Nacional

Carta del gobernador suspendido de Tarija, Mario Cossío

La Razón Digital

15:42 / 27 de noviembre de 2012

A TARIJA...

Han pasado casi dos años desde mi partida, forzada por la persecución implacable de la dictadura boliviana. Desde la distancia acompañé en silencio a Tarija sin abandonarla un solo instante; viví su dolor y su frustración en medio de la tragedia que generó el Golpe de Estado ejecutado por el régimen de Evo Morales.

Vi con amargura la destrucción sistemática y vertiginosa de la obra que tanto nos costó construir en beneficio del pueblo. Constaté como la mezquindad política fue capaz de truncar una visión de futuro y un proyecto histórico de desarrollo que había sido apoyado repetidamente en las urnas; y como el capricho y la irresponsabilidad llevaron a paralizar las obras estratégicas que iniciamos, solamente para evitar que la historia registre la paternidad de nuestra gestión sobre ellas, sin importar los daños que se causa al Departamento y beneficiando a empresas que han sido liberadas ilegalmente de su obligación de concluirlas, en un juego descarado de intereses personales y económicos.

Observé como la improvisación y la ineptitud han dejado a Tarija sin rumbo; y cómo el asalto desvergonzado a los recursos departamentales y la corrupción se han convertido en la marca de la intervención golpista.

Causa dolor observar cómo los usurpadores del gobierno de Tarija han entregado el futuro de nuestro Departamento al centralismo, sometiéndolo de manera indigna y traicionando la conquista autonómica; hasta el extremo inadmisible de ofrecer nuestros recursos al gobierno nacional para que ejecute obras de su competencia en nuestro territorio, como si no existiese capacidad local para hacerlo. Indigna constatar como los golpistas han renunciado a defender nuestros intereses y como entregaron nuestras regalías, que son la base material de nuestro desarrollo; y cómo entregan ahora las empresas de propiedad de los tarijeños.

Observé también que el régimen no descansó un solo instante de atacarme, montado en la mentira que es su arma preferida; usando recursos públicos en campañas mediáticas dirigidas a desacreditarme y “fabricando” más procesos judiciales en mi contra, con la complicidad descarada de los fiscales y jueces que nombró a dedo, convertidos en el instrumento de la persecución política.

De igual manera, sentí impotencia y profunda tristeza al observar que el ataque llegó de manera infame y cobarde a todos los miembros de mi familia, aprovechando mi ausencia: mi madre, mi esposa, mis hijas, mis yernos, mis hermanos, mis cuñados, todos ellos perseguidos.

Lo mismo que aconteció con mis estrechos colaboradores y compañeros de lucha, casi todos procesados, encarcelados, algunos condenados sin culpa y otros también exiliados, cuyo único pecado fue luchar por Tarija.

Y es que al gobierno de Evo Morales le quita el sueño saber que no pudo destruirme y sobre todo que me encuentro vivo y libre. Le preocupa que no logró romper el vínculo de fidelidad recíproca que nos une con Tarija, a quien entregué los mejores años de mi vida y defendí con todas mis fuerzas y sin haberla traicionado jamás. Le preocupa saber que Tarija y Bolivia siguen siendo una razón fundamental de mi existencia y que lucharé sin descanso hasta que vuelvan a ellas la libertad y la democracia.

Pero a Evo Morales también le quita el sueño saber que él pasará a la historia como un golpista y un dictador; como el autor de haberle arrebatado a nuestro Departamento el primer Gobierno autónomo y democrático de su historia; como el responsable de haber sumido a Tarija en la peor crisis institucional de todos los tiempos.

Es por ello que ha introducido hábilmente en el debate nacional la idea de mi renuncia, buscando que ella pueda tapar sus culpas. El Gobierno de Morales quiere que renuncie al cargo de Gobernador para que sea yo quien borre con ese acto las huellas del golpe de Estado a Tarija y lo libere del costo político que debe pagar ante la historia por ese funesto hecho.

Hacen coro con esa estrategia oficialista algunos oportunistas, que creen que la desgracia del Departamento y el exilio de su Gobernador constituyen su mejor oportunidad para acceder al poder departamental y para sus acomodos personales y políticos.

Ellos son los que alientan mi renuncia, confundiendo al pueblo y aludiendo cosas como estas:

•             Dicen que yo debería renunciar al cargo de Gobernador, porque Lino Condori y su equipo de golpistas hacen una gestión desastrosa y se requiere un cambio; como si yo fuese el responsable  de su nombramiento o de su incapacidad.

Si el interventor lo hace tan mal, porqué no le piden la renuncia a él, o lo cambian? Son los responsables de sustituir un Gobernador democrático por un impostor, quienes deben resolver la crisis que generaron.

•             Dicen que hay que restituir la democracia en Tarija, pero no la respetan ni la hacen respetar. Creen que la democracia se defiende presionando a que renuncie la “víctima” del golpe; cuando lo coherente es que pidan la renuncia de los golpistas que entraron por la ventana y la restitución del Gobernador elegido por el pueblo con el 50 % del voto popular, derrocado de manera antidemocrática. Ello delata su falta de convicción democrática.

•             Hablan de la necesidad de restituir el estado de derecho, pero me piden que acepte con mi renuncia el pisoteo a la Constitución Política del Estado y a los Tratados Internacionales que ha perpetrado el régimen.

Olvidan que quien ha roto el orden constitucional y arrebató a Tarija su condición de Departamento democrático es Evo Morales, a quien no tienen el coraje de reclamarle y peor aún ponerlo ante los tribunales para que responda por esos atropellos.

•             Dicen que una nueva elección permitiría sacar al MAS de la Gobernación tarijeña, cuando conocen que la Corte Electoral está tomada por militantes de ese partido para manipular la voluntad popular y simular triunfos oficialistas.

Pero además cuando varios de los que claman mi renuncia se han vendido vergonzosamente al gobierno, con quien seguramente presentarían una candidatura conjunta.

•             Saben también que una elección no garantiza que el elegido permanezca en su cargo. Al contrario, lo haría solo hasta que aparezca un fiscal servil al gobierno totalitario como Gilbert Muñoz, que fabrique otra Acusación para suspenderlo ilegalmente; quien seguramente sería designado Fiscal de Distrito en premio por un nuevo Golpe a Tarija, como aconteció con éste.

•             Dicen que el costo político de no renunciar sería muy alto para mi; pero me pregunto cual sería el costo de renunciar? Quien podría volver a creer en mi palabra y en la sinceridad de mi lucha, si el calculo político sería el que marque mis actos? Si para ellos los principios y los valores democráticos dejaron de ser sus referentes, para mi están más vivos que nunca.

•             Y a propósito de costos políticos, quienes debieran estar muy preocupados por ello son los dirigentes del MAS, del PAN y la bancada indígena, que con un cinismo extremo piden que se restituya la democracia en Tarija, cuando fueron ellos los que la mataron derrocándome por orden del gobierno central; algunos para salvar los pellejos de sus líderes ante la justicia.

También debieran preocuparse los 15 Asambleístas Departamentales que ejecutaron materialmente el golpe, violando la Constitución Política del Estado; quienes además deben explicar porque no aplicaron la misma ley (N° 031) y suspendieron a los Asambleístas del MAS y a otras autoridades que tienen acusación fiscal, como lo hicieron conmigo?.

Me refiero a esos asambleístas que se acusaron públicamente entre si de haber recibido veinte mil dólares ($us. 20.000) de soborno para derrocarme. Todos ellos sin autoridad moral ni política para hablar de renuncias o de democracia.

•             Los Fiscales también debieran preocuparse; esos que promovieron mi derrocamiento, contrariando la carta magna; los que presionaron a la Asamblea Departamental para que me suspenda, pero que ahora callan y no exigen suspender a otras autoridades vinculadas al gobierno que también tienen acusación fiscal.

Entonces, a qué debería renunciar?

Al mandato de  la Constitución y a los derechos reconocidos por ella?, a la democracia?, al estado de derecho?, al voto del pueblo?, a los valores y principios?, a la autonomía, conquistada con tanto sacrificio? al cargo que la dictadura busca arrebatarme inconstitucionalmente?.

Que sentido tendría la lucha si habría que renunciar a todo ello? Mejor sería renunciar a la política de manera definitiva, porque hacerlo sería traicionar los principios que la sustentan.

Si mi renuncia hubiese sido una solución al verdadero problema que vive Tarija, la hubiese presentado hace mucho tiempo.

El pueblo me conoce y nadie puede dudar de mi lealtad y amor por Tarija. A ella le di todo lo que pude, como muy pocos lo hacen y sin recibir nada a cambio; hasta el punto de sacrificar lo que más quiero, como es mi familia; de exponer mi libertad, mi vida y ahora de soportar el exilio. Por tanto renunciar por ella seria un acto natural en condiciones normales.

Renunciar es un gesto de nobleza que lo he practicado muchas veces. Cuando tuve que renunciar por una causa justa lo hice sin dudar un instante; incluso renuncié a ser Presidente de Bolivia, declinando la sucesión constitucional que me correspondía como Presidente de la Cámara de Diputados, luego que dejaba el poder Carlos Meza. Entonces, lo hice para preservar la democracia boliviana.

Pero el problema que hoy tenemos al frente es mucho más grave de lo que expresa el debate sobre mi renuncia. El problema es que Bolivia se encuentra atrapada por una Dictadura que ha tomado el control de todos los órganos del Estado y que busca perpetuarse en el poder; que ha arrebatado la libertad y la democracia al pueblo boliviano.

Y la toma de Tarija hace parte de ese problema. Mi derrocamiento, como el de otras autoridades opositoras, obedece a la decisión del régimen de tomar todos los espacios de poder que se encontraban en manos de la oposición, usando la justicia como su instrumento; convertida en el brazo principal de la persecución política.

Por ello y en tanto permanezca la dictadura, Tarija no podrá restituir verdaderamente su democracia. Por esa misma razón es una ingenuidad creer que mi renuncia puede resolver el problema de fondo que aqueja a nuestro Departamento; al contrario, lo profundizaría.

En ese contexto me siento moralmente obligado a no renunciar, porque hacerlo significaría aceptar que el régimen puede violar la voluntad popular cuando le venga en gana; o puede pisotear la Constitución Política del Estado y los derechos humanos a su capricho. Hacerlo sería también lavarle el rostro a la dictadura, cuando lo que corresponde es evidenciar su acción antidemocrática y combatirla en todos los escenarios posibles, dentro y fuera del país; incluidos los tribunales internacionales ante los cuales he demandado al Estado boliviano.

Esto es lo que no comprenden o no les conviene comprender a los falsos demócratas que piden mi renuncia, quienes con su pedido no están defendiendo la democracia, sino avalando y encubriendo la dictadura. Al parecer a ellos solo les interesa generarse oportunidades políticas mezquinas de corto plazo, sin importarles la dimensión de un acto de esa naturaleza.

Mi renuncia constituiría un acto de traición a la causa democrática boliviana. Y para Tarija, la renuncia de su Gobernador sería el acto de rendición final ante la dictadura y yo no seré jamás el instrumento de una rendición de mi pueblo.

Por todo ello el nuevo desafío es recuperar Bolivia de manos de la dictadura. Pero para lograrlo se requiere de un proyecto alternativo de cambio para el país. Que no implique retornar al pasado, pero tampoco avanzar en la aventura totalitaria de hoy. Que impulse una propuesta de igualdad social y se conduela de los más necesitados, pero que no los use a ellos para instalar a su nombre nuevas versiones de dictadura.

Un proyecto que se construya sobre la base de la unidad; y ésta en torno a propuestas, a ideales y a una visión de futuro. Que su razón de ser no sea la de destruir a nadie, como lo es para los gobernantes de hoy; sino construir una mejor vida para todos.

Este es el camino que debe recorrer Tarija, no solo para recuperar su propia democracia, sino para alentar con su liderazgo a toda Bolivia a recuperar la democracia para todos los bolivianos.

En tanto eso ocurra, los Asambleístas Departamentales del MAS, PAN e indígenas que son los responsables de esta tragedia, deben utilizar los mecanismos a su alcance para encontrar las soluciones. Ojalá fuese enmendando el error histórico que cometieron.

Esta es la hora de luchar y no de rendirse o renunciar. La realidad le exige al pueblo de Tarija a levantar su voz y detener esta acción, porque los “tiranos y déspotas” que pisotean día a día su dignidad, están a punto de “abatir su orgullo”.

De mi parte seguiré ese camino, así sea el último soldado de esta causa. Lo haré en honor a las 100.000 mujeres y hombres que me dieron su voto y que confiaron en mí, a quienes jamás defraudaré.

La historia nos juzgará,… pero a todos sin excepción!!

26 de Noviembre de 2012

MARIO COSSIO CORTEZ

GOBERNADOR DEL DEPARTAMENTO AUTÓNOMO DE TARIJA

EN EL EXILIO

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