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La vigilada celda de la que ‘El Chapo’ escapó en México

El calabozo número 20 lo tuvo como inquilino solo por 17 meses

¿Segura?. Ni siquiera la cámara que vigilaba las 24 horas al capo del narco alertó de su huida, el sábado.

¿Segura?. Ni siquiera la cámara que vigilaba las 24 horas al capo del narco alertó de su huida, el sábado. Foto: EFE

La Razón (Edición Impresa) / AFP / México

01:40 / 17 de julio de 2015

Un laberinto de concreto y metal y 17 imponentes puertas eléctricas de hierro conducen a la celda del fugado capo Joaquín ‘El Chapo’ Guzmán, quien durante 17 meses habitó el calabozo número 20, el último de un pasillo asignado a los más temidos criminales mexicanos.

Guzmán, considerado hasta su captura del año pasado como el narcotraficante más poderoso del mundo al frente del cártel de Sinaloa, ocupaba una de las escasas diez celdas del pasillo de “tratamientos especiales” en el penal de máxima seguridad del Altiplano, México, en las que los reos permanecen completamente aislados.

Para llegar ahí hay que pasar por múltiples filtros de vigilancia entre fríos corredores y atravesar las puertas de hierro que solo pueden ser abiertas de manera electrónica por custodios que vigilan desde casetas de vidrio y autorizan el paso solo con previa identificación en mano.

Pero El Chapo, un experto en fugas, encontró otra forma de escabullirse. Sus secuaces le construyeron un túnel de 1,5 kilómetros hasta su celda por el que el capo huyó la noche del sábado, causando una humillación internacional al gobierno de Enrique Peña Nieto. En el suelo de la ducha de su minúscula celda, a la que el Gobierno dejó acceder a un grupo de medios, aún está abierto el estrecho hoyo que conecta con el túnel, construido a 19 metros de profundidad y que condujo al capo hasta el exterior de la prisión.

En la mugrienta celda entra luz por dos pequeñas ventanas con barrotes. En las únicas dos repisas quedaron restos de maní, de tortillas de maíz y la envoltura de un medicamento para el malestar estomacal que el capo habría ingerido en las últimas horas que pasó entre esas sórdidas paredes.

El silencio en este pasillo, donde los presos tienen prohibido comunicarse de celda a celda, solo se interrumpe por el leve sonido que proviene de pequeñas pantallas planas de televisión que tienen autorizadas estos reclusos.  La noche de su huida, El Chapo dejó encendida, al lado de la plancha de concreto en la que dormía sobre una colchoneta, una de esas televisiones mientras se transmitía un programa musical. Los presos del área de tratamientos especiales permanecen encerrados hasta para tomar sus alimentos, a diferencia del resto de internos que tienen permitido bajar a comedores.

Video. En lo alto de una esquina de la celda, una cámara vigilaba a Guzmán las 24 horas. En un video difundido por el Gobierno, se ve cómo antes de escaparse El Chapo recorre nervioso el espacio, se cambia de calzado y mira un par de veces hacia el suelo de la ducha antes de desaparecer por allí.

El Ejecutivo, que no aclaró cuánto tiempo pasó hasta que se dio la alarma en el penal, está convencido de que el narcotraficante tuvo colaboración interna para escapar y 22 trabajadores de la prisión siguen siendo interrogados. El Altiplano, construido hace unos 25 años, era considerado hasta el sábado un centro de reclusión inexpugnable y ejemplar.

Pero un familiar de El Chapo, su hermano Arturo El Pollo Guzmán, fue asesinado en uno de los locutorios en 2004. El Chapo ya se había fugado en 2001 de otra cárcel de máxima seguridad en Jalisco supuestamente escondido en un carrito de lavandería.

Peligrosos narcotraficantes, secuestradores, asesinos, violadores y pedófilos han engrosado las filas de este centro penitenciario. Ahí están Servando Gómez La Tuta, líder del cártel de los Caballeros Templarios, y el capo Édgar Valdez La Barbie, que tiene también nacionalidad estadounidense.

Pese a su aislamiento, con dos cámaras y un custodio al frente de su celda que lo vigilaban permanentemente, Guzmán logró en marzo sumarse a una carta de queja de 140 reclusos por las condiciones “inhumanas” de El Altiplano, donde decían recibir comida con gusanos y colchones maltrechos para la visita conyugal.

A la vez que se quejaba de su vida tras las rejas, El Chapo pensaba en su segunda fuga, que expertos creen que se empezó a planear poco después de su captura en febrero del año pasado.  Su ruta subterránea hacia la clandestinidad comenzó bajo su ducha y concluyó emergiendo de la tierra dentro de una precaria construcción rodeada de sembradíos en una colina cercana al penal. El capo, de 58 años, utilizó una motocicleta adaptada en un sistema de rieles para atravesar rápidamente el túnel.

En el estrecho pasadizo, que mide aproximadamente 1,7 metros de altura y 70 centímetros de ancho, la temperatura sube a medida que se avanza por él. A lo largo del túnel hay un tubo de PVC del que cuelgan focos de luz que fueron rotos en la huida.

Al final del conducto, atisbando ya la libertad, El Chapo debió subir por una escalera de 12 metros hasta un pequeño espacio con un gran generador azul que alimenta las luces del túnel y un sistema de ventilación. Una última escalera, con una corta subida de tres metros, llevó al capo fuera del túnel y le convirtió nuevamente en el hombre más buscado de México. Y Peña Nieto quiere atraparlo de nuevo.

SU FOTO EN 100.000 FOLLETOS

Captura

Las autoridades mexicanas imprimieron un total de 100.000 folletos con fotografías de Joaquín El Chapo Guzmán, que se repartirán en carreteras del país, llamando a que los ciudadanos colaboren en la captura del narcotraficante, fugado de una prisión de máxima seguridad.

Recompensa

En estos folletos se ofrece una recompensa de unos $us 3,8 millones para quien facilite información confiable que lleve a la reaprehensión del delincuente, informaron en un comunicado conjunto la Comisión Nacional de Seguridad y la Policía Federal. Los folletos se repartirán en las principales vías y autopistas, según EFE.

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