se trata del primer referéndum en el mundo, según la viceministra de Finanzas Nadia Valavani, que se celebra con los bancos cerrados y en medio de un corralito, el desembolso para el viaje podría suponer quebraderos de cabeza.

Para eso, el Gobierno ofrecerá precios especiales, tanto en trenes como en transportes marítimos, así como decretar que todos los trayectos en metro, autobús y tranvía sean gratuitos.

El Sí será un revés para el gobierno izquierdista

Para el gobierno de izquierda de Syriza —acrónimo de Coalición de la Izquierda Radical—,que llamó a votar No a la propuesta de los acreedores, una victoria del Sí sería una derrota política, pero aún no está claro si va a renunciar.

El ministro de Finanzas, Yanis Varoufakis, dio por hecho la dimisión; mientras que el primer ministro, Alexis Tsipras, fue más ambiguo. Si cae Tsipras se abrirían dos perspectivas. La primera: que se forme un gobierno de unidad nacional sobre la base del actual parlamento.

Esta posibilidad es compleja, debido a las divergencias  entre los partidos de oposición, que no tienen mayoría, y Syriza. Pero si no se lograra armar un gobierno de coalición, Grecia debería convocar a elecciones anticipadas.

Difícil. En este caso, “Tsipras podría volver a ganar”, dijo Henrik Enderlein, del Instituto Jacques Delors.

Pero, “aunque gane el  Sí, Grecia no saldrá de apuros”, plantea Agnès Bénassy-Quéré, de la Escuela de Economía de París. El Banco Central Europeo hasta ahora aseguró la supervivencia del sistema financiero griego manteniendo el tope del sistema de préstamos de urgencia.

 Pero si Atenas cae en default frente al emisor europeo, será difícil mantener esta línea de liquidez sobre todo si no hay  acuerdo con los acreedores. “Ahí estaríamos en una situación de urgencia. Pero el tiempo de la política no es el mismo que el de la economía”, dice Olivier Passet,  de la consultora Xerfi.

Si gana el No, viene el caos u otra negociación

Para los observadores, una victoria del No el domingo daría lugar a “un salto hacia lo desconocido”, que implicaría además una tormenta financiera para Grecia, cuya magnitud dependerá de los socios europeos.  

“Si gana el No, la situación será más complicada”, estima Olivier Passet. El primer ministro, Alexis “Tsipras, se verá fortalecido. Pero en el ámbito del eurogrupo, la cosa va a ser extremadamente difícil de gestionar”, agregó el economista.

“¿Van a aceptar los socios de Atenas retomar las negociaciones? Jean-Claude Juncker, presidente de la Comisión Europea, parece haber descartado esta opción, equiparando la opción No, con un no a Europa”.

Amenazas. Tsipras, por su parte, se mostró confiado en que un resultado de este tipo podría ejercer “una fuerte presión” para obtener un “mejor acuerdo”.

En la hipótesis de una ruptura total, el Banco Central Europeo difícilmente podría seguir asistiendo a los bancos griegos. Estos últimos se verían abocados a la quiebra.   

Para intentar recapitalizarlos, el Gobierno podría crear liquidez con una moneda paralela, un mecanismo que se conoce como “IoU” (del inglés I owe you, “le debo”). Una vez que esta forma de reconocimiento de deuda esté en circulación, ésta podría usarse en el sector privado. Pero estos títulos provisionales podrían perder su valor rápidamente y el país, fuera de la zona euro, podría caer en una inflación galopante.

Para Vivien Pertusot, investigadora del Instituto Francés de Relaciones Internacionales, es poco probable que los países europeos no reaccionen, debido a los riesgos políticos y económicos que pesarían sobre la zona euro.

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