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De travesía por las aguas del centenario Canal de Panamá

Unos 22.000 obreros murieron por enfermedades tropicales durante el fracasado proyecto francés (1881-1904) y 5.000 en los siguientes diez años de construcción estadounidense.

El Canal de Panamá, construido hace 100 años. Foto: www.aarp.org

El Canal de Panamá, construido hace 100 años. Foto: www.aarp.org

La Razón Digital / María Isabel Sánchez, AFP / Ciudad de Panamá

17:16 / 14 de agosto de 2014

Es mediodía y el calor no tiene piedad. Un surco de aguas verdes y calmas, entre la exuberante vegetación, encamina a descubrir una de las obras de ingeniería más sorprendentes del mundo: el Canal de Panamá.

La odisea comienza a bordo del Tuira II con 300 turistas ansiosos. Hace un siglo, el 15 de agosto de 1914, el vapor Ancón pasó por allí inaugurando la ruta que, construida por Estados Unidos, unió los océanos Atlántico y Pacífico, y transformó el comercio marítimo mundial.

La embarcación, abastecida con agua, refrescos y cervezas, parte rumbo al Pacífico desde Gamboa, en la cuenca del Atlántico, en la curva de un río que alimenta al Lago Gatún, al noroeste de la capital.

Las cámaras disparan cuando el guía señala, al pie de una colina, un edificio de una planta cercado de alambres, vigilado desde tres garitas. Es la cárcel El Renacer, donde están el anciano exdictador Manuel Noriega y otros presos de "cuello blanco".

La nave se adentra por el Corte Culebra, el tramo más angosto del Canal y el más difícil de construir. Unos 22.000 obreros murieron por enfermedades tropicales durante el fracasado proyecto francés (1881-1904) y 5.000 en los siguientes diez años de construcción estadounidense.

"Todo esto lo abrieron a pico y pala. Fue muy duro. Miles murieron para construir esta maravilla y yo hoy, 100 años después, estoy aquí", dice a AFP Cecilia López, una jubilada colombiana de 64 años, que pese al bochorno viste un poncho típico de su natal Medellín.

Entrar, subir, bajar, salir...

El trayecto continúa y todos sacan fotos al cruzarse con buques cargados de mercancías.

Cuando la nave pasa bajo el Puente Centenario, una pareja de españoles cincuentones cumple un ritual: un beso símbolo de unión pues el Canal, aunque conectó al mundo, partió América en dos.

"Tenemos tres hijos, pero eso puede aumentar", bromea Luis Carral, un experto en transporte marítimo de la Universidad de La Coruña que "tenía mucha ilusión" con conocer de lo que tanto habla a sus estudiantes.

Desde que lo hizo el Ancón, más de un millón de barcos han atravesado los 80 km del Canal. Para hacerlo, deben bajar y subir por dos juegos de esclusas, Gatún en el Atlántico y Pedro Miguel y Miraflores en el Pacífico, porque el Lago Gatún está 26 metros sobre el nivel del mar.

"No es cierto que un océano sea más alto que el otro", aclara el guía en la esclusa Pedro Miguel.

Suena una corneta y el momento culminante llega: 100.000 metros cúbicos se drenan por enormes válvulas inferiores y el Tuira II desciende diez metros en ocho minutos.

Cecilia no para de tomar fotos. Todos, apiñados en la cubierta, sonríen para inmortalizar el momento en que abren lentamente las pesadas compuertas metálicas de 25 m de alto, verdosas por las algas. Muchos aplauden cual si fuera un acto de magia.

... y cumplir un sueño

A un kilómetro está Miraflores con dos esclusas, una baja ocho metros y la otra los ocho restantes. Pelícanos, garzas y albatros revolotean al otro lado de la última compuerta. Buscan atrapar a los peces que, cuando ésta abra, no podrán nadar en agua salada.

Poco a poco va dejando al descubierto el manto al que hace 500 años el conquistador español Vasco Núñez de Balboa llamó el Mar del Sur. Por el altoparlante, el guía dice exultante: "Bienvenidos al Océano Pacífico".

A la derecha se aprecia la zona por donde irá el tercer carril de esclusas que se construye para buques gigantescos, con el triple de carga de los que actualmente cruzan el Canal.

Más allá se pasa bajo la imponente estructura metálica del Puente de Las Américas. Ya se ve el Cerro Ancón, en cuyas faldas vivieron altos mandos militares estadounidenses quienes, a espaldas de los panameños, cavaron túneles y refugios antibombas para caso de guerra.

En su cima, haciendo constar que el Canal fue entregado a Panamá el último día de 1999, ondea la bandera panameña más grande del mundo, del tamaño de una cancha de básquetbol, irónicamente comprada en Estados Unidos por no poder confeccionarse en el país.

La travesía está por concluir, la tarde empieza a morir y ya descuellan los rascacielos en la moderna Ciudad de Panamá. "He cumplido mi sueño", expresa Cecilia en la rampa del barco, antes de poner pie en tierra.

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