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"!Eran bebés!": la rabia y la negligencia tras la tragedia del autobús en Colombia

Al mediodía del domingo más de 50 niños entre tres y 12 años regresaban en un autobús viejo por una carretera de Fundación, una calurosa localidad del norte de Colombia, tras participar en una actividad de la iglesia pentecostal a la que los enviaban sus padres.

La Razón Digital / Paula Carrillo, AFP / Fundación, Colombia

15:44 / 20 de mayo de 2014

Pequeños zapatos y manualidades infantiles chamuscadas: en la vía donde murieron 33 niños calcinados dentro de un autobús se levantan hoy entre el dolor y la rabia los símbolos de una tragedia que aquí muchos creen que pudo evitarse.

"Esto tiene que esclarecerse. Es que lo que estaban transportando no eran cerdos, ni ganado... íeran unos bebés!", dijo a la AFP Humberto Castro, abuelo de 4 menores que iban en el bus, 2 de los cuales, de 9 y 5 años, fallecieron intentando salir.

Al mediodía del domingo más de 50 niños entre tres y 12 años regresaban en un autobús viejo por una carretera de Fundación, una calurosa localidad del norte de Colombia, tras participar en una actividad de la iglesia pentecostal a la que los enviaban sus padres.

El vehículo transitaba con sobrecupo, sin los documentos en regla y al volante iba un mecánico de 56 años que no tenía licencia para conducir y quien está detenido, según la fiscalía.

Al parecer el autobús se detuvo. El conductor intentó reiniciar la marcha inyectando al carburador la gasolina que llevaba en un galón a través de una manguera. Los niños seguían dentro del vehículo. Una chispa lo hizo explotar.

"A él se le ocurrió con otra persona, desvarar el vehículo inyectándole gasolina pero el motor iba por dentro. Al hacer esto, se forma una chispa y se genera la conflagración total", relató a la AFP el lunes el general Carlos Mena, director de Tránsito y Transporte de la policía colombiana.

Los pequeños, que murieron en su mayoría encerrados entre llamas, iban de regreso a sus casas. Treinta y tres menores murieron calcinados y 13 permanecen hospitalizados.

"Una de mis nietas con la piernecita partió el vidrio y alcanzó a sacar a un hermanito. Cuando fue a sacar a los otros, ya estaban quemados", se lamentó Castro.

Falta de control

Los pobladores de Fundación, desolados, dirigen su rabia contra el conductor, quien además de no tener licencia manejaba un bus sin seguro obligatorio ni salidas de emergencia. La falta de control es evidente.

"Mira la desgracia que pasó. A él no le decían nada sino que dejaban que circulara aquí normal", expresó airado José Acosta, un mecánico de 21 años.

El joven pisa la tierra chamuscada y los vidrios rotos que quedaron en el sitio del incendio. El mismo Mena reconoció que el control de tránsito en los pueblos "no se hace como corresponde" y las personas encargadas, según él adscritas a las alcaldías locales, no tienen "la idoneidad. Hay algunas falencias".

El conductor del bus fue contratado de manera informal por el director de evangelización de la iglesia evangélica Pentecostal del municipio y quien también está detenido.

Una práctica peligrosa

El transporte de galones de gasolina dentro de los carros sería además una práctica común en esta localidad de unos 80.000 habitantes.

"Aquí en Fundación, a la mayoría de carros viejos no les sirve el tanque... entonces llevan una caneca (de gasolina) con una manguera metida", relató a la AFP Juana Hernández, una mototaxista de 41 años.

Hernández y otros vecinos acudieron en vano al rescate de los menores. José Guette, un técnico de 48 años que iba cerca del bus cuando este prendió fuego, le dijo a la AFP que intentó infructuosamente apagarlo con extintores.

"No podíamos hacer más que agarrarnos la cabeza y mirar cómo se quemaban esos niños", aseguró mientras ponía rosas blancas en el lugar de la tragedia.

Estaban bastante quemados, no se reconocían. Sacaban a unos sin piernas, otros con las tripitas afuera, fueron cosas muy horribles", afirmó Hernández.

Gina Rojas, coordinadora médica de la Clínica El Carmen, la más cercana al lugar de los hechos, reconoció que nunca habían vivido una castástrofe de este tipo.

"Esto causó tanto dolor que todo el personal de la clínica, desde el portero y la recepcionista, hasta familiares y pacientes que estaban en urgencias por otras razones, lloraban de ver escenas tan desgarradoras", recordó.

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